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Cómo la inflación estadounidense se ha arraigado en el sistema


Hoy se van a publicar las cifras de la inflación de los precios al consumo en Estados Unidos de abril. Se espera que muestren que la tasa general alcanzó su máximo en marzo. Sin embargo, dado que la inflación se mantiene en sus niveles más altos desde hace más de 30 años, los inversores se preguntan qué hará falta para reducirla.

Los economistas se han visto claramente sorprendidos por la aceleración de los precios, tras descartar el repunte como "transitorio" cuando comenzó a principios de 2021. El aumento de la inflación parece ahora más duradero y, cuando se le preguntó si seguía siendo "transitoria", el presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE.UU., Jerome Powell, dijo que "probablemente sea un buen momento para retirar esa palabra".

Por lo tanto, ¿ha llegado el momento de preocuparse más por la inflación y de que esto conlleve una mayor probabilidad de recesión?

En este análisis examinamos primero los factores que han impulsado el actual exceso de inflación y luego qué se necesitaría para reducirla. Los precios de las materias primas han desempeñado claramente un papel importante a la hora de provocar la inflación. Aunque el aumento de los precios del petróleo y de los alimentos ha acaparado los titulares, el problema va más allá, lo que dificulta a los bancos centrales la posibilidad de lograr un aterrizaje suave.

Inflación desbordada: la guerra de Ucrania no es la única causa

Al revisar nuestras previsiones para Estados Unidos, vimos que la inflación repuntaba en marzo de 2021. Sin embargo, se esperaba que el crecimiento fuera modesto y que el índice de precios al consumo (IPC) aumentara hasta el 2% interanual en 2022, frente a una tasa del 1,2% interanual en aquel momento.

Además, se esperaba que la inflación subyacente anual (IPC sin alimentos ni energía) aumentara del 1,6% al 1,9%. Otros, incluida la Fed, tenían proyecciones similares.

Un año después, vemos que la inflación del IPC de EE.UU. será como mínimo del 5,6% para este año, lo que supone un aumento de 3,6 puntos porcentuales (pp). La subida de los precios de las materias primas ha contribuido a ello y ahora se espera que el precio del petróleo alcance una media de 95 dólares por barril en 2022 (unos 40 dólares más de lo previsto hace un año).

Por su parte, los precios de los alimentos también han subido considerablemente. Sin embargo, con una inflación subyacente del 4,7% interanual, el resto de los precios se sitúan muy por encima de lo previsto.

La guerra de Ucrania puede tener parte de culpa, ya que la economía mundial se enfrenta a la perspectiva de perder alrededor del 12% de su suministro de petróleo y una pérdida potencialmente mayor de grano y trigo. Rusia y Ucrania representan aproximadamente un tercio del suministro mundial.

Sin embargo, los alimentos y la energía suponen un poco menos de un punto porcentual del desbordamiento, es decir, algo más de una cuarta parte. El resto no está relacionado con las

El desequilibrio de la recuperación afecta la oferta de bienes y mano de obra

Normalmente, un exceso de esta naturaleza en la inflación subyacente puede atribuirse a una economía más fuerte de lo previsto.

Sin embargo, habíamos previsto un repunte robusto del PIB real en EE.UU. De hecho, nuestras expectativas de crecimiento son ahora ligeramente inferiores a las de hace un año. Y es que la compensación entre crecimiento e inflación ha sido mucho peor de lo esperado.

Detrás de esto se encuentran los problemas de la oferta que ya hemos destacado anteriormente. El carácter desigual de la recuperación del Covid ha inclinado la demanda hacia los bienes, ya que las restricciones han limitado el gasto en servicios.

Las cadenas de suministro se han estirado hasta el punto de ruptura, lo que ha provocado cuellos de botella, plazos de entrega más largos y precios más altos. La guerra en Ucrania no ha hecho más que agravar esta situación al interrumpir las cadenas de suministro en industrias como el sector automovilístico europeo, además de provocar escasez de energía, alimentos y metales como el níquel y el paladio.

La política china de Covid cero bloquea los puertos

La política de Covid cero en China sigue desempeñando un papel importante, ya que los recientes confinamientos y cierres han provocado la congestión de puertos clave como el de Shanghái. La tasa de congestión en los puertos chinos, que tiene en cuenta el tamaño y la naturaleza de las cargas, ha aumentado considerablemente este año.

Ahora se está acercando a los niveles observados en 2021, cuando la economía mundial se reabrió y la demanda se disparó (vea el siguiente gráfico). Es probable que los cuellos de botella y los plazos de entrega se agraven durante un tiempo.

En el mercado laboral, el auge del sector de bienes ha alejado a los trabajadores de los servicios, lo que ha provocado que bares, restaurantes y hoteles tengan dificultades para contratar. La caída de la inmigración y de la movilidad laboral ha agravado este problema en economías como la del Reino Unido, que tradicionalmente han atraído a los trabajadores en períodos de gran demanda.

La velocidad de la subida también ha influido, ya que ha cogido claramente desprevenidas a las empresas. La forma en que la demanda se ha desviado hacia un sector sustenta el deterioro de la relación entre crecimiento e inflación. El resultado neto ha sido que la economía mundial se ha topado con limitaciones de capacidad tanto en la oferta de mano de obra como de bienes en una fase más temprana que en ciclos anteriores.

Como resultado, la vuelta a la normalidad parece tardar más de lo previsto, ya que las limitaciones de la oferta de productos básicos, los puertos y el mercado laboral aún no se han resuelto. Aunque la inflación general está tocando techo y disminuirá en los próximos meses, es probable que la inflación subyacente se mantenga más firme.

