Opinión de experto 

Informes de mercado

Por qué los inversores tendrán que excavar un poco más profundo en 2020

No pensamos que el cambio de década traiga consigo un fiestón como el de 1999, pero tampoco es momento de ser pesimistas.

Es verdad que en lo que a la economía se refiere no todo es de color rosa y vemos que los datos sobre la actividad industrial son mediocres. Sin embargo, la ausencia de inflación ha hecho posible que los bancos centrales sean mucho más proactivos de lo que normalmente serían, y vemos muestras de estabilización de la política monetaria. 

En un contexto de incertidumbre económica, los inversores buscaban firmas que ofrecieran un crecimiento sostenido y sólido. 

De cara al año que viene, aquellos sectores más sensibles al ciclo económico podrían recuperar el favor del mercado, siempre y cuando la economía siga estabilizándose.  En este sentido, se plantean desafíos en dos frentes: en primer lugar, el estímulo fiscal en los EE. UU. va perdiendo fuelle y la tensión entre el país norteamericano y China a cuenta del comercio sigue siendo uno de los riesgos más importantes. 

Por lo tanto, es muy probable que los mercados sigan dependiendo en gran medida de la liquidez. Han pasado a ser muy dependientes de los efectos de la expansión cuantitativa (QE), la tan anunciada política de compra de cantidades ingentes de bonos gubernamentales y otros activos financieros por parte de los bancos centrales con el fin de inyectar liquidez al sistema.

Uno de los efectos que ha tenido es que los rendimientos de los bonos se mantengan en mínimos, lo que hace que la renta variable (las acciones) suban. A pesar del fin del QE, creo que lo natural sería que las acciones fuesen subiendo poco a poco.

Empecemos por la renta fija

En 2019, la caída en los rendimientos de los bonos ha mejorado las valoraciones de casi todas las demás clases de activos, por lo que es importante empezar por las expectativas de rendimiento de los bonos gubernamentales de países desarrollados. 

En este punto, creo que cualquier subida del rendimiento de los bonos (y, por ende, cualquier bajada en sus precios) probablemente serán moderadas debido a la ausencia de una recuperación económica sólida, la inflación baja y la demanda de rendimiento por parte de los inversores institucionales, habida cuenta de que los fondos de pensiones buscan reducir su exposición al riesgo. (Están rebajando su exposición a aquellos activos de mayor riesgo, como la renta variable, e incrementando la tenencia de otros más estables, como la renta fija que genera rendimiento).

Esto supone un cierto apoyo para las valoraciones de la renta variable. Sin embargo, por ahora es complicado ver una nueva recalificación con la que los inversores muestren un mayor entusiasmo por esta clase de activo y estén dispuestos a pagar más por ella.  

Los tipos bajos también han provocado una búsqueda incesante de rendimiento en los mercados de bonos corporativos (crédito) que prevemos que se mantendrá. Nos decantaríamos por un enfoque más selectivo en estos mercados.

 

Una de cal y otra de arena para beneficios y renta variable

Esto nos lleva a hablar de las ganancias de las empresas (sus beneficios). Creemos que las previsiones para 2020 parecen elevadas, sobre todo en los EE. UU. Esto se debe a que el país se encuentra en la última fase del ciclo económico, que describe las fluctuaciones de la economía entre los periodos de expansión (crecimiento) y contracción (recesión). En la última fase (el periodo previo a la recesión), los costes de producción de las empresas, como los materiales y la mano de obra, suben. Prevemos que esta situación hará mella en los márgenes de beneficios de las firmas estadounidenses, provocando que estos solo crezcan en cifras pequeñas de un solo dígito. 

Sin embargo, puesto que las ganancias ya son bajas en Europa, Japón y China, es posible que en el resto del mundo haya mejoras más evidentes en 2020. 

Las encuestas al sector industrial, que vigilan la evolución mensual de la producción, se han estabilizado. Es una buena señal para la renta variable de mercados emergentes, que este año han quedado por detrás del resto. En general, vemos con buenos ojos la renta variable internacional en relación con la estadounidense y, como ya hemos dicho, creemos que lo más probable es que las Bolsas suban.

La economía que saldrá del paso

La liquidez inyectada por los bancos centrales, sobre todo, por la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) ha reducido el riesgo de recesión, sin embargo, las tasas de préstamo de los bancos comerciales siguen siendo bajas.  Para poder hablar de una recuperación económica más pronunciada, tendríamos que ver muestras de un incremento en la liquidez del sector privado. 

Los esfuerzos de la Fed pueden servir para devaluar el dólar, algo que sería particularmente positivo para los mercados emergentes. Sin embargo, por ahora, esta divisa sigue respaldada por el hecho de que los tipos son más elevados en EE. UU. que en el resto de mercados principales, por lo que es posible que cotice en niveles altos durante más tiempo. 

La política fiscal (la aplicación por parte de los Gobiernos de medidas fiscales y de gasto) ha sido un tema de debate recurrente entre los inversores últimamente. Creemos que el Reino Unido aprobará medidas expansivas en este aspecto. Sin embargo, en los Estados Unidos, el efecto de las mismas se va desvaneciendo, y, en Alemania, parece que la voluntad política para ponerlas en marcha brilla por su ausencia.

Desde el punto de vista económico, esperamos conseguir ir saliendo del paso el año que viene

 

La política sigue siendo la caja sorpresa

En un mundo cada vez más desigual y, por tanto, con cada vez más partidos extremistas, la política sigue siendo la principal fuente de sobresaltos. 

Lo que ocurra en los EE. UU. será particularmente importante para el resto del mundo. Puesto que no hay muchos indicadores que apunten hacia una expansión vigorosa del comercio mundial, un deterioro de las relaciones entre el país norteamericano y China en este aspecto sería difícil de resistir con estas valoraciones iniciales. Además, con unas elecciones a la vuelta de la esquina, es difícil predecir qué estrategia seguirá el presidente Trump. 

Al mismo tiempo, la rentabilidad de las empresas estadounidenses se ha visto disparada por unos impuestos bajos, por lo que también hay que ver qué ocurre en la campaña demócrata. Por último, en Europa, es necesario que se descarte por completo un Brexit sin acuerdo, ya que, de producirse, crearía una gran incertidumbre en el mercado. Entretanto, en Asia, la situación de Hong Kong sigue siendo volátil.

Concentración en el valor relativo

Tras un buen 2019, esperamos que las ganancias del mercado se moderen en 2020. Sin embargo, si excavamos bajo la superficie, encontraremos oportunidades. 

Este año, la rentabilidad de los activos más caros, ya sean valores defensivos de “calidad” o renta fija europea, ha sido elevada. Se trata de un reflejo del entorno de debilidad económica en las valoraciones del mercado. 

Conforme los datos van estabilizándose y el riesgo de recesión se aleja gracias a la intervención de los bancos centrales, una tesis generalizada en nuestros equipos de inversión trata de explotar algunas valoraciones extremas que esta huida hacia la “seguridad” ha creado. Esto implica centrarse en áreas de valor relativo decantándonos por la renta fija estadounidense frente a la europea, con rendimientos negativos, la renta variable internacional frente a la estadounidense o los valores cíclicos frente a los defensivos.

El mercado puede parecer un poco apagado en general, pero si excavamos un poco, veremos que algunos precios resultan tentadores para gestores de fondos activos como nosotros.

 

El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y puede que no vuelvan a repetirse. 

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