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Opinión de experto  - Estudio Global de Inversión

Los inversores piden al sector que actúe: ¿qué debemos hacer los gestores de fondos?

Jessica Ground, responsable global de Stewardship, explica por qué la sostenibilidad ya no es algo deseable para las compañías si no un imperativo.

30/09/2019

Jessica Ground

Jessica Ground

Directora global de Stewardship de Schroders

La sostenibilidad se ha hecho tan viral como Greta Thunberg cruzando el Atlántico. 

Sin embargo, el futuro del planeta no solo copa los medios y las redes sociales, también hablamos de él en casa, en la oficina o tomando un café con los amigos. Cada vuelo que cogemos, cada menú que pedimos, cada prenda que compramos puede hacernos sentir culpables. 

Para las empresas, la sostenibilidad ya no es algo “valorable”. Es imprescindible si quieren crecer, atraer talento y relacionarse con sus clientes. En resumen: es fundamental si quieren ser rentables a largo plazo. 

Entonces, ¿el cambio va más allá de la taza de café y la botellita de agua reutilizables que tenemos todos y debe reflejarse también en nuestras finanzas personales? Al intentar responder esta pregunta, los resultados del estudio son más claros de lo que cabría esperar. Son una llamada a la acción para todo el sector de la inversión.

Un fenómeno global que ha llegado a todas partes 

Para hacer el Estudio Global de Inversión de Schroders, hemos hablado con 25.000 personas de 32 regiones de todo el mundo que tenían más de 10.000 euros para invertir. Se trata de una de las mayores encuestas que hemos hecho y las conclusiones obtenidas en todas las localizaciones y generaciones están claras. Los inversores muestran más interés que nunca por la sostenibilidad. 

La abultada cifra del 60% tendrá en cuenta los factores de sostenibilidad al invertir. Dos tercios de los encuestados creen que sus decisiones de inversión pueden marcar la diferencia y ayudar a crear un mundo más sostenible.
Lo que quizá resulte más sorprendente es que esta preocupación no la tienen solo los más jóvenes. De hecho, es a los inversores de la generación X, que ahora tienen entre cuarenta y cincuenta años, a quienes más les interesa la sostenibilidad de sus inversiones. 

Al analizar las respuestas que obtuvimos al hacer una de las preguntas, vimos que el 61% de los encuestados de la generación X tienen siempre en cuenta los factores de sostenibilidad al elegir un producto de inversión, frente al 59% de los “millennials”. Puede que el mensaje de Thunberg esté calando entre los padres de jóvenes con su misma edad, que temen por el futuro de esos niños.

Y lo que es más importante, estos inversores de la generación X están en una etapa de su vida en la que deberían estar acumulando ahorros. El hecho de que ellos se preocupen de cómo van a afectar sus carteras al planeta indica un cambio real de actitud —y quizá un punto de inflexión para todos—. 

Pero, ¿qué quieren que haga el sector de la inversión en su nombre? 

Les hemos pedido a los inversores que clasifiquen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU por su importancia. Sus prioridades son, por este orden, el planeta, la prosperidad, las personas y la paz. El mensaje parece claro, quieren que los gestores de fondos tengan en cuenta el medioambiente, también el acuciante problema del cambio climático.

Cada vez hay más concienciación entre los inversores en cuanto al “cómo” quieren convertirse en inversores sostenibles. La vieja expresión “screening stocks” (filtrado de acciones) —que consiste en construir una cartera en la que no haya “sin stocks” (acciones del vicio) es la forma que menos adeptos tiene: tan solo un 21% de los encuestados la prefiere. Ahora, los inversores prefieren enfoques más proactivos: invertir en aquellas empresas que sean las mejores en cuestiones medioambientales o sociales (40%) o que hayan tomado la delantera en su preparación a estos cambios y probablemente sean más rentables (39%). 

Este cambio de actitud hacia los distintos enfoques de inversión tiene mucha importancia y, quizá, esté respaldado por la conciencia cada vez mayor de que sostenibilidad y rentabilidad no están reñidas. De hecho, es más bien al revés. 

