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¿Qué hábitos del confinamiento podrían quedarse para siempre?


Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro.” Esta ocurrente advertencia, que se le atribuye al Nobel de física cuántica Niels Bohr, se le puede aplicar a todo aquel que haga predicciones, y, en particular, a los inversores en los tiempos que vivimos.

Los mercados de valores seguirán estando bien servidos de noticias sobre la pandemia todos los días. El éxito a la hora de invertir en acciones de empresas de consumo en los próximos dos años dependerá, sin embargo, de si somos capaces de dilucidar los patrones de consumo que se dibujarán tras la pandemia con la ayuda de un marco claro.

En los casos en los que los cambios en el estilo de vida sean permanentes, puede resultar útil extrapolar las tendencias del año pasado