En profundidad

¿Qué significa la transición energética para el futuro del empleo?


Cumplir la meta climática del Acuerdo de París demandará un cambio radical en el sector energético. La transición energética traerá aparejados cambios significativos en las tecnologías energéticas y la estructura de la economía global.

Esto no solo tendrá profundas implicancias en el crecimiento y la inflación, sino que también provocará cambios en la estructura actual de la mano de obra y la forma de los mercados laborales globales.

En esta nota, investigamos las dimensiones sociales de la transición energética, centrándonos en su impacto en el empleo en todos los países y las industrias. También debatimos los desafíos clave de la redistribución de la mano de obra en cada país, en el camino hacia el cero neto, ya que es probable que la transición energética enfrente desajustes en varias dimensiones.

El impacto positivo en el empleo global

El empleo en el sector de energías renovables ya ha tomado una trayectoria ascendente. Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el empleo en dicho sector alcanzó los 20 millones en 2020 a nivel mundial, lo que representa una suba de más del 60 % desde 2012.

Varios estudios demuestran que el impacto neto de las políticas ambientales en el empleo es positivo, ya que la caída de los puestos de trabajo en el sector de combustibles fósiles se ha visto más que compensada por los nuevos puestos que se han creado en el de renovables, red eléctrica y flexibilidad, e hidrógeno.

En particular, el análisis de la Agencia Internacional de la Energía (IEA)[1] exhibe que el camino más rentable para lograr el cero neto en 2050 podría dar lugar a un aumento de 14 millones de puestos de trabajo en el sector energético. Se prevé que esto ocurra en 2030, gracias a la nueva inversión en energías limpias, y que se compense con una posible caída de cinco millones de posiciones en la industria de combustibles fósiles. El resultado es un posible beneficio neto de nueve millones de puestos de trabajo a nivel global durante la próxima década. Si bien parece un aumento importante, representa una porción muy pequeña de la mano de obra general.

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Ganadores y perdedores

Aunque el empleo global está subiendo como resultado del pasaje al cero neto, también es probable que la transición de lugar a ganadores y perdedores, dado que el desarrollo de puestos de trabajo en energías renovables variará sustancialmente entre las distintas regiones.

En particular, países que actualmente son muy dependientes de la producción de combustibles fósiles tienen grandes posibilidades de experimentar una caída drástica de los puestos de trabajo. Según un estudio reciente de la Universidad de Stanford,[2] se producirá una diferencia sustancial entre los países en términos de cambios laborales cuando estos pasen toda su energía a una energía 100% limpia, renovable y basada en sol, agua y viento (WWS), eficiencia y almacenamiento.

Por un lado, una transición hacia energías WWS reduce la cantidad de puestos de trabajo en combustibles fósiles, biocombustible, bioenergía y energía nuclear. Aquí también se incluyen puestos en minería, transporte y procesamiento de combustibles, así como en generación de energía eléctrica. Una transición, a su vez, reduce la cantidad de puestos de trabajo en la construcción de motores de combustión internos, calefones y calentadores de aire, estufas a gas, turbinas a gas, plantas de carbón, tuberías, gasolinerías y refinerías.

Por otro lado, sin embargo, una transición también crea puestos de trabajo en la construcción e instalación de paneles solares fotovoltaicos, lo que concentra plantas de energía solar (que aprovechan la energía solar para producir electricidad), molinos de viento, plantas geotermales, y dispositivos mareomotrices y undimotrices. También genera puestos de trabajo en las industrias de almacenamiento de electricidad e hidrógeno.

A medida que la demanda de combustibles fósiles cae en la transición hacia WWS, países exportadores como Canadá, Rusia y partes de África perderán puestos de trabajo en los sectores de extracción, lo que no se verá compensado por un aumento en los puestos de trabajo en energías renovables. Además, los países que actualmente importan energía proveniente de combustibles fósiles, como los europeos, registrarán un aumento en los puestos de trabajo a raíz de la mayor producción doméstica de energías renovables.

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Sin embargo, cabe destacar que, si bien es probable que la mayoría de las regiones experimente un beneficio neto en materia de cantidad de puestos de trabajo, la transición social podría plantear algunos desafíos incluso para los países que registran un impacto positivo en el empleo.

