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¿Qué es la “transición energética” y por qué es importante para un inversor?


Las renovables tienen mucho trecho andado para plantar cara al resto de fuentes de la mezcla energética. En mayo, el Reino Unido apagó sus centrales de carbón una semana entera para producir energía por primera vez desde 1882. Las fuentes de energía limpia son cada vez más utilizadas como una alternativa económica y de bajas emisiones al carbón, el petróleo y el gas.

Sin embargo, hoy en día, las renovables solo representan una pequeña parte de la mezcla de producción energética en el mundo. Si queremos cumplir los objetivos necesarios para frenar el cambio climático, incluido el Acuerdo de París, en el que se contempla mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2 ºC, esta proporción tiene que aumentar sensiblemente. Por eso, necesitamos virar hacia fuentes renovables con rapidez.

Antes de la actual, ha habido dos transiciones a nuevas fuentes de energía a lo largo de la historia: de los biocombustibles tradicionales (como la madera) al carbón a finales del siglo XIX y del carbón al petróleo y al gas a mediados del XX. En la siguiente tabla, podemos ver la evolución de la mezcla de producción energética desde el año 1800.

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El gráfico lo deja claro: las renovables son ahora mismo una pequeña parte del total. Sin embargo, creemos que podrían llegar a suponer entre un 30% y un 40% en los próximos 30 años.

Las dos anteriores transiciones energéticas supusieron un cambio estructural a largo plazo tremendamente disruptivo. El uso del carbón se disparó tras la invención de la máquina de vapor. La transición hacia el petróleo y el gas se vio auspiciada por el paso al motor de combustión interna. A partir de ahí, estas tecnologías impulsaron enormes cambios sociales.

Aunque se tardaron 70 años en completar la transición al carbón y 50 en hacer lo propio con el petróleo y el gas, creemos que las renovables se adoptarán plenamente mucho más rápido, en un periodo más próximo a los 30 años. ¿Por qué? Porque estamos obligados a cambiar: la gravedad que supone la amenaza del cambio climático implica que las Administraciones Públicas deben respaldar esta transición. Así de sencillo. 

Sin embargo, el abandono de los combustibles fósiles y su reemplazo por fuentes renovables es solo una parte de la transición energética. La creación de las infraestructuras necesarias para hacerlo posible resulta igualmente fundamental. Por ejemplo, los huertos solares y los parques eólicos pueden generar ingentes cantidades de energía cuando hace sol o sopla el viento, pero esa energía habrá que almacenarla para cuando los consumidores la necesiten.

Del mismo modo, tendrá que haber potentes inversiones en las redes de transmisión y distribución para dar respuesta a la mayor demanda de electricidad frente a otros tipos de energía. Además, habrá que mejorar la eficiencia de todo el sistema, algo que implica una elevada inversión en tecnología. Por ejemplo, una parte importante de este aumento de la demanda se explica por la penetración cada vez mayor de los vehículos eléctricos, para cuya carga será necesaria una nueva infraestructura a gran escala.

En resumen, cuando hablamos de “transición energética”, no nos referimos solo a la generación de energía a partir de fuentes renovables. En ella entran también la creación de grandes infraestructuras para el transporte eléctrico, el almacenamiento de energía, la mejora de las redes de transmisión y distribución y el mayor uso de tecnología dirigido a mejorar la eficiencia energética. Así las cosas, prevemos que el sector energético sufrirá una tremenda disrupción en las próximas décadas.   

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