Opinión de experto 

La renta variable global en 2020


  • La tensión geopolítica, patente en la guerra comercial de EE. UU. con China y el Brexit, seguirá copando portadas y una tónica poco constructiva seguirá minando el gasto de capital y el crecimiento.
  • Existen diferencias por encima de la media entre los distintos sectores que se perciben como seguros y estables (como servicios públicos, inmobiliarias o bienes de consumo básico) y aquellos expuestos al comercio global. Las expectativas de beneficios de los sectores más desfavorecidos, como las empresas industriales, son bajas, con lo que hay margen para gratas sorpresas.
  • Entre todo el ruido que hay en los mercados, creemos que los temas globales, como el cambio climático, la transición energética, la sostenibilidad, la disrupción y las innovaciones en asistencia sanitaria tendrán cada vez más importancia.

El crecimiento mundial se ha ralentizado en 2019 y es probable que siga haciéndolo en 2020, ya que ni la guerra comercial ni la inestabilidad política han acabado. Los datos económicos han empeorado significativamente en muchos países de todo el mundo. Quizá destaquen los índices de gestores de compras, que se basan en los resultados de encuestas realizadas en los sectores secundario y terciario.

La guerra comercial que libran los Estados Unidos y China está minando la confianza y las sensaciones, y la incertidumbre se contagia al resto de países. China, una economía de “orden y control” ha reaccionado al conflicto con más rapidez que los Estados Unidos, donde el mercado marca la pauta, a través de una drástica reducción de las importaciones del país norteamericano. Aunque el sector exportador de los Estados Unidos no es demasiado grande en relación con el tamaño de la economía interna, sus efectos se notan en las partes más bajas de la inversión empresarial. Es probable que la tendencia se mantenga en 2020 y se notará más en aquellos países más expuestos al comercio global, como es el caso de Alemania o Japón.

Poco margen para nuevas bajadas de tipos, salvo en EE. UU.

A pesar de las tres rebajas de tipos en lo que va de 2019, los Estados Unidos son uno de los pocos países desarrollados a los que aún les queda margen para bajarlos todavía más. Aún está por ver si esto afecta al crecimiento. Los tipos son ya negativos en muchas regiones (como, por ejemplo, Japón, la zona euro o Suiza). Los mercados emergentes, como Rusia, Brasil, la India o China, son los que más margen de actuación tienen en este aspecto, ya que, en ellos, los tipos se mantienen en niveles relativamente altos.

Varios países cuentan con suficientes ingresos fiscales como para abrir el grifo del gasto y tratar así de estimular el crecimiento. Corea del Sur, Alemania o los Países Bajos tienen un buen colchón que les permitiría gastar, pero se trata de países cuya Constitución limita el gasto público o que son reacios a hacerlo. Parece más probable que aquellos países que recientemente han aplicado medidas de austeridad (como España, Grecia, Italia y el Reino Unido) o en los que se ha producido un cambio político (por ejemplo, en Brasil, México o algunos Estados de Europa del Este) cambien el chip y presenten presupuestos expansivos.

El mercado va poco a poco desplazando su atención

La tónica del mercado ya refleja buena parte de las tristes expectativas macroeconómicas y, en general, las previsiones de beneficios para 2019 han caído con fuerza. Los beneficios del tercer trimestre han caído un 4% en los Estados Unidos en comparación con el mismo periodo del ejercicio anterior, pero han sido mejores de lo previsto, sobre todo si se dejan fuera los sectores cíclicos, como el energético. Los valores cíclicos son a los que más afectan los cambios en el conjunto de la economía. La reducida tasa de rentabilidad que se prevé, unida al hecho de que las valoraciones globales no son desorbitadas en un contexto histórico, quizá explique por qué los mercados han seguido comportándose relativamente bien a pesar de la incertidumbre generalizada.

A corto plazo, es probable que la economía estadounidense mantenga su buen ritmo. Sin embargo, según vaya avanzando el 2020, factores como las restricciones de capacidad (es decir, el límite al número de productos que se pueden fabricar, principalmente a causa del pleno empleo), el incremento de los costes de producción y el retraso de las decisiones de inversión empezarán a crear el caldo de cultivo para una desaceleración gradual. La situación se vería exacerbada por un vuelco político, ya que una victoria del Partido Demócrata en las elecciones que se celebrarán en otoño podría afectar enormemente a sectores como el de la asistencia sanitaria. Los márgenes de beneficios se mantienen en niveles récord en los EE. UU. (salvo los de las firmas de energía) y, a partir de ahora, lo más probable es que la tendencia sea a la baja. El conjunto de previsiones de beneficios en los Estados Unidos, que apunta a un incremento interanual del +11% para el S&P, siguen pareciendo excesivo.

En cambio, en aquellos países que han entrado en recesión o están a punto de hacerlo (como Alemania, Japón, el Reino Unido y Australia), las expectativas son más frías. No vemos ningún catalizador que pueda desencadenar un impulso alcista potente del crecimiento en la mayoría de países a excepción de EE.UU. Las firmas cíclicas, que no gozan del favor del mercado, podrían recuperarlo tras un largo periodo en el que han quedado rezagadas, sobre todo aquellas que están reestructurando y reposicionando sus actividades para hacer frente a los desafíos de los próximos diez años.