Qué podemos hacer para abordar los desafíos de la transición energética

La redistribución de la mano de obra en los países es uno de los obstáculos clave que enfrentará la transición, ya que es posible que el pasaje a una economía baja en carbón no genere puestos de trabajo nuevos en los mismos sectores en los que otros se hayan perdido en la economía basada en combustibles fósiles.

Los combustibles fósiles se utilizan en todas partes, pero los lugares de extracción, refinación y generación están geográficamente ubicados. Según una investigación del FMI,[3] los mineros del carbón, por ejemplo, se concentran en unas pocas regiones clave, ya que este solo puede extraerse en lugares donde existen depósitos (tabla 4). Esto significa que el desplazamiento de empleados a gran escala por el cierre de minas de carbón puede afectar a comunidades enteras, con el potencial de dejar a las economías locales con pocas oportunidades.

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Esto hace que reducir el rol del carbón sea políticamente difícil, debido a su concentración geográfica. Los legisladores tendrán el desafío de brindar incentivos a los trabajadores para trasladarse a regiones vecinas que puedan ofrecer mejores oportunidades económicas o bien, estimular la reestructuración económica en regiones con actividad intensiva de carbón, con el fin de establecer otras industrias y crear puestos de trabajo nuevos para los trabajadores del sector de combustibles fósiles.

La reestructuración económica será crucial para la supervivencia de estas regiones. Existen ejemplos en el pasado de minas de carbón convertidas en sitios de producción de energía verde que han permitido la creación de puestos nuevos y la recontratación, en especial, durante la etapa de construcción.

Reconvertir sitios existentes para energías renovables

Las minas con buena exposición solar pueden convertirse en sitios de generación de energía eléctrica, como la mina de carbón Göttelborn, en Saarland, Alemania, y la mina de estaño Wheal Jane, en Cornwall, que se convirtieron en parques de energía solar en 2004 y 2011, respectivamente. En el último tiempo, Virginia Occidental anunció que planea construir su parque solar más grande en el predio de Hobet Mine, una de las antiguas minas de carbón más grandes del estado que entró en bancarrota en 2015. En cambio, otras minas ubicadas en lugares con elevada altitud y recursos eólicos se han convertido en parques eólicos, como Dave Johnston Mine, en Wyoming.

En un estudio reciente[4] del Centro Común de Investigación de la Unión Europea, se analizó el potencial técnico para instalar un sistema de generación de electricidad solar fotovoltaica en las 42 regiones del carbón en transición (CRiT), en la UE, y se descubrió que el área disponible es suficiente para generar la misma cantidad de electricidad que la generada por todas las estaciones de energía eléctrica a base de lignito y de carbón que actualmente operan en toda la UE. El Instituto Brookings[5] ha analizado una base de datos geográfica de los EE. UU. sobre el potencial de generación de energía renovable y descubrió que muchos centros de combustibles fósiles son sitios ideales para la producción de energía renovable. En total, la cuarta parte de los condados estadounidenses con el mayor potencial para la generación de electricidad solar y eólica son también centros de combustibles fósiles.

Se crearán oportunidades de empleo local, particularmente, durante la etapa de construcción de los sitios de energía verde. Sin embargo, aunque los gobiernos logren atraer a nuevas industrias a las regiones que tienen actividad intensiva de combustibles fósiles, seguirá habiendo algunos obstáculos. En especial, la IEA destaca que pueden surgir desajustes educativos y temporales.

Gasto público específico en capacitación

Con respecto a la cuestión temporal, o a los desafíos relacionados con los tiempos, la creación de puestos de trabajo en el sector de energías limpias puede que no se produzca al mismo tiempo, o al mismo ritmo, que la pérdida de puestos en el de combustibles fósiles. El surgimiento de nuevos sectores económicos puede llevar años, si no décadas. Los extrabajadores del sector de combustibles fósiles pueden verse marginados de la mano de obra durante un periodo de tiempo largo hasta que nuevos puestos se creen. Esto significa que podrían sufrir desempleo a largo plazo, con menos oportunidades de ser recontratados cuando surjan nuevas oportunidades. El apoyo fiscal será fundamental, ya que se deberá brindar subsidios durante largos periodos de desempleo. Sin embargo, las políticas de bienestar que pretendan indemnizar a los trabajadores despedidos no serán suficientes, ya que no podrán abordar los profundos efectos del cambio local estructural.

