¿Qué implicaciones tendría una guerra comercial?


El equipo de Trump parece concebir las guerras comerciales como un eje central de su política más que como una estrategia de negociación. Analizamos las posibles consecuencias que se derivarían de la imposición de aranceles adicionales sobre las exportaciones chinas y europeas, como un incremento de la inflación y una ralentización del crecimiento.

¿Volverán las guerras de divisas?

Según el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, aunque EE. UU. haya empezado a subir los tipos, la zona euro no estará preparada para hacer lo propio hasta, «al menos», finales de verano de 2019. Parte de esta divergencia puede explicarse por la actividad económica, aunque también podría estar relacionada con la voluntad de contrarrestar el efecto de los aranceles estadounidenses sobre las condiciones financieras. Poner punto final al programa de expansión cuantitativa bien podría conllevar una apreciación de la moneda única, lo cual resultaría perjudicial para la competitividad de la zona euro en un entorno comercial complicado. La región está preparada para volver a ser el blanco de las políticas estadounidenses: Trump amenaza ahora con imponer aranceles sobre los automóviles.

China también parece estar respondiendo a los aranceles a través de su política monetaria en aras de impulsar la competitividad.

Tanto el euro como el yuan se han depreciado desde que comenzasen las tensiones comerciales: el yuan se sitúa actualmente en su nivel más bajo desde el pasado diciembre. Las guerras comerciales de Trump parecen haber iniciado un nuevo capítulo en las guerras de divisas.

Las empresas estadounidenses podrían estar en el punto de mira

Nuestros lectores habituales recordarán nuestro análisis «Guerras comerciales: ¿qué implicaciones tienen para la economía global?», publicado en mayo de 2018, donde analizábamos la capacidad de China para responder a los aranceles estadounidenses mediante acciones concretas orientadas a dificultar las operaciones de las empresas estadounidenses ubicadas en China, del mismo modo que las autoridades del gigante asiático entorpecieron la actividad de la firma coreana Lotte después de que Corea del Sur instalase un sistema de defensa antimisiles. La imposición de una estricta normativa contra incendios provocó el cese de sus operaciones y obligó al negocio de supermercados a abandonar China.

Habida cuenta de la considerable exposición de EE. UU. al mercado chino, el país norteamericano es muy vulnerable a este tipo de represalias indirectas. Por ejemplo, los datos de la Oficina de Análisis Económico de EE. UU. ponen de relieve que las firmas estadounidenses ubicadas en China lograron efectuar ventas por valor de 223.000 millones de dólares en 2015 y 150.000 millones de dólares a través de exportaciones desde EE. UU. General Motors vendió más vehículos en China que en Estados Unidos en 2017, y el número de iPhones activos en China es dos veces superior al de EE. UU.

Aunque China no ha expresado el deseo de poner a las empresas estadounidenses en la diana, esta opción sigue siendo una poderosa herramienta en su arsenal.

Posibles consecuencias del incremento de las tensiones

-          Repercusiones inflacionistas: sibien los aranceles actuales resultan perjudiciales para las empresas de determinados sectores (como los fabricantes del sector automovilístico y aeroespacial, entre otros), la imposición de aranceles adicionales seguramente afecte a los bienes de consumo, como la ropa, el calzado y los electrodomésticos. Esto podría conllevar un aumento de la inflación, dado que los consumidores tendrían que hacer frente a un incremento de los precios de los productos cotidianos.

-          Apreciación del dólar: a medida que los bancos centrales fuera de EE. UU. traten de compensar los efectos derivados del aumento de los aranceles sobre sus exportaciones a través de una relajación de su política y, como suele ser habitual en tiempos de incertidumbre, los inversores busquen activos refugio, probablemente presenciemos un incremento del valor del billete verde. Esto perjudicará al comercio y repercutirá en los mercados emergentes, ya que sus divisas se deprecian cuando el dólar se aprecia.

-          Menor crecimiento y mayor inflación (estanflación): en general, podríamos tener que incrementar nuestras previsiones de inflación debido al incremento de los precios de los bienes comercializados y reducir nuestras expectativas de crecimiento, dado que el comercio se ralentiza ante el debilitamiento de la demanda y la apreciación del dólar.

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