Opinión de experto 

Del carbón al hidrógeno: un antiguo modo de transporte que vuelve a estar de moda.


A principios del siglo 20, el ferrocarril era un negocio sucio que quemaba carbón y competía con otros transportes en función de la velocidad, precio y lujo. La contaminación no era un factor a tener en cuenta.

El fabricante de trenes francés, Alstom, producía máquinas de vapor en la década de 1920 y, en su momento, las sustituyó por el diésel. Como el tren se enfrentaba a la feroz competencia de los coches y los viajes en avión baratos, Alstom se diversificó en energía y construcción naval.

En la actualidad, los trenes gozan de un renacimiento. Los viajeros aprecian su comodidad y velocidad. El sector promete ser más rentable. Pero esta es solo la mitad de la historia.

Nicholette MacDonald-Brown, Responsable de Renta Variable Mixta Europea, explica: «Alstom es una empresa que se ha transformado de arriba hasta abajo. En 2015, vendió su negocio problemático de energía y, desde entonces, se ha consolidado como una empresa concentrada en el ferrocarril. En la actualidad, parece preparada para beneficiarse de los planes de promover el tren como un modo de transporte sustentable y seguro. Esta evolución positiva tiene dos vertientes. Una es que la propia tecnología ferroviaria es cada vez mucho más limpia y eficiente. Pero la otra perspectiva es que un creciente volumen de personas y mercancías utiliza el ferrocarril en lugar de transportes alternativos más sucios y costosos».

En general, se prevé que la demanda global de transporte de personas y mercancías se dispare en las próximas décadas. Los trenes se beneficiarán de ello. Y se están tendiendo vías a una velocidad vertiginosa para satisfacer esta demanda. En China, en una década se han construido más líneas férreas de alta velocidad que las existentes en toda Europa occidental. También se están tendiendo nuevas líneas en África y los EE. UU.
Nicholette afirma: «El ferrocarril deja la menor huella de carbono de todos los principales medios de transporte; los viajes en tren solo dejan una octava parte de la huella de carbono de los viajes en avión y un tercio de la de los viajes por carretera. A medida que los gobiernos y las empresas quieran alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones, el ferrocarril debería recoger las ganancias.

Ella continúa: «Resulta sorprendente que incluso las aerolíneas animan a sus clientes a realizar algunos de sus viajes en tren. Por ejemplo, KLM anunció en 2019 que quería animar a sus pasajeros a ‘tomar decisiones responsables en cuanto a los viajes en avión’».

La tecnología también ha avanzado. Alstom ha desarrollado trenes impulsados por hidrógeno que solo emiten agua. Ya están operando en Alemania y otros países.

«Coradia iLint, de Alstom, el primer tren impulsado por hidrógeno del mundo, pueden recorrer 600 millas sin recargar combustible», sostiene Nicholette. «Frente a la crisis climática, la demanda de descarbonización en el transporte está ganando impulso rápidamente. Alstom tiene una buena posición para beneficiarse financieramente a medida que estas tendencias se intensifiquen. Además, el medio ambiente también se beneficia».