Opinión de experto 

Los tres pilares básicos de la inversión sostenible


Los fondos sostenibles han crecido con fuerza en los últimos años, en un contexto de mayor concienciación sobre la importancia del medioambiente y marcado por la pandemia, que ha puesto en primer plano los temas sociales. Sin embargo, no existe una definición consensuada de lo que el sector entiende por “inversión sostenible”.

La palabra “sostenibilidad” suele estar muy manida en los círculos de inversores, porque es un comodín que puede incluir varios enfoques diferentes. Nuestros compañeros del equipo de Inversión Sostenible han elaborado una pequeña guía para ayudar a descifrar la jerga: Todo lo que hay que saber sobre la inversión sostenible.

En lo que respecta a nuestro enfoque, hay tres elementos que nos parecen claves: 

  1. Propósito: lo que pensamos que la inversión sostenible puede conseguir en cuanto a rentabilidad e influencia en el comportamiento de las empresas;
  2. Personas: evaluar la sostenibilidad con mucha frecuencia requiere de juicio y no puede reducirse a puntuaciones o calificaciones otorgadas por terceros;
  3. Proceso: aunar propósitos y personas para crear un proceso que pueda repetirse y que  evolucione y mejore con el tiempo.

Invertir con propósito

Para nosotros, el propósito de la inversión sostenible es lograr un impacto positivo en la sociedad y la conducta de las empresas, a la vez que ayudamos a los clientes a conseguir sus metas de inversión. Implica optar por asignar nuestro capital a aquellas empresas que ya se gestionan de forma sostenible, se encuentran inmersas en la transición hacia este modelo o están mejorando su perfil de sostenibilidad.

Es común encontrarse con la creencia equivocada de que, si un inversor quiere conseguir un impacto positivo, tiene que sacrificar sus expectativas de riesgo y rentabilidad. Nosotros creemos firmemente que eso no es así: la sostenibilidad es un elemento integral, no una simple oportunidad.

La inversión sostenible fija estándares mínimos de conducta para las empresas en las que se invierte. Si una empresa participa en actividades o muestra comportamientos que provocan daños graves a la sociedad, no hay cotización, por atractiva que sea, que compense esos efectos nocivos. Pero no creemos que establecer esa línea roja perjudique la rentabilidad de la inversión.

¿Por qué? A fin de cuentas, es porque buscamos modelos de negocio sostenibles. Como inversores en renta variable europea, pretendemos invertir a largo plazo y tratamos de calibrar las perspectivas de una empresa de cara al futuro. ¿Puede hacer crecer su negocio? ¿Puede mejorar sus márgenes de beneficios? ¿Se arriesga a quedar por detrás de su competencia o a que los reguladores la multen?

Por ejemplo, si una firma no tiene en cuenta su impacto sobre el medioambiente como debería, se arriesga a que los reguladores le impongan sanciones y a sufrir daño reputacional entre sus clientes. Si no paga a sus trabajadores como es debido, tendrá problemas para retener talento y sus márgenes de beneficios podrían reducirse si en un futuro debe subir los sueldos. En cambio, aquellas compañías que tienen en cuenta el impacto sobre sus distintos grupos de interés —como los trabajadores o el medioambiente— están en mejor situación para evitar estos riesgos.

Es importante añadir que no solo invertimos en las firmas más sostenibles de hoy sin tener en cuenta las perspectivas del precio de sus acciones. También buscamos oportunidades cuya cotización se sitúe por debajo de su valor y no refleje todo su potencial. Identificar los riesgos de sostenibilidad y el potencial de mejora es fundamental para tratar de lograr rentabilidades de inversión más altas.
Análisis centrado en las personas

La evaluación de los riesgos y las oportunidades de sostenibilidad a menudo requiere ejercer nuestro juicio. Aquí es donde el apoyo de nuestro equipo de analistas de renta variable europea es invaluable.

Ya hemos dicho que la inversión sostenible tiene que ver con lograr un impacto positivo en la sociedad y el comportamiento de las empresas. Al valorar el impacto de una empresa, podemos distinguir tres categorías:

  1. lo que hace una empresa, los productos o servicios que vende;
  2. el coste o beneficio que la empresa traslada a la sociedad (algo que no siempre resulta evidente). En Schroders, contamos con nuestra herramienta de inversión SustainEx, que nos ayuda a hacerlo;
  3. el comportamiento de la empresa con sus trabajadores, proveedores y demás grupos de interés. Contamos con otra herramienta de inversión –CONTEXT– que nos permite evaluarlo y compararlo con el de las demás firmas de un mismo sector.

