En profundidad

¿Los mercados financieros se vieron realmente afectados por el COVID?


La pandemia del COVID-19 claramente ha afectado nuestra vida diaria y el bienestar de la economía global. No obstante, el impacto en los mercados financieros no ha sido igual de claro.

Por empezar, parece que la renta variable ha ignorado las consecuencias económicas del virus. El año pasado, la crisis del COVID-19 provocó una de las recesiones más profundas en la historia, con una disminución del crecimiento global del 3,6 % interanual. Después de la inicial venta generalizada de acciones en los mercados de valores, la renta variable global (según los cálculos del MSCI AC World index) pasó a ofrecer una rentabilidad del 15 % en 2020.

Es cierto que los mercados se vieron impulsados por la magnitud del estímulo fiscal y monetario proporcionado por las autoridades de todo el mundo.

De esta forma, mientras el respaldo de las políticas era abundante, la renta variable se mostró complaciente con los impactos económicos negativos del COVID-19. Pero al mirar en mayor detalle, el virus ha desempeñado un papel importante en la suerte de ciertos estilos y sectores de renta variable.

En segundo lugar, las inversiones en los países en función del éxito en el manejo del COVID-19 y la distribución de vacunas ha sido un desafío. Se puede ver un patrón en el que los países en los que expectativas de crecimiento han mejorado en general son los que han tenido la delantera en la carrera por las vacunas.

Sin embargo, esto no se ha visto traducido en una mayor rentabilidad de la renta variable en estos mercados. Todo lo contrario, la relación entre las tasas de vacunación y las expectativas de crecimiento se ha desarrollado más notablemente en los mercados de divisas.

El COVID-19 ha sido importante para el rendimiento de los estilos y sectores de renta variable

En la década pasada, con el auge del sector de la tecnología, las acciones de crecimiento global han superado a sus pares en valor. Pero la diferencia en la rentabilidad entre crecimiento y valor fue marcada en 2020, con el MSCI AC World Growth index que superó el valor equivalente en un récord histórico del 33 %.

Con una recesión en la economía global y la expansión cuantitativa de los bancos centrales, los bonos a 10 años del Tesoro de Estados Unidos se recuperaron un 13 % en 2020. Los sectores en crecimiento como el tecnológico y el consumo discrecional tuvieron una rentabilidad de dos dígitos. El sector tecnológico no solo se benefició de la mayor dependencia de los consumidores al trabajar desde sus casas, sino que también ambos sectores se vieron impulsados por la caída vertiginosa del rendimiento de la deuda pública (gráfico 1).

Por otro lado, los sectores más económicamente sensibles y orientados hacia el valor, como los energéticos y financieros, sufrieron pérdidas. En especial, el complejo energético tuvo el peor año de rendimiento desde la Crisis Financiera Global (GFC).

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Dicho esto, las fortunas de rendimiento del valor comercial se volvieron más brillantes a principios de este año. La distribución de vacunas, un plan fiscal mayor a lo esperado en los Estados Unidos y una baja significativa en los casos nuevos del COVID-19 provocaron un resurgimiento en las acciones de valor (gráfico 2).

No obstante, en los últimos meses, a pesar de la recuperación de la renta variable global y el crecimiento de las ganancias del sector de valor al ponerse al día con su contraparte de crecimiento, los inversores han vuelto a la comodidad de los mercados emergentes. La variable delta ha provocado una tercera ola de casos nuevos, incluso en países con una proporción relativamente alta de su población vacunada. Esto ha dado lugar a nuevas preocupaciones por la recuperación global y el restablecimiento de medidas de confinamiento.

Mirando hacia el futuro, mientras el COVID-19 tenga una atracción gravitacional sobre el rendimiento de los bonos y retrase la reapertura de la economía mundial, seguirá existiendo un entorno desafiante para que brille el estilo valor y los sectores relacionados.

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¿La distribución de vacunas ha sido importante para las inversiones en los países?

El año pasado, los inversores fueron generalmente recompensados al realizar asignaciones en los mercados de valores con un sesgo en el estilo de renta variable, en lugar de invertir en un país en función de su efectividad en el manejo de la pandemia. Los índices de renta variable que tuvieron una gran exposición a los sectores de crecimiento y tecnológicos, como los Estados Unidos y Corea del Sur, fueron los ganadores del rendimiento.

A pesar de tener uno de los números más altos de casos confirmados de COVID-19 en el mundo, el índice S&P 500 de los Estados Unidos superó con creces al resto de sus pares desarrollados. Por el contrario, los mercados con una mayor exposición a los sectores orientados hacia el valor, como Europa y Australia, quedaron rezagados en términos de rendimiento. Si bien Australia ha sido uno de los casos de éxito en el manejo del virus (antes de la distribución de vacunas alrededor del mundo), el mercado de valores cerró en 2020 con una nota relativamente baja.

Este año, la distribución de vacunas ha sido uno de los factores clave del optimismo en los mercados. En especial, la espera de una vuelta a la normalidad ha llevado a muchos analistas a mejorar sus expectativas sobre el crecimiento global. Si bien existen otros factores que impulsan las perspectivas de crecimiento de un país, notamos que existió un mayor crecimiento en los países con una mayor proporción de población vacunada.

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Pero al mirar el rendimiento de la renta variable en los países, el éxito de la distribución de vacunas no necesariamente ha significado una mayor rentabilidad de la renta variable en función de las expectativas en el crecimiento de las ganancias y de la actividad económica (gráfico 3). Algunos de los países con las tasas más altas de vacunación tienen los mercados de valores con el mejor y el peor rendimiento. Sin embargo, la exposición a los ganadores del sector ha sido más importante. Por ejemplo, la renta variable rusa se disparó gracias a los fuertes precios del petróleo, a pesar de que gran parte de la población no estaba vacunada.

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Mientras tanto, los mercados de divisas han prestado una mayor atención a la tasa de vacunación de la población de los países. Las divisas ganadoras este año, como la libra esterlina, el dólar canadiense y el dólar estadounidense, generalmente han sido las de los países con una mayor tasa de vacunación (gráficos 4a y 4b). Por supuesto, los planes fiscales generosos y las expectativas de la política monetaria también habrían influido en la fortaleza de estas divisas.

En contraste, el yen japonés y el baht tailandés han tenido un rendimiento significativamente inferior. Esto se ha relacionado a la disminución de las expectativas de crecimiento y las bajas tasas de vacunación. Si bien algunas de las divisas exportadoras de materias primas en los mercados emergentes, como el rand sudafricano, han ido mejor de lo que indicaba su tasa de vacunación, y el peso chileno se ha destacado entre sus pares. La divisa ha sido mucho más débil de lo que sugería la tasa de vacunación decente y los robustos precios del cobre del país (las exportaciones de cobre representan alrededor del 10 % del PBI de Chile). Esto se debe a que los fundamentos macroeconómicos se han visto obstaculizados por los recientes acontecimientos políticos y cambios de políticas en su sistema de pensiones.

En general, el COVID-19 ha tenido importancia real en algunos mercados más que en otros, como el estilo valor y los sectores relacionados. Al mismo tiempo, el éxito de la distribución de vacunas en todos los países ha resultado mejor a través de las divisas que en los mercados de valores. Más generalmente, no se debe olvidar que el aumento en la gravedad de la variable delta o el surgimiento de nuevas variables aún puede presentar un riesgo para la economía y los mercados.