Esta cuestión se puede entender gracias a la medida de inflación " rígida " de la Reserva Federal. Esta medida divide los cambios de precios en función de la frecuencia con la que las empresas ajustan sus listas de precios. Los precios relacionados con las materias primas son flexibles y tienden a rebotar con frecuencia, por lo que pueden invertirse con bastante rapidez.

Por el contrario, los precios más fijos, como los del alquiler y la vivienda, se mueven más lentamente. Los precios flexibles están actualmente en nuevos máximos, pero hay que tener en cuenta que los precios rígidos también están en sus niveles más altos desde finales de la década de 1980 (vea el siguiente gráfico).

¿Se puede lograr un "aterrizaje suave"?

A pesar de las dudas de no estar totalmente enfocados a bajar la inflación, los bancos centrales han señalado que están comprometidos con el restablecimiento de la estabilidad de precios.

Entre los muchos comentarios de los banqueros centrales, la vicepresidenta electa de la Reserva Federal, Lael Brainard, considerada más prudente que restrictiva, dijo que "la inflación es muy alta, bajarla es la máxima prioridad".

Puede que la Fed haya tardado en empezar a endurecer su política monetaria, pero una vez que ha conseguido levantar el vuelo, el banco central estadounidense ha anunciado una serie de subidas de tipos junto con una reducción de su balance mediante un endurecimiento cuantitativo. Esperamos que el banco central suba el tipo de interés de los fondos federales en todas las reuniones de este año, tras la subida de 50 puntos básicos de mayo, hasta un rango del 0,75% al 1%.

Entonces, ¿podrá la Reserva Federal reducir la inflación sin provocar una recesión, es decir, lograr el llamado aterrizaje suave? Esencialmente, el banco central tiene que restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda de forma que haya suficiente capacidad de maniobra en la economía para aliviar las presiones sobre los salarios y los precios.

Para lograr un aterrizaje suave, debe hacerse gradualmente, con una tasa de crecimiento inferior a la tendencia, en lugar de entrar en recesión con una caída de la producción y un rápido aumento del desempleo.

Sin embargo, esto es más fácil de decir que de hacer.

La experiencia demuestra que las recesiones de los años ochenta y noventa se produjeron tras un repunte de la inflación similar al actual. Aunque se habló mucho de conseguir un aterrizaje suave durante estos periodos, no fue así.

Hay tres razones por las que las probabilidades de una recesión son altas en la actualidad.

En primer lugar, la inflación se está afianzando a juzgar por el análisis anterior. La inflación es alta y de gran magnitud, mientras que el mercado laboral presenta tensiones. El aumento de los precios fijos es especialmente preocupante, ya que, por su naturaleza, se mueven más lentamente y tardan más en bajar.

Esto daría más tiempo para que se desarrollen los efectos secundarios, en los que los salarios acompañan la subida de los precios, lo que llevaría a una nueva ronda de subidas de precios. En consecuencia, la tarea de los bancos centrales de volver a situar los precios en el objetivo se hace más difícil: la política monetaria tiene que endurecerse más para que la demanda se ajuste a la oferta. En este contexto, puede ser necesaria una recesión para reducir la inflación.

En segundo lugar, la política monetaria es un instrumento impreciso. Las teorías de Milton Friedman han servido de base a las políticas monetarias que se han acreditado para controlar la inflación durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas. Sin embargo, él decía que la política monetaria actúa con desfases prolongados y variables. Los efectos de la confianza también influyen. El temor a la recesión puede autoprovocarla, por ejemplo, resultando en recortes en el gasto.

Los modelos de los bancos centrales dan a los responsables de la política monetaria una indicación de la duración de esos desfases, pero no son precisos. Es difícil juzgar el grado de rigor de la política y la tentación es seguir subiendo los tipos hasta que algo se rompa. Esta fue la tónica de los años 80 y 90.

En tercer lugar, la valoración de la política es más compleja hoy en día por lo que está sucediendo en otros lugares.

- La política monetaria se está endureciendo o se va a endurecer en todo el mundo en respuesta a la inflación, no sólo en Estados Unidos. El comercio mundial y la demanda externa se debilitarán como resultado.

- La actividad en Europa se ve muy afectada por la guerra en Ucrania y los esfuerzos en curso para embargar la energía rusa.

- El aumento de los precios de las materias primas actúa como un impuesto sobre el consumo, reduciendo los ingresos reales y el gasto en todo el mundo.

- China no está endureciendo su política monetaria, pero la política de Covid cero está afectando a la economía.

- Por último, la política fiscal está dando marcha atrás tras el apoyo masivo durante los confinamientos de Covid.

Así que la tarea de lograr un aterrizaje suave parece especialmente difícil en la actualidad. Los tipos de interés seguirán subiendo, ya que parten de niveles bajos, por debajo del tipo de "equilibrio".

Cuando una economía se encuentra a plena capacidad, éste es el tipo de interés necesario para evitar un exceso de estimulación (y posiblemente presiones inflacionistas indebidas) o una infraestimulación (que podría provocar una contracción económica y el riesgo de deflación). Esperamos otras cinco subidas consecutivas de los tipos de interés, con un máximo del 2,5 al 2,75% a finales de año. Algunos consideran que este tipo es coherente con una política neutral del banco central.

Sin embargo, teniendo en cuenta los actuales vientos en contra, podría acabar siendo lo suficientemente estricto como para hacer que la economía de EE.UU. se desplome. La inflación se controlará, pero el precio podría ser una crisis económica.