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La crisis del gas en Europa: ¿qué significa para los inversores?


La precaria situación del suministro de gas en Europa ha sido uno de los principales focos de atención de los mercados desde la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero. La Unión Europea (UE) y varios países se apresuraron a aplicar sanciones al petróleo ruso. Sin embargo, el gas es un asunto más complicado dada la dependencia de las principales economías europeas -sobre todo Alemania- del gas natural procedente de Rusia.

La situación se hizo aún más crítica cuando un importante gasoducto de suministro -Nord Stream 1- se cerró por mantenimiento en julio. Aunque el gasoducto ya ha vuelto a funcionar, el suministro de gas se ha reducido.

La demanda de gas es menor en verano, pero esta reducción de la oferta pone en peligro el objetivo de la UE de llenar los depósitos de gas hasta el 80% de su capacidad en noviembre de este año, y hasta el 90% en 2023.

Por ello nos preguntamos ¿qué significa esto para las economías y los mercados europeos?

¿Cuál es el impacto en los precios del gas?

"Europa se enfrenta a un periodo de 18 a 24 meses de precios muy elevados del gas y la electricidad", afirma Mark Lacey, responsable de Global Resource Equities de Schroders. "Europa se ha convertido y seguirá siendo el mercado premium del gas durante este periodo, con precios superiores a los de Asia o Estados Unidos. Esta prima durará hasta que empecemos a ver nuevos volúmenes significativos a partir de 2024/25".

Los altos precios pueden abordarse por dos vías: una reducción de la demanda o un aumento de la oferta. Los países europeos están tomando medidas para atajar la demanda.

Según Azad Zangana, economista y estratega europeo senior de Schroders, "los Estados miembros de la UE acordaron recientemente una reducción voluntaria del 15% en el consumo de gas, pero ésta podría convertirse en obligatoria si el suministro sigue interrumpido".

"Aunque la inflación de la energía se redujo del 42% al 39,7% interanual en la última lectura, esperamos que nuevas subidas de precios mantengan la energía y la inflación general elevadas en el segundo semestre de este año, lo que a su vez reducirá el poder adquisitivo de los hogares".

Los elevados precios pueden provocar por sí mismos un descenso de la demanda, ya que los usuarios limitan su consumo de gas.

Según Mark Lacey, : "tras una subida de precios de alrededor del 400% interanual, es inevitable que se destruya algún elemento de la demanda. Es probable que la demanda de gas en Europa caiga en torno a un 10% en 2022. Incluso con precios más bajos, es poco probable que crezca significativamente en 2023, dado el riesgo de recesión".

El siguiente gráfico indica cómo se espera que caiga la demanda de gas este año en la mayor parte de Europa.

Diferentes impactos en Europa

Los países de la UE tienen perfiles muy diferentes en cuanto a la cantidad de gas que anteriormente suministraba Rusia.

Para Irene Lauro, economista medioambiental de Schroders, "la UE importa el 90% de su consumo de gas y Rusia proporcionó alrededor del 45% de esas importaciones en 2021. Austria y Polonia importaron más del 80% del gas de Rusia en 2021, Alemania más del 50%, mientras que para Francia y España la cuota fue inferior al 8%".

Algunos países tienen opciones alternativas al gas canalizado desde Rusia. Países como Reino Unido y España tienen una importante capacidad de GNL (gas natural licuado), lo que significa que pueden recibir cargamentos de GNL importados. Italia ha firmado recientemente una serie de acuerdos de gas con Argelia.

Sin embargo, no siempre existe la infraestructura necesaria (plantas de regasificación para convertir el GNL en gas, o los gasoductos) para suministrar este gas a las zonas centrales de Europa, donde se necesita con mayor urgencia. 

El siguiente gráfico muestra cómo las energías renovables pueden ser parte de la respuesta a la escasez de gas. El gráfico muestra en azul el porcentaje medio anual de generación de electricidad que depende del gas natural ruso, mientras que el verde representa el crecimiento previsto de las energías renovables en el periodo 2021-23.

Según Irene Lauro "Alemania e Italia dependen en gran medida de Rusia en términos de generación absoluta de electricidad. Sin embargo, según las expectativas de la AIE (Agencia Internacional de la Energía) en materia de energía eólica y solar para los próximos dos años y teniendo en cuenta las políticas actuales, el potencial de las energías renovables para reducir la dependencia en Alemania es significativamente mayor que en Italia. Mientras tanto, la dependencia de Francia y los Países Bajos del gas ruso es relativamente baja, con un importante potencial para que las renovables desplacen al gas ruso".

¿Cuál es el impacto a nivel corporativo en el corto plazo?

