Opinión de experto 

El dilema del inversor: ¿necesitan los fondos sostenibles una desintoxicación digital?

El documental de Netflix The Social Dilemma resulta incómodo de ver para los usuarios de canales de redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat, YouTube o Twitter. Es decir, para casi todos nosotros.

Y como especialista en sostenibilidad que invierte (en el momento de escribir este artículo) en Alphabet, la empresa matriz de Google y YouTube, los temas tratados me parecen especialmente preocupantes.

¿De qué trata The Social Dilemma?

El documental se compone principalmente de entrevistas con "testigos", personas de la industria tecnológica que cada vez están más preocupadas por el impacto de sus creaciones, intercaladas con la historia de una familia ficticia que lucha contra los males de las redes sociales.

Como todos sabemos ya -y si no lo sabes, vete a ver el documental-, estas empresas tecnológicas ganan la mayor parte de su dinero vendiendo espacios publicitarios a otras empresas. Como se suele decir: "si es gratis, tú eres el producto". Sus servicios son gratuitos, pero no son empresas filantrópicas y necesitan ganar dinero.

A menos que se cuestione el principio básico del capitalismo, el debate se centra en cómo estas empresas ganan dinero y en las consecuencias no deseadas de que sean muy, muy buenas en ello.

¿Por qué las carteras sostenibles necesitan un detox digital?

Vemos dos problemas principales: la adicción y la polarización.

  1. El opio de las masas: la adicción

Las plataformas aumentan su valor para los anunciantes maximizando la participación de los usuarios: cuanto más tiempo pases en sus sitios webs, más anuncios podrán colocar. Y cuanto más sepan de ti, más podrán afinar su segmentación y más ganarán.

Como explican los expertos, los servicios se han diseñado para crear un "bucle de retroalimentación impulsado por la dopamina". La dopamina, la sustancia química que hace sentirse bien y que está relacionada con el comportamiento adictivo, se libera a través de las interacciones sociales positivas y la aprobación de nuestros compañeros.

Muchos de nosotros somos literalmente adictos a nuestra tecnología. Un estudio realizado en EE.UU. sugiere que una persona media coge su teléfono más de 2.600 veces al día. Esta ‘adicción’ afecta a la calidad de nuestro sueño e incluso se ha relacionado con un mayor riesgo de accidentes de tráfico. La presión por la aprobación social y los ejemplos irreales que se muestran en las redes sociales también se han atribuido al aumento de la incidencia de la depresión, los trastornos alimentarios y el suicidio, especialmente entre los jóvenes.

  1. Reglas de juego: la polarización

El nivel de interacción será mayor si la plataforma te ofrece contenidos que te resulten atractivos: puede tratarse de cosas en las que hayas mostrado interés previamente o contenidos que sean interesantes para"gente como tú".

Todos tendemos a buscar fuentes y compañías que reafirmen opiniones que ya tenemos. Las personas de diferentes convicciones políticas compran diferentes periódicos o ven diferentes canales de televisión, donde los columnistas y presentadores representan sus puntos de vista. La tecnología ha llevado esto a la enésima potencia. Esto es importante para la sociedad.

Hay numerosos estudios que sugieren que la polarización política se ha intensificado desde los años 90, especialmente en Estados Unidos.

Las redes sociales no son la única razón, pero es posible que contribuyan de forma significativa a esta polarización. Se podría decir que las empresas tecnológicas pueden ser culpables de la incitación al odio e incluso de la violencia política, pero en nuestra opinión creemos que esta visión es demasiado simplista. Las complejidades de las divisiones geopolíticas y sociales no pueden atribuirse a un solo factor.

Pero lo que sí es cierto es que las redes sociales han proporcionado una plataforma para contenidos perjudiciales y han permitido, y potencialmente fomentado, su difusión más allá y de forma más amplia de lo que era posible anteriormente.

¿Pueden las empresas tecnológicas seguir siendo una fuente positiva?

Las empresas tecnológicas han desempeñado un importante papel en la deflación de los precios de los bienes de consumo, promoviendo la innovación y reduciendo las barreras de entrada para las pequeñas empresas.

En los últimos años, las grandes empresas tecnológicas también han liderado las reglas medioambientales y la reducción de emisiones.

En este sentido, vemos dos vías importantes para mitigar el impacto negativo de la tecnología: la regulación y la educación.

En cuanto a la regulación, el entorno es cada vez más hostil. Europa ya ha tomado medidas graduales para reducir los poderes de las grandes empresas tecnológicas y el cambio de administración en EE.UU. podría dar paso a una mayor actividad reguladora. El reto para los reguladores es que se trata de modelos de negocio muy difíciles de regular. Pero hemos llegado a un punto en el que hay que hacer algo, aunque sea imperfecto.

