Perspectivas para 2018: multiactivo
Mientras el contexto sea favorable, nos centramos en la generación de rentabilidades, pero nos mantenemos alerta ante cualquier indicio que apunte a un cambio en este panorama tan propicio.

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- Las valoraciones de los activos parecen elevadas y se ven impulsadas por la reducida inflación.
- Se espera que la normalización de la política monetaria sea gradual.
- La diversificación reviste una gran importancia para generar rentabilidades positivas
La economía global está protagonizando la expansión más sincronizada desde la crisis financiera mundial y, junto con el repunte económico, las perspectivas para los beneficios empresariales también parecen favorables. Esto apuntala nuestra visión positiva en la renta variable y la postura que hemos adoptado a través de nuestra exposición a los activos de los mercados emergentes.
De hecho, en verano aumentamos nuestra exposición cíclica a través de posiciones en bancos estadounidenses y valores de pequeña capitalización de este país que deberían beneficiarse de cualquier sorpresa al alza derivada de la política fiscal del país norteamericano. Por otro lado, creemos que los inversores están pagando un precio demasiado elevado por los valores de crecimiento y, por tanto, estamos evitando esta clase de activos.
¿Se mantendrán la inflación y los tipos de interés en niveles reducidos?
El riesgo más evidente en el marco nuestras perspectivas optimistas es que las valoraciones de los activos se sitúan en niveles elevados. Por sí mismas, las valoraciones no predicen rentabilidades en un horizonte temporal de uno a tres años, pero constituyen un importante indicador sobre el riesgo y las probabilidades de pérdidas. Hasta el momento, las valoraciones se han visto impulsadas por los reducidos niveles de la inflación y los tipos de interés.
Lo que resulta fundamental a medida que nos acercamos al final de 2017 es que la inflación y los tipos de interés se mantengan bajo control. Si bien la primera podría registrar una cierta subida cíclica, no esperamos que se descontrole, debido a una combinación de factores demográficos y tecnológicos. Por tanto, esperamos que el proceso de normalización monetaria sea gradual.
No obstante, el ciclo económico se está adentrando en su fase final y creemos que adoptaremos una postura cada vez más prudente en 2018. Por ahora, hemos iniciado coberturas frente a una subida de la inflación y una retirada de liquidez más agresiva por parte de los bancos centrales mediante la adquisición de bonos estadounidenses vinculados a la inflación y priorizando los bonos de este país a treinta años frente a los de diez años. Nuestra estrategia de priorizar los activos relativamente infravalorados también reduce nuestra sensibilidad a los tipos de interés.
El posicionamiento en divisas es fundamental
Este año, el dólar ha protagonizado una tendencia importante y, dado que a principios de año cambiamos nuestra posición a negativa en dicha divisa por primera vez en esta década, nos beneficiamos de su caída. Seguimos priorizando las divisas emergentes en vista de sus atractivos rendimientos.
A principios de 2017, minimizamos el riesgo político y, desde entonces, hemos seguido haciendo hincapié en la necesidad de generar rentabilidades mientras el contexto sea favorable. Esta sigue siendo nuestra estrategia a medida que nos acercamos al cierre del año.
Sin embargo, nuestro énfasis en la generación de rentabilidades no debería confundirse con complacencia: estamos preparados para adoptar una postura más defensiva y controlamos cuidadosamente nuestro proceso de evaluación y nuestros indicadores cíclicos.
En busca de nuevas fuentes de diversificación
Por último, ante la previsión de unas rentabilidades estructuralmente más reducidas en muchas clases de activos, utilizamos cada vez más instrumentos alternativos para diversificar nuestras carteras. Entre estos, se incluyen posiciones en primas de riesgo de activos alternativos basadas en factores[1], como el momentum, que pueden generar rentabilidades positivas en mercados tanto alcistas como bajistas. Al invertir activamente a través de estrategias centradas en la rentabilidad, en la reducción del riesgo y en la diversificación, creemos que los inversores cuentan con la oportunidad de generar rentabilidades independientemente de lo que el 2018 traiga consigo.
[1] Los factores son los catalizadores de la rentabilidad de las distintas clases de activos. Los factores macroeconómicos captan los riesgos generales en las distintas clases de activos, mientras que aquellos de estilo contribuyen a explicar las rentabilidades y riesgo en el marco de estas. Uno de estos estilos es el momentum, que se centra en los activos que presentan una tendencia alcista en los precios.
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