Los temas de inversión globales brindan oportunidades a largo plazo

Debido a los niveles de incertidumbre que aquejan a la economía mundial, los resultados macroeconómicos pueden ser bastante diversos. Tras una década en la que el S&P 500 ha acumulado una rentabilidad total del 250% (en dólares) y el valor de la renta variable mundial ha pasado a ser más del doble, parece lógico suponer que, a partir de ahora, la rentabilidad de esta clase de activo será más modesta. En este contexto, creemos que puede ser una buena idea que los inversores se centren en varios temas de inversión globales amplios y a largo plazo que ofrezcan oportunidades relevantes de inversión, que, en muchos casos, no guardan ninguna correlación con los índices de renta variable tradicionales.

Por ejemplo, aunque el aumento de la temperatura global es un problema del que cada vez son más conscientes tanto la clase política como la sociedad civil, el impacto económico del cambio climático se sigue subestimando en gran medida. Para que el aumento de la temperatura en el mundo no sobrepase el umbral de 2 grados que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha establecido como “seguro”, el gasto destinado a mitigar el efecto de los gases de efecto invernadero tendrá que crecer, como mínimo, hasta los 2 billones de dólares anuales en los próximos diez años. Ese dinero tendrá que correr a cargo de Administraciones, consumidores y, por supuesto, empresas.

Entre estas últimas, un grupo muy numeroso se verán beneficiadas por la transición hacia un modelo económico más sostenible. La transición energética ya está bastante avanzada, a pesar del apoyo más bien tibio de muchos Gobiernos, entre ellos el estadounidense. Por fortuna, las decisiones económicamente racionales siguen prevaleciendo y la rotunda ventaja de costes de las energías eólica y solar frente a las fuentes tradicionales (véase el gráfico que aparece a continuación) está haciendo que las acciones de muchas firmas de energía renovable se disparen.

El futuro será eléctrico

Lo mismo ocurre en el sector del automóvil: las ventas de vehículos eléctricos se incrementarán enormemente en los próximos años, impulsadas por un marco normativo más favorable en muchos países (como Noruega, que prohibirá la venta de vehículos nuevos con motor de combustión en 2025). En última instancia, la demanda crecerá con motivo del atractivo de los productos en sí. Conforme vaya mejorando, no cabe duda de que los consumidores se pasarán al vehículo eléctrico igual que se han pasado al correo electrónico, los móviles o el comercio virtual.

El cambio climático es tan solo uno de los amplios y generalizados temas que todos podemos identificar. Algunos otros pueden ser la sostenibilidad, la innovación tecnológica, la automatización, la concentración de la población en ciudades y los cambios demográficos. Todos ellos son “verdades ineludibles“: en muchos casos, llevan años sobre la mesa, pero cada vez son más potentes en un mundo en el que la disrupción está en todas partes. Así pues, parecería sensato que los inversores sacasen al menos una parte de su patrimonio de aquellas estrategias tradicionales con mercados limitados y lo destinasen a ámbitos en los que es probable que haya un crecimiento estructural. Así las cosas, podemos decir que la inversión temática ha alcanzado la mayoría de edad.

Las opiniones expresadas anteriormente incluyen previsiones que no deben tomarse como referencia, no están garantizadas y solo son representativas en la fecha de publicación. Nuestras previsiones se basan en nuestras propias hipótesis, que pueden cambiar. Las previsiones e hipótesis pueden verse afectadas por factores económicos externos u otros factores, por lo que no deben entenderse como asesoramiento ni como recomendación para comprar y/o vender.

El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente.

Información Importante

Las opiniones expresadas aquí son las del autor o de los autores, y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders.

El presente documento ha sido redactado con una finalidad exclusivamente informativa. Su contenido no constituye una oferta de compra o venta de ningún instrumento o título financiero, ni una sugerencia para adoptar ninguna estrategia de inversión. La información contenida en el presente no constituye un asesoramiento, una recomendación o un análisis de inversión y no tiene en cuenta las circunstancias específicas de ningún destinatario. Este material no constituye una recomendación contable, jurídica o tributaria y no debe ser tenido en cuenta a tales efectos. Se considera que la información contenida en este documento es fiable, pero Schroders no garantiza su exhaustividad o exactitud. La compañía no se responsabiliza de los errores de hecho u opiniones. No se debe tomar como referencia la información y opiniones contenidas en este documento a la hora de tomas decisiones estratégicas o decisiones personales de inversión.

La rentabilidad registrada en el pasado no es un indicador fiable de los resultados futuros. El precio de las acciones y los ingresos derivados de las mismas pueden tanto subir como bajar y los inversores pueden no recuperar el importe original invertido.

Schroders será responsable del tratamiento de tus datos personales. Para obtener información sobre cómo Schroders podría tratar tus datos personales, consulta nuestra Política de privacidad disponible en www.schroders.com/en/privacy-policy o solicítala a infospain@schroders.es en caso de que no tengas acceso a este sitio web.

Publicado por Schroder Investment Management (Europe) S.A., 5, rue Höhenhof, L-1736 Senningerberg, Luxembourg. Número de registro Luxemburgo B 37.799.

Las previsiones recogidas en el documento son el resultado de modelos estadísticos basados en una serie de supuestos. Las previsiones están sujetas a un alto nivel de incertidumbre sobre los factores económicos y de mercado futuros que pueden afectar a los resultados futuros reales. Las previsiones se ofrecen con fines informativos a fecha de hoy. Nuestros supuestos pueden variar sustancialmente en función de los cambios que puedan producirse en los supuestos subyacentes, por ejemplo, a medida que cambien las condiciones económicas y del mercado. No asumimos ninguna obligación de informarle de las actualizaciones o cambios en estos datos conforme cambien los supuestos, las condiciones económicas y del mercado, los modelos u otros aspectos.