Es probable que se produzca un desajuste educativo, ya que la mano de obra puede no estar calificada para adaptarse al cambio de la economía. Con el objetivo de evitar niveles de desempleo severos, los gobiernos necesitan garantizar el desarrollo de habilidades y capacitaciones técnicas específicas para ayudar a empoderar a los trabajadores del sector de combustibles fósiles y garantizar una transición sin inconvenientes hacia un nuevo empleo.

¿Qué dice la historia sobre las intervenciones exitosas?

Alemania brinda una importante lección para una transición energética exitosa, que muestra cómo aprender nuevas habilidades ayuda a los trabajadores afectados a reubicarse en industrias emergentes. The Ruhr fue, alguna vez, una de las áreas mineras de carbón más grandes del país. Desde la segunda mitad del siglo XX, esta región experimentó una importante caída de la industria del carbón.

El empleo en minería de carbón duro en el área se redujo drásticamente, de más de 450.000 en 1950 a menos de 3000 en 2018, cuando las dos últimas minas cerraron. La gran inversión pública en centros de tecnología y universidades, junto con la expansión de redes de carreteras y el transporte público, le permitieron a la región lograr una transformación fundamental y pasar de tener una economía basada en la producción de carbón y acero a una basada en el conocimiento[6]. La proporción de empleados en el sector de servicios en la región es superior al 70 %. Hoy, la economía tiene un perfil diverso, que incluye el ecoturismo, varias universidades líderes, y centros de tecnología de avanzada y fabricación de energía renovable.

Algunas áreas del RU también han experimentado un apartamiento del carbón en las últimas décadas, pero sirven de ejemplo de una transición menos exitosa. En particular, una investigación reciente sobre el estado de los yacimientos de carbón reveló que estos mercados laborales locales siguen quedando rezagados en los promedios nacionales y en otras partes del país, en muchos indicadores[7].

La primera evidencia puede encontrarse en la densidad de puestos de trabajo, la relación entre la cantidad de empleados y la población local en edad activa. En todos los antiguos yacimientos de carbón, había solo 55 puestos de trabajo por cada 100 adultos en 2017; mucho menos que el promedio nacional de 73 puestos por cada 100 adultos.

Otro hallazgo clave es que, a pesar de la desaparición de la industria del carbón, estas regiones tienden a mantener una estructura ocupacional que aún se inclina a los trabajos manuales. En estas áreas, el 53 % de los trabajadores residentes tiene un trabajo manual; muy por arriba del promedio nacional del 44 %.

La debilidad del mercado laboral en los antiguos yacimientos de carbón también se refleja en las ganancias. En promedio, la ganancia por hora de los hombres que viven en los yacimientos de carbón es un 8 % inferior al promedio nacional.

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Es probable que esto se deba a que el Gobierno del RU ha concentrado sus esfuerzos en políticas de indemnización, en lugar de políticas de capacitación o incentivos para atraer a nuevas industrias en el área. Los subsidios por desempleo y las medidas de apoyo financiero para familias de bajos recursos no son suficientes para diversificar las economías de las antiguas comunidades mineras y limitar los efectos duraderos de las transiciones energéticas.

La ausencia de nuevas oportunidades también ha tenido un efecto derrame negativo en las mujeres que viven en estas comunidades. En la investigación, también se encontraron evidencias de una baja sostenida en la cantidad de oportunidades laborales para las mujeres. Esto se produjo mientras los hombres comenzaban a competir y a aceptar los mismos puestos en otros sectores como resultado de la caída de la actividad minera en las antiguas áreas de yacimientos de carbón. Más específicamente, se descubre que el cierre de minas tiene una consecuencia específica de género en el empleo en fábricas. La cantidad de trabajadores en el sector secundario aumenta, pero la cantidad de trabajadoras disminuye.