A lo largo de los años, se les preguntaba a aquellos que mostraban interés por la inversión sostenible: “¿En qué quieres invertir?” Las respuestas apuntaban a una cartera hecha de restos y no a la búsqueda de empresas atractivas por su sostenibilidad.

Yo, que también soy de la generación X, quiero que mis inversiones hagan el mundo más sostenible. Quiero saber qué empresas son las mejores basadas en el  rigor y análisis. Tampoco me olvido de lo imperfecto que es el mundo y sé que, si no nos concentramos en fomentar que las empresas se hagan más sostenibles, no vamos a llegar demasiado lejos. Para conseguirlo, tenemos que hacer que tengan claro el verdadero sentido de la sostenibilidad. Desde el sector, hay que asegurarse de que esto sea así.

¿Cómo puede contribuir la industria a este cambio? 

Las respuestas a nuestra encuesta señalan que los inversores creen que el sector financiero podría hacer mucho más para ayudarles a invertir de forma sostenible. Quieren vernos actuar: hacer trabajo de presión para lograr un cambio en la regulación que incentive la inversión sostenible y crear una escala de calificaciones fáciles de entender de la mano de instituciones independientes en las que se pueda confiar. 

Los encuestados también quieren que sus asesores financieros les informen mejor sobre la sostenibilidad y que los gestores de inversiones tengan sus propias calificaciones internas para poder garantizar a los clientes que los fondos en los que invierten son realmente sostenibles. Más de la mitad (un 57%) cree que estas calificaciones les llevarían a invertir siguiendo sus valores.

Llevamos mucho tiempo haciéndolo

¿Cómo estamos desde Schroders reaccionando a lo que demandan los inversores? Un ejemplo sería nuestra herramienta SustainEx, capaz de cuantificar el impacto social y medioambiental de una empresa. Con ella, podemos ver todo lo que hace una compañía, lo bueno y lo malo. De esta forma, es posible construir carteras con la seguridad de que las empresas que hay en ellas nos valdrán a largo plazo.

En vez de centrarse en un problema concreto, SustainEx nos permite ser conscientes de cuestiones muy diversas, como la fiscalidad del azúcar, la escasez de agua o el impacto del juego online.

Además, con ella es posible identificar aquellas empresas cuya praxis no es sostenible porque también nos dice cuánto dinero arriesgamos al hacerlo. Ser gestores activos nos permite obligar a las empresas a rendir cuentas y garantizar que se adaptan y mejoran. 

Espero que, gracias a SustainEx, todas nuestras carteras acaben siendo sostenibles.

La revolución de la sostenibilidad

Estamos a punto de vivir una revolución de la sostenibilidad tan importante para la economía mundial como la llegada de internet. Si no hacemos algo ahora, nos arriesgamos a tropezar con las mismas piedras con las que tropezamos en la burbuja de las puntocom. No se trata de cambiar ya la taza del café, sino de darse cuenta de que si queremos que el mundo avance tenemos que acabar con diversos hábitos insostenibles, y eso tiene que tener un impacto en nuestras decisiones de inversión también.  

En los próximos 20 años, los riesgos relacionados con la sostenibilidad afectarán a toda la cadena de valor y a todos los sectores, al igual que internet ha cambiado todos los aspectos de nuestra vida. 

Para identificar qué empresas van a salir ganando y cuáles van a salir perdiendo habrá que ir un paso más allá de incorporar unas cuantas renovables en nuestras carteras, igual que había que hacer algo más que invertir en alguna que otra puntocom a mediados de los 90. 

Del mismo modo, las empresas a las que más afectó el boom de internet fueron aquellas que dominaban el mercado y no vieron venir la revolución. 

Por eso, si queremos tener éxito a largo plazo, tendremos que ver cómo afrontan hoy las empresas los riesgos a los que nos enfrentamos y quedarnos con aquellas que adopten un enfoque sostenible en todas sus decisiones.
Los inversores se toman en serio la sostenibilidad. El sector de la gestión de activos tiene que estar a la altura. Ya sea desde el punto de vista económico o medioambiental, no podemos seguir trabajando sin tener en cuenta todo lo que nos rodea. 

Hay que hacer algo ya. 
 
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