La dependencia de Alemania del gasoducto Nord Stream 1 y la falta de opciones alternativas, significa que es la economía con mayor riesgo de escasez de gas. A principios de este año, el Gobierno alemán dio a conocer un plan de racionamiento de gas en tres fases que podría reducir el suministro a la industria para garantizar la disponibilidad para los hogares y las instituciones críticas como los hospitales.

En este caso, los sectores de alto consumo energético, como la producción de metales y los productos químicos, serían los más afectados a corto plazo.

Arianna Fox, analista de renta variable europea de Schroders, dijo: "El sector químico es uno de los que está directamente expuesto al riesgo de escasez de gas, dado lo intensivo que es en energía y lo mucho que se concentra en Alemania. El gobierno podría introducir un racionamiento, pero todavía hay muchos interrogantes sobre cómo se desarrollaría.

"Por ejemplo, ¿se enfrentarán todas las industrias al mismo nivel de racionamiento? Podría darse el caso de que el gobierno intentara proteger a industrias como la de producción de alimentos y bebidas, o a las empresas sanitarias. En ese caso, otras industrias, como la química, tendrían que soportar una mayor carga, lo que afectaría más a su producción.

"El problema es que las sustancias químicas se utilizan en muchos productos y procesos. En última instancia, todas las industrias sentirían el impacto de la reducción del suministro o el aumento de los precios de los productos químicos. Las empresas podrían intentar importar los productos químicos que necesitan de fuera de Europa, pero las cadenas de suministro siguen interrumpidas después del Covid y no hay garantía de que las plantas de fuera de Europa tengan capacidad de reserva".

Por supuesto, el racionamiento no existe actualmente, pero los mercados financieros odian la incertidumbre. Los precios de las acciones de las empresas químicas europeas han caído bruscamente como consecuencia de ello.

Asimismo, añade que "algunas empresas químicas podrían parecer inversiones atractivas, teniendo en cuenta lo mucho que han caído ya las acciones, sobre todo si no se da el "peor escenario" de un corte de suministro del gas ruso".

De hecho, puede ser que esta temida posibilidad no llegue a materializarse.

Mark Lacey comentó: "Creemos que es más probable que continúen los flujos de los oleoductos (aunque a niveles reducidos) que un corte total. Un corte haría que Rusia perdiera toda su influencia política y económica sobre Europa. Además, la pérdida de ingresos por la venta de gas debe tener un impacto significativo en los ingresos de exportación del país".

También es posible que se pida a los hogares que asuman una mayor parte de la carga, lo que ayudaría a proteger al sector empresarial. Alemania ha desvelado planes para una tasa sobre el gas que también afectaría a los hogares.

La posible recesión plantea un riesgo más

Los elevados precios del gas son sólo uno de los varios factores que podrían pesar sobre la actividad económica en Europa. El crecimiento del PIB alemán fue nulo en el segundo trimestre, aunque el crecimiento del primer trimestre se revisó al alza.

Según Azad Zangana, economista y estratega europeo senior de Schroders: "Seguimos esperando un crecimiento razonable para los estados miembros del sur de la UE, que no han disfrutado de una temporada turística completa desde 2019.

"Sin embargo, está claro por lo que estamos viendo en Alemania que la inversión de capital global se ha desacelerado en respuesta a los crecientes tipos de interés y las preocupaciones sobre el crecimiento. Los confinamientos en China tampoco han ayudado. Teniendo en cuenta también la fuerte dependencia del gas ruso, parece que los Estados miembro del norte son especialmente vulnerables de cara a los próximos dos o tres trimestres".

La posibilidad de que se produzca una desaceleración económica más amplia, o una recesión, complica aún más las opciones de empresas como los productores de productos químicos, que pueden verse obligados a recortar sus volúmenes de producción por falta de gas.

Para Arianna Fox, analista de renta variable europea de Schroders, "normalmente, las empresas que se enfrentan a un descenso del volumen intentan proteger los beneficios subiendo los precios. Pero eso es difícil para las empresas químicas en el entorno actual, en el que los clientes ya han soportado subidas de precios. En su lugar, es probable que la demanda caiga".

¿Cuándo bajarán los precios?

La demanda de gas no sólo es alta en Europa, sino en todo el mundo. Los países quieren cerrar las plantas de carbón contaminantes y pasarse al gas natural como paso intermedio para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto significa que Europa compite actualmente con países como India y China por el GNL (Gas natural licuado), y los cargamentos van a parar a los que pueden pagar los precios más altos.

Otro problema es que la oferta de GNL que llegará al mercado en los próximos dos años es limitada.

Según Mark Lacey, responsable de Global Resource Equities de Schroders: "La principal razón de esta falta de oferta es la escasa inversión en proyectos de gas en fases anteriores y al aplazamiento de proyectos. Esto se debe, en gran medida, a la pandemia del Covid-19, así como a los bajos precios locales del gas en el pasado.

"Sin embargo, más allá de los próximos 24 meses, Europa empieza a tener algunas opciones alternativas de suministro de gas. Será entonces cuando empecemos a ver el aumento del nuevo suministro procedente de EE.UU. y Qatar".

Dicho esto, incluso cuando el nuevo suministro de GNL esté disponible, es poco probable que los precios del gas bajen a sus niveles anteriores, dada la creciente demanda de otras regiones y del gas como combustible de transición.

Para Mark Lacey "Los precios del gas en Europa (y en Asia) presentan un claro riesgo de caída desde los niveles actuales, pero cuando se "normalicen", es probable que retrocedan hasta un nivel de base más alto. Por ejemplo, en lugar de un precio a largo plazo de entre 5 y 10 dólares/mcf (mil pies cúbicos), podría ser más sensato un precio de entre 12 y 18 dólares/mcf".

Esto tendría implicaciones a largo plazo para los sectores que hacen un uso intensivo de la energía, como el químico, incluso una vez superada la crisis actual. Seguirían teniendo que hacer frente a costes más elevados de lo que estaban acostumbrados, lo que afectaría a su rentabilidad.

Arianna Fox añadió: "Esto podría provocar un cambio estructural a largo plazo que reduciría la competitividad de las empresas químicas que producen en Europa. Las empresas químicas podrían tratar de trasladar la producción a países donde el coste del gas sea más barato".


¿Hay algún ganador?

A medio y largo plazo un claro ganador de esta crisis será probablemente el sector de las energías renovables. La necesidad de frenar las emisiones nocivas y de reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles rusos van de la mano.

Los proyectos de energías renovables, como los parques eólicos o solares, pueden no ser soluciones inmediatas al problema, pero son mucho más rápidos de poner en marcha que una central nuclear, por ejemplo.

El aumento de los precios energéticos también se refleja en los precios de los contratos a largo plazo, lo que significa que los beneficios de la inversión en estos proyectos parecen ahora más atractivos.

Según Mark Lacey, "los contratos de compra de energía (PPAs por sus siglas en inglés) han aumentado de forma constante, pasando de 40 euros/Mwh en marzo de 2021 a algo menos de 100 euros/Mwh en junio de 2022.

"Esto tiene un impacto directo en la rentabilidad de los proyectos de energías renovables, y los promotores observan que algunas tasas internas de beneficios de los proyectos (una medida utilizada para estimar la rentabilidad) han aumentado del 5-6% hace dos años, a cerca del 11-12% ahora".

En mayo de este año, la UE dio a conocer su plan "RePowerEU", destinado a eliminar gradualmente la dependencia del gas ruso y garantizar un suministro más diversificado de energía procedente de fuentes con menos emisiones. La crisis de este verano y los bajos volúmenes de gas procedentes de Rusia acentúan la necesidad de acelerar esa eliminación. En última instancia, esto hará bajar los precios y hará que la UE sea más autosuficiente en términos de generación de energía.

Sin embargo, puede que no sea un viaje directo hacia las energías renovables. Por ejemplo, las medidas para amortiguar el impacto del precio del gas en los consumidores pueden tener consecuencias imprevistas.

Según Irene Lauro, economista medioambiental de Schroders: "Los gobiernos están ofreciendo medidas para proteger a los hogares vulnerables de la subida de los precios de la energía mediante subvenciones, supresión de recargos o limitación de los precios de la electricidad. Subvencionar el consumo de energía es importante para ayudar a los consumidores con la crisis del coste de vida a corto plazo. Pero puede tener algunos inconvenientes, al incentivar indirectamente el uso de la energía de los combustibles fósiles y hacer que el cambio necesario de las tecnologías sucias a las más limpias sea aún más caro a largo plazo".

Sin embargo, a corto plazo, hay un claro ganador que sale de la crisis actual: Los productores estadounidenses de gas. Los precios más altos del gas hacen económicamente viable la recuperación del gas estadounidense de lo que hubiera sido posible con los precios del gas a 3,00 $/Mcf.

Según Mark Lacey, “lo más importante es que alrededor de dos tercios de la base total de recursos de gas de EE.UU. se encuentran en Texas, Pensilvania, West Virginia y Oklahoma. Todos estos mercados tienen acceso transportable a los mercados internacionales y están convenientemente situados para exportar gas a Europa a un precio atractivo de unos 8,90 $/Mcf.

"También es probable que esto impulse los precios del gas estadounidense a largo plazo. En lugar de retroceder hasta su coste interno de unos 3,00 $/Mcf, creemos que tiene más sentido que los precios coticen en torno a los 5,00-6,00 $/Mcf. Claramente, esto aumenta el atractivo de las empresas de gas estadounidenses para los inversores".