La transición energética también enfrenta un desajuste sectorial, ya que en las tecnologías bajas en carbón se utilizan muchos más metales que en la producción de energía de combustibles fósiles, lo que implica cambios en las cadenas de valor. Por ejemplo, los paneles solares requieren grandes cantidades de cobre, silicona, plata y zinc, mientras que los molinos de viento requieren          minerales de hierro, aluminio y tierra rara. Por ello, la transición tendrá implicancias importantes para el sector industrial de la economía y el comercio global, y fortalecerá las relaciones con los países que exportan esos metales y minerales clave.

La transición debe superar el cortoplacismo político y los intereses creados

Es probable que los desajustes destacados en este informe aumenten la resistencia política a la transición, ya que la especialización de las comunidades locales en la producción de combustibles fósiles podría exponerlas especialmente al riesgo de los activos físicos y humanos inmovilizados. Los líderes políticos deberán convencer a estas comunidades de que el pasaje a una economía baja en carbón, además de mitigar el cambio climático, traerá puestos de trabajo sustentables. Sin embargo, los impactos positivos de la transición no serán tangibles en el corto plazo, lo que crea un posible conflicto con las agendas de los políticos, quienes suelen centrarse en políticas con beneficios inmediatos que los votantes puedan ver.

Por último, habrá cierta resistencia de parte de la industria de combustibles fósiles, que ha potenciado el crecimiento económico en los últimos siglos y que es probable que dificulte un cambio político mayor. Las preocupaciones climáticas, como el calentamiento global y los eventos climáticos extremos más frecuentes, no son suficientes para desestabilizar a la que hasta ahora ha sido una industria muy poderosa y redituable; sin embargo, es probable que las presiones económicas y las iniciativas reformistas lo sean.

Muchos puestos de trabajo se habrán perdido cuando la humanidad abandone los combustibles fósiles. Sin embargo, muchos más se crearán en el pasaje a la energía renovable y la infraestructura relacionada necesaria para hacerlo realidad. Aunque la transición energética creará más puestos de trabajo que los que eliminará en el mundo, habrá más disparidad entre países y entre regiones de cada país. Incluso entre los ganadores, los puestos nuevos no estarán todos en los mismos lugares que los viejos, requerirán habilidades diferentes y llevará tiempo hacer que se materialicen. Es probable que esto genere a una perturbación social importante.

La única manera de resolverlo es con una fuerte participación de los gobiernos, con el foco en las áreas y los individuos que sufren. La experiencia del RU, tras el cierre de las minas de carbón en el norte de Inglaterra, demuestra que centrarse en medidas como los subsidios por desempleo no será suficiente. El desarrollo de habilidades y capacitaciones técnicas específicas será necesario. La experiencia alemana de The Ruhr muestra que la inversión pública a gran escala y significativa en infraestructura y servicios, en las áreas que sufren, puede permitirles reposicionarse y prosperar.

El desafío de todo esto es el hecho de que las recompensas de las intervenciones gubernamentales se sentirán durante un periodo mucho más largo que el ciclo de elecciones promedio. No abordarlas, sin embargo, pone en peligro el apoyo público para la transición energética, lo que potencia mayores divisiones en la sociedad y en la escala política. Debemos pensar a largo plazo, aunque es más fácil decirlo que hacerlo.

[1] Cero neto en 2050. Una hoja de ruta para el sector energético global. IEA. Mayo de 2021

[2] El impacto de los planes de energía del Green New Deal en la estabilidad de las redes, los costos, los puestos de trabajo, la salud y el clima en 143 países. Jacobson et al., 2019.

[3] Monitor fiscal, FMI, 2019

[4] Generación de electricidad solar fotovoltaica: una línea de vida para las regiones europeas del carbón en transición. Comisión Europea. Centro Común de Investigación, 2019

[5] Cómo los puestos de trabajo en energías renovables pueden levantar a las comunidades que viven de los combustibles fósiles y reformular las políticas climáticas. Tomer et al., 2021

[6] El largo y arduo camino del negro al verde. Galgóczi, 2014

[7] El estado de los yacimientos de carbón. Beatty et al., 2019