Opinión de experto 

¿Por qué los líderes climáticos pueden suponer menos riesgo?


Cuando se trata de inversión y cambio climático, se tiende a pensar en las oportunidades que ofrecen las empresas que hacen posible la transición a un futuro de bajas emisiones. Estas empresas proporcionan los productos, servicios y tecnologías esenciales para reducir las emisiones en el futuro.

Sin embargo, está emergiendo una nueva temática de inversión importante: el concepto de líder climático. Estas empresas pueden tener actividades en cualquier sector, pero todas comparten la ambición por liderar su sector en la senda de reducción de gases de efecto invernadero.

Creemos que las empresas que lideran la descarbonización deberían ser una buena inversión por tres razones:

  1. Los líderes climáticos deberían disfrutar de una ventaja de costes. Esto se debe a que cada vez sale más caro contaminar, ya que los créditos de carbono y su fiscalidad van al alza. El coste de compensar la contaminación también crece.
  2. Los líderes climáticos pueden beneficiarse cada vez más del “efecto red”. Las empresas que quieran reducir sus emisiones totales intentarán de buscar proveedores que hagan lo mismo, creando así un círculo virtuoso en el que ser un líder climático ayudará a una empresa a conseguir nuevos contratos.
  3. Los líderes climáticos deberían considerarse inversiones de menor riesgo conforme la acción política y social aumenta.

En este artículo, nos centraremos en la intensificación de la regulación y la lucha contra las emisiones y las razones por las que los líderes climáticos deberían verse reforzados en este contexto.

Los líderes climáticos minimizan los riesgo

Los cambios normativos en asuntos climáticos y medioambientales afectan a una gran variedad de ámbitos. Esto se puede ver en diversos instrumentos legislativos y actuaciones legales recientes:

  • Prohibición de los plásticos de un solo uso en la Unión Europea
  • Prohibición de los vehículos nuevos con motor de combustión interna en muchos países de todo el mundo (en Noruega, ya en 2025)
  • Prohibición de la instalación de calderas de gas en las viviendas de obra nueva del Reino Unido desde 2025. Varios países más de la UE cuentan con normas parecidas
  • Algunos Estados de EE. UU. demandan a petroleras por el cambio climático
  • Éxito de las acciones legales contra Shell, que exigen a la compañía acelerar el ritmo de reducción de emisiones

Estos ejemplos dan buena cuenta de los riesgos regulatorios y jurídicos a los que se enfrentan aquellas empresas que siguen contaminando y generando emisiones nocivas.

El riesgo que plantean los activos varados ya es especialmente preocupante para las compañías vinculadas a los combustibles fósiles, pero irá afectando a cada vez más activos que tengan vida útil prolongada que no encajen en una economía con cero emisiones netas. Los activos varados son aquellos que resultan valer menos de lo previsto debido a cambios vinculados con la transición energética. Por ejemplo, las empresas pueden encontrarse con que hayan invertido en activos destinados a la producción de crudo que quizá nunca puedan ponerse en marcha, o que tengan que cerrar de forma anticipada debido a la legislación para reducir las emisiones.

El sector inmobiliario también afronta sus particulares riesgos. Además de los riesgos físicos derivados del cambio climático y del aumento del nivel del mar, la necesidad de invertir para cumplir una legislación más estricta en materia energética y de emisiones acortará la vida útil de los inmuebles con calidades más bajas.

La industria naviera y aérea también cuentan con activos con vidas útiles muy largas, y es probable que las actuales y futuras normativas de descarbonización del sector exijan un nuevo ciclo de inversión y la retirada anticipada de los activos de altas emisiones.

Estos riesgos pueden hacer daño a la reputación de una empresa, y también a sus finanzas. Volkswagen ha tratado de limpiar su nombre desde que en 2015 tuviese que hacer frente al dieselgate, y ahora es uno de los principales fabricantes de coches eléctricos. La marca ha pagado más de 32.000 millones de euros entre modificaciones técnicas, multas y costas legales derivadas del escándalo.

Los litigios debidos al clima nos parecen un riesgo cada vez mayor para las empresas. Las más vulnerables a ellos serán las que más contribuyan al cambio climático, o aquellas que no estén siendo capaces de gestionar los riesgos que plantea este fenómeno para su actividad, o las que se presenten como ecológicas ante los consumidores, pero no lo demuestren con hechos (greenwashing).

En 2021, un tribunal de los Países Bajos falló que la senda climática de Shell no era lo bastante ambiciosa e impuso a la compañía nuevos objetivos mínimos de reducción de emisiones, con lo que la estrategia dejaba, en parte, de estar en manos de la dirección (y de los accionistas). El Banco de Inglaterra también ha señalado hace poco que los litigios climáticos se han duplicado desde 2015.

La brecha entre la ambición corporativa y las cero emisiones netas

Ya hemos visto un boom en los compromisos nacionales para luchar contra el cambio climático. Ahora, también vemos como las empresas se comprometen cada vez más, con la publicación de sus propias estrategias de descarbonización de sus actividades y cadenas de suministro.

No obstante, tal y como muestra el siguiente gráfico, no hay ningún sector en el que la mayoría de empresas hayan adoptado objetivos de cero emisiones netas. Las cero emisiones netas suponen reducir las emisiones de gases lo máximo posible. Para que el calentamiento global se mantenga por debajo de los 1,5°C, que es el compromiso del Acuerdo de París, habría que reducir las emisiones un 45% para 2030 y lograr las cero emisiones netas para 2050.

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La regulación no hará sino crecer conforme la necesidad de dar respuesta al cambio climático se haga más urgente. Las empresas que no reajusten sus actividades y no tomen medidas para lograr la neutralidad climática corren el riesgo de quedarse atrás y contar con productos y tecnologías obsoletas.

En cambio, aquellos que ya hayan tomado medidas para descarbonizar su negocio estarán en una situación mucho más favorable conforme la velocidad de la regulación aumente y el coste de cumplirla suba. Creemos que separar los líderes climáticos de los rezagados ofrece un elevado potencial de rentabilidad.