Cabe destacar que todas estas valoraciones van de la mano de nuestro análisis económico. Vemos que preguntar diversos temas de sostenibilidad nos ayuda a conocer mejor un negocio. En lugar de tratar únicamente con el equipo directivo de una empresa, comprometerse con las cuestiones de sostenibilidad en toda la empresa puede ofrecer a menudo una imagen más clara de la parte operativa de un negocio.

Como inversores en renta variable europea, es algo a lo que damos gran importancia. En lo que respecta a la información en materia de sostenibilidad, Europa está más avanzada que la mayoría de las regiones. Sin embargo, eso hace que nos importe aún más comprobar si una empresa considera la sostenibilidad como un ítem más en una simple lista de tareas o si de verdad la integra en su modelo de negocio.

En vez de basarnos en herramientas “rígidas”, como las puntuaciones que ofrecen terceros como Sustainalytics, las conversaciones que tanto nosotros como los analistas tenemos con las compañías nos permiten conseguir una panorámica llena de matices y centrada en el futuro. Conforme la sostenibilidad va ganando relevancia, estas conversaciones son cada vez más una colaboración en la que tanto nosotros como las empresas en las que invertimos buscamos maneras de mejorar. Las preguntas que hacemos pueden ayudar a impulsar diversos avances.

Por ejemplo, es posible que una empresa haya desarrollado prácticas sostenibles, pero necesite ayuda en cuanto a cómo dar muestras de ello. Otras —sobre todo, las más pequeñas— quizá necesiten orientación para saber qué se entiende por “buenas prácticas”.

A veces, nos encontramos con situaciones en las que una empresa no aplica buenas prácticas en algún asunto relativo a la sostenibilidad. Sin embargo, en vez de considerarlo como un semáforo en rojo, nuestros analistas pueden hablar con ella para ver si hay un motivo que lo justifique. Esta capacidad de poder poner sobre la mesa todas esas zonas grises en materia de sostenibilidad resulta fundamental, y la perderíamos si nos basáramos en calificaciones de terceros. Muchas veces también constatamos que el tener una conversación sobre temas de sostenibilidad con una empresa nos puede ayudar a entender problemáticas similares a las que se enfrentan otras compañías.  

Un proceso que se puede repetir

Aunamos nuestro propósito, herramientas y perspectiva en un proceso de evaluación de la sostenibilidad centrado en el futuro, que puede repetirse y que sirve para diferentes sectores.

Además, se trata de un proceso que funciona tanto si analizamos títulos con una baja valoración o ámbitos de “crecimiento de calidad” del mercado. Las firmas de crecimiento de calidad suelen ofrecer una rentabilidad constante, y eso normalmente es señal de sostenibilidad. Sin embargo, las que cotizan barato también pueden ser inversiones sostenibles.

Un ejemplo de sector con valoraciones bajas que debe afrontar muchas cuestiones espinosas relativas a la sostenibilidad es el de la banca. Entre ellas, la de saber a quién prestan dinero y qué actividades podrían estar financiando, además de lo referente a la seguridad de sus clientes, debido al aumento de la operativa electrónica. Las respuestas no suelen ser fáciles, pero los bancos son conscientes de los riesgos a los que se enfrentan en forma de multas y daño reputacional cuando algo sale mal. Así pues, la valoración que hacen de la sostenibilidad es más relevante de lo que los precios de sus acciones podrían hacer pensar. 

El hecho de que el proceso que utilizamos puede evolucionar conforme las cuestiones de sostenibilidad vayan ganando importancia para los clientes y la sociedad en su conjunto resulta fundamental. Por ejemplo, la pandemia ha puesto de relieve la importancia de contar con cadenas de suministro resilientes y tratar bien a los trabajadores. Creemos que, con el tiempo, los criterios de la inversión sostenible se volverán más exigentes: las buenas prácticas de hoy serán los estándares mínimos de mañana. Nuestro proceso es capaz de evolucionar y mejorar, y eso nos permite seguir centrándonos en el futuro y en lograr las mejores oportunidades que coticen por debajo de su valor.  

El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente.