Perspectivas para 2018: renta variable europea


Seguimos barajando buenas perspectivas para la renta variable europea en 2018, incluso después de sus recientes ganancias. El índice MSCI Europe se ha revalorizado un 9,3 % en lo que va de año y las valoraciones europeas a largo plazo se están aproximando a sus medias históricas.

Por tanto, podría decirse que el mercado no está especialmente barato. No obstante, creemos que pueden lograrse sólidas rentabilidades el próximo año gracias a tres factores: la mejora de los márgenes de beneficio de las empresas, el descenso de la inflación y la caída de las correlaciones.

¿Cuáles son las perspectivas para los márgenes de beneficio de las empresas?

La economía europea es un superpetrolero: le lleva su tiempo cambiar de dirección o acelerar. Sin embargo, tras la crisis financiera mundial y la crisis de la deuda pública, la recuperación económica de la región se encuentra actualmente en pleno apogeo.

La mejora del contexto económico está contribuyendo a respaldar la demanda. A su vez, la rentabilidad empresarial europea ha mejorado progresivamente.

Esto se debe, en parte, a una mayor capacidad de fijación de precios (es decir, la capacidad de las compañías para subir precios sin mermar la demanda). Este fenómeno también responde al apalancamiento operativo a medida que se utiliza la capacidad disponible en la economía, lo que implica que las empresas pueden producir más manteniendo los costes estables.

Aun así, pese a esta reciente mejora, los márgenes de beneficio de las empresas europeas continúan rezagados respecto a los de sus homólogas estadounidenses. Esto contrasta con lo vivido en los años 2000, cuando existía un elevado grado de similitud entre los márgenes de beneficio de ambas regiones.

Reducir esta brecha probablemente requiera varios años. La continuidad de la actual expansión de los márgenes de beneficio en un contexto de aceleración del crecimiento en Europa debería brindar oportunidades para que las empresas superen las previsiones de consenso en cuanto a beneficios.

Otra noticia positiva para los inversores en bolsa es que el fantasma de la deflación se ha desvanecido, pero la inflación se mantiene en un plano discreto. Esto se debe a diversos factores, como los cambios demográficos y la revolución propiciada por las nuevas tecnologías, entre otros. En nuestra opinión, es probable que la inflación continúe en niveles reducidos, aunque por encima de los mínimos extremos de hace un par de años.

Una inflación reducida puede resultar beneficiosa para la renta variable

En un entorno de inflación baja, la renta variable puede suponer una excelente alternativa a otras inversiones poco rentables como la renta fija, lo que a su vez brinda margen para un descenso de la prima de riesgo de las acciones. Se trata de la rentabilidad por encima del tipo sin riesgo (es decir, el que arroja la deuda pública) que recompensa a los inversores en bolsa por asumir el riesgo relativamente superior que conlleva invertir en renta variable.

A su vez, un descenso de la prima de riesgo de las acciones contribuye a una valoración del mercado general superior a la norma histórica.

Esto hace referencia al mercado en su conjunto, pero es evidente que existen grandes diferencias en las valoraciones de los diferentes sectores. Creemos que otro aspecto importante que podría favorecer a la renta variable el próximo año debería ser la reducción de las correlaciones entre sectores.

Las correlaciones bursátiles están cayendo

La correlación mide en qué grado las acciones o sectores se comportan de la misma manera. En los últimos años, las plazas bursátiles se han visto impulsadas principalmente por factores macroeconómicos —como la relajación cuantitativa—, lo que implica que las correlaciones han sido elevadas.

Como consecuencia de ello, los profesionales de la gestión activa han llegado a la conclusión de que el análisis fundamental de títulos era menos efectivo de lo que debería haber sido a la hora de distinguir entre valores bien y mal orientados.

Esto ya ha comenzado a cambiar y creemos que la tendencia de menor correlación —tanto entre los distintos sectores como en cada uno de ellos— debería tener recorrido. Las cotizaciones de muchas compañías siguen impulsadas de manera artificial por factores macroeconómicos; otras, sin embargo, están legítimamente respaldadas por sólidos fundamentales. Ante la caída de las correlaciones entre títulos, creemos que el mercado mostrará la naturaleza real de cada uno.

Esto genera un entorno más propicio para nuestro enfoque de inversión, basado en el análisis a nivel de títulos concretos. Un mundo con un menor grado de correlación apunta a que deberíamos lograr rentabilidades superiores seleccionando los títulos específicos adecuados en vez de centrarnos en amplias temáticas macroeconómicas.

La volatilidad genera oportunidades

A comienzos de 2017, los inversores se mostraban preocupados por el trasfondo político en Europa y, concretamente, por el resultado de las elecciones presidenciales francesas. La victoria del centrista Emmanuel Macron tranquilizó a los mercados y las preocupaciones políticas se esfumaron.

No obstante, el plano político no ha desaparecido de escena, tal y como pusieron de manifiesto el referéndum independentista en Cataluña y el fracaso de las negociaciones para formar un Gobierno de coalición en Alemania. Los comicios italianos están programados para mayo de 2018 y las conversaciones sobre el brexit continúan.

Tendemos a ver la volatilidad que rodea a los acontecimientos políticos como una posible oportunidad de compra. A menudo, el riesgo político puede estar excesivamente descontado, lo que implica que los títulos caen hasta valoraciones que no reflejan sus fundamentales. Esto puede brindar a los profesionales de la gestión activa la ocasión de aprovechar oportunidades y adquirir acciones a unas valoraciones muy interesantes.

La recuperación económica de la zona del euro continúa con paso firme y el banco central sigue prestando apoyo, aunque en menor medida. Además, la incertidumbre política suele derivar en un descenso del euro, lo que a menudo es una buena noticia para los exportadores de la región.

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