Esta responsabilidad podría consagrarse por derecho. Se corre el riesgo de socavar el modelo de negocio ligero en capital y altamente escalable que hace que la tecnología sea tan atractiva para los inversores. Estos negocios son cada vez más intensivos en mano de obra, no sólo por el número de trabajadores que necesitan (Facebook ya tiene más de 15.000 empleados en Estados Unidos), sino por los salarios necesarios para atraer a personas que ejerzan como moderadores de contenidos.

En nuestra opinión, la educación es aún más importante. El mejor enfoque es probablemente el mismo que empleamos con otras fuentes de daño potencial como las drogas y la bebida: hablar abierta y honestamente sobre los riesgos que conllevan. Incluso hay argumentos para incluir la "higiene en Internet" en el programa escolar. Cuanto mejor comprendamos todos, y especialmente los jóvenes, las técnicas que utilizan las plataformas, más podremos protegernos.

Por qué sigo invirtiendo en Alphabet

Mi equipo y yo exigimos altos niveles de ética empresarial y un trato justo a los stakeholders en todas las participaciones de nuestras estrategias sostenibles.

Sin embargo, ninguna empresa es perfecta, y en todos los casos el reto consiste en sopesar los aspectos positivos y negativos. Podemos colaborar con las empresas para ayudar a inclinar la balanza hacia lo positivo.

Creo que hay una diferencia entre Alphabet, empresa matriz de Google y YouTube, y las plataformas de redes sociales puras. Su principal producto es la búsqueda, en la que ha invertido mucho, y esto añade un enorme valor a nuestro día a día. Los consumidores siguen pensando que Google tiene el mejor algoritmo.

Los reguladores, especialmente en Europa, exigen a Alphabet que la publicidad sea más transparente y que no dé prioridad a sus propios servicios, lo que ha evitado los abusos de poder más atroces. Mientras tanto, los otros servicios de la compañía -Android, Mail, Maps, Meet- son más herramientas que aplicaciones, por lo que no me parece que la adicción sea un problema tan importante.

Alphabet también es uno de los mejores cuando se trata de proporcionar al usuario acceso a los datos y transparencia sobre cómo se utilizan.

El área más problemática es YouTube, que se asemeja más a las plataformas de redes sociales en el sentido de que alberga contenidos generados por los usuarios y tiene el mismo incentivo para polarizar a la gente, aunque las pruebas de ello son contradictorias.

Es alentador que YouTube cambiara su algoritmo el año pasado para que los vídeos que han estado al borde de la eliminación tengan menos probabilidades de ser recomendados.

YouTube también está experimentando con un modelo "freemium" (YouTube plus) que podría ampliarse para reducir la influencia de la publicidad y poder destinar más recursos para la moderación de contenidos.

Dicho esto, pasamos mucho tiempo vigilando y debatiendo la conducta y la cultura de Alphabet, atentos a las señales de alarma que puedan sugerir que la ética empresarial de la empresa se está deteriorando.

Analizamos cada noticia y seguimos los portales de empleados como Glassdoor y los blogs de los empleados. Hasta la fecha, nos ha impresionado la cultura inusualmente abierta de Alphabet, que puede dar lugar a desagradables titulares, pero que también garantiza el debate y los desafíos al liderazgo.

Pero reconocemos que esto puede ser difícil de mantener con una empresa de este tamaño. Por eso seguiremos examinando y comprometiéndonos con la empresa para comprobar si nuestra convicción se mantiene o hay que hacer más.

Para nosotros, la actividad de Alphabet es actualmente una fuerza positiva, pero seguimos atentos a cualquier cambio de dirección.

¿Necesitan los fondos sostenibles una desintoxicación digital?

El documental de Netflix The Social Dilemma presenta a las empresas tecnológicas como villanos que destruyen el tejido social.

Esto resulta convincente, pero la realidad tiene más matices. Estamos de acuerdo en que los efectos psicológicos de las redes sociales pueden ser perjudiciales, con modelos de negocio que se alimentan de la adicción y la polarización.

Pero esto no significa que las empresas tecnológicas -y sus productos- sean todas tóxicas. Como muchas cosas, las redes sociales pueden ser beneficiosas y agradables si se consumen con moderación.

Sin duda, se podría hacer más en términos de regulación y educación, pero no podemos confiar sólo en las soluciones que nos vienen dadas “desde arriba” (top-down solutions). A fin de cuentas, los inversores sostenibles tienen un papel que desempeñar a la hora de exigir responsabilidades a estas empresas y fomentar un cambio positivo cuando sea posible.

Una desintoxicación digital es demasiado extrema y poco realista. Pero una revisión digital periódica podría ser el justo medio.

Las referencias a las empresas son sólo ilustrativas y no constituyen una recomendación de compra o venta, ni una opinión sobre el valor de las acciones de la empresa