Opinión de experto 

Cómo persuadir a las empresas e influir en un futuro mejor


Las juntas generales anuales de las empresas podían resultar exasperantes en los años 80 y 90, en la era de la participación masiva en el accionariado en el Reino Unido.

Según comentaba un antiguo consejero delegado de aquel período: "Eran juntas muy intensas.”

Este nivel de confrontación no es tan habitual hoy en día. Por un lado, las juntas generales se han celebrado de manera virtual durante los confinamientos. No ha sido hasta las últimas semanas cuando han comenzado a retomarse las juntas presenciales en el Reino Unido y EE. UU.. En segundo lugar, por desgracia la asistencia a las juntas generales anuales no es como antes. Normalmente solo asiste un puñado de inversores individuales y los activistas solo aparecen en las juntas más polémicas de la empresa.

Y esto no solo sucede en el Reino Unido, sino en muchos de los mercados principales.

Aunque sería preferible que la asistencia fuera más numerosa y que hubiera debates más abiertos en las juntas generales, es importante comprender las posibles razones por las que han menguado estas cifras.

Un motivo podría ser que en otros ámbitos se está produciendo, discretamente, un cambio en materia de responsabilidad. Este cambio no es anual, sino que está presente durante todo el año. Se trata del diálogo entre las empresas y nosotros, los gestores de activos que representamos los intereses de la mayoría de accionistas.

Estas conversaciones no se prestan necesariamente con facilidad a llamativos titulares de prensa. Pero están acelerando un cambio a mejor en las empresas. Es un enfoque diferente a presionar para lograr progresos con propuestas de resoluciones en las juntas generales anuales, pero a menudo puede resultar más efectivo.

Cuando se trata de interactuar con empresas, ganarle partidas cortoplacistas a la dirección en las juntas generales anuales no es la forma más efectiva de impulsar cambios. Como inversores a largo plazo, nuestras interacciones con estas empresas se desarrollarán durante muchos años. Por eso es importante que estas empresas nos vean como un inversor serio que conoce exhaustivamente su negocio y que se dedica realmente a alentarles para que alcancen sus metas.

Esto incrementa nuestra influencia. Por ejemplo, hace casi 20 años, en 2002, comenzamos a interactuar por primera vez con la petrolera Shell sobre sus ambiciones climáticas. Desde entonces, hemos registrado 36 contactos con la empresa acerca de temas medioambientales por parte de gestores de fondos y analistas de todo Schroders. En la actualidad, Shell tiene como objetivo convertirse en una empresa de energía con cero emisiones netas en 2050, pero seguiremos insistiendo para que la empresa se mueva rápido y pedirle cuentas por posibles pasos en falso. Desde que entablamos la relación y los contactos, hemos visto cuatro cambios de consejero delegado en la empresa y esto pone de relieve la importancia de las relaciones a largo plazo para impulsar cambios que perduren.

Pero no nos confundamos, si la interacción no logra un progreso suficiente votaremos en contra de la dirección en la junta general anual. Es lo que hicimos el mes pasado con el gigante petrolero Exxon, provocando la sustitución de dos consejeros, y con Amazon, cuando votamos contra el consejero independiente principal como protesta por la falta de transparencia en cuanto a sus prácticas laborales.

Nuestra obligación consiste en conseguir rentabilidades y gestionar el riesgo para nuestros clientes y, por lo tanto, cuando sea necesario, no dudaremos en vender las empresas que no cambien con la suficiente celeridad. Esta conclusión representaría un fracaso de la interacción. Una intervención constante y colaborativa debería hacer que estos fracasos sean la excepción.

Tal y como señalaba la trascendental obra de Dale Carnegie de los años 30, es a través del diálogo respetuoso como se hacen amigos y se influye sobre las personas. Esto se aplica no solo a las empresas sino también a las personas. E influir en empresas de todo el mundo nunca ha sido más importante para los gestores de activos.