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Análisis Macro

Perspectivas para 2016: Deuda emergente

En 2015, buena parte de los desafíos a los que hizo frente la deuda emergente tuvo su origen a nivel interno. A ello se sumaron los obstáculos procedentes de la apreciación del dólar y la volatilidad generada por las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados.

15/12/2015

James Barrineau

James Barrineau

Co-Head of Emerging Markets Debt Relative

  • Como consecuencia de los desafíos a los que se enfrenta esta clase de activo, el diferencial entre los rendimientos de los bonos emergentes denominados en dólares y los de los bonos del Tesoro estadounidense son interesantes en comparación con sus niveles de los últimos cinco años
  • Incluso si la Fed acciona el gatillo de la subida de tipos en diciembre, según lo previsto, es evidente que los mercados ya descuentan con creces este hecho
  • A menos que la Fed implante medidas sorprendentemente agresivas, se podrían lograr unas modestas rentabilidades positivas el próximo año sólo con que los diferenciales volvieran a su media histórica

A medida que nos acercamos a 2016, observamos cómo los problemas internos de esta clase de activos poco a poco empiezan a cicatrizar. En vista de la falta de confianza a escala mundial respecto de este segmento, una mejora de los factores externos daría lugar a un contexto mucho más favorable.


(Casi) todo gira en torno al crecimiento
Los problemas de crecimiento prevalecieron en 2015, especialmente en los grandes países como Brasil, Rusia y China. La profunda recesión de Brasil está lejos de finalizar, pero una depreciación considerable de su moneda podría mejorar la balanza de pagos y la competitividad del país para dar paso a un largo y lento proceso de retorno a la expansión económica. En Rusia, la combinación de una serie de políticas favorables logró que la economía superara el desplome de los precios del petróleo, y existen indicios esperanzadores que apuntan a que el crecimiento ya ha tocado fondo. China ha sido el caso más impactante y sus problemas de crecimiento permanecerán, pero el país ya ha puesto en marcha la transición hacia un modelo económico basado en el consumo dentro de las limitaciones que supone un crecimiento global más lento, y esperamos un crecimiento estable con pocas probabilidades de que se produzca un aterrizaje forzoso.


Fuera de estos países, buena parte de los inversores ha ignorado el hecho de que el crecimiento del universo emergente, si bien moderado, ha batido de forma constante al del mundo desarrollado. Latinoamérica, exceptuando Venezuela y Brasil, está creciendo a un ritmo de entre el 2,5% y el 3%, mientras que los mercados emergentes europeos, salvo Rusia, muestran niveles similares. Asia (excluidas China y la India) arroja un crecimiento superior al 3%, mientras que la India sigue siendo la estrella de la región, con un crecimiento de alrededor del 7%.


A lo largo de 2015, los inversores preveían que la ralentización del crecimiento emergente provocaría una crisis en este segmento. No obstante, se mantuvieron políticas presupuestarias prudentes en todos los países, las monetarias no se flexibilizaron en exceso y, si bien las reservas de divisas extranjeras cayeron, no se emplearon en un inútil intento de detener la depreciación de sus monedas. Esta combinación de políticas ha dado lugar a las condiciones necesarias, si no suficientes, para que pueda producirse una modesta recuperación del crecimiento general en el próximo año.


El entorno macroeconómico revestirá una gran importancia
Asimismo, la falta de confianza que rodea a los mercados emergentes también tuvo su origen principalmente en factores globales. La pronunciada caída en los precios de las materias primas empezó a mostrar una correlación con las perspectivas negativas del universo emergente según muchos inversores. Incluso si los precios tan sólo se estabilizan en vez de recuperarse, esperamos que esto se traduzca en una mayor estabilidad en todas las clases de activos, especialmente en las divisas. La importante reducción de la inversión en actividades de exploración debería aumentar las probabilidades de se materialice esta hipótesis.

No obstante, el principal catalizador de los mercados emergentes ha sido la fortaleza del dólar. Desde las turbulencias registradas en mayo de 2013, cuando los mercados reaccionaron negativamente a las insinuaciones de que el programa de compra de activos estadounidense empezaría a retirarse, las divisas emergentes han perdido de media alrededor de un 40% de su valor. En paralelo, la liquidez que entraba en este segmento empezó a escasear, por lo que impulsó notablemente la suscripción de seguros de impago (es decir, la percepción del riesgo asociado a los bonos se intensificó) y la volatilidad de la divisas repuntó.

Incluso si la Fed acciona el gatillo de la subida de tipos en diciembre, según lo previsto, es evidente que los mercados ya descuentan con creces este hecho. Si el ciclo de subida de tipos se revela modesto y la fortaleza del dólar se mantiene, las divisas deberían estabilizarse o apreciarse. Esto daría lugar a un pequeño ciclo virtuoso, en el que los responsables de la política monetaria podrían dar respuesta a la consiguiente caída de la inflación con una ligera rebaja de los tipos, las reservas de divisas probablemente dejarían de caer y las perspectivas de crecimiento mejorarían.

Los precios de los activos reflejan unas perspectivas de crecimiento débiles
Como consecuencia de los desafíos que se ciernen sobre este segmento, los diferenciales de los bonos emergentes denominados en dólares frente a los bonos del Tesoro estadounidense son atractivos en comparación con su trayectoria de los últimos cinco años: en este momento están un 80[(-90) was not found] más baratos que sus niveles históricos, en función de la calificación crediticia.

Esta ampliación de los diferenciales ha permitido al dólar y a la deuda pública y corporativa arrojar una rentabilidad positiva de alrededor del 3% este año a pesar de los continuos temores sobre esta clase de activo. A menos que la Fed implante medidas sorprendentemente agresivas, se podrían lograr unas modestas rentabilidades positivas el próximo año sólo con que los diferenciales volvieran a su media histórica.

El dólar será un factor clave para los bonos denominados en divisa local. No obstante, los rendimientos totales rondan máximos de los últimos cinco años y actualmente los inversores han visto remunerados con creces los riesgos de divisas asumidos. Los tipos de cambio reales presentan niveles que oscilan entre razonables y baratos por lo que, en nuestra opinión, cualquier sorpresa positiva en el panorama global podría hacer que la inversión en la deuda pública emergente en divisa local registrara una de las mejores evoluciones dentro del segmento de bonos globales a tipo fijo.

Las opiniones expresadas aquí son las de James Barrineau, co-gestor de deuda emergente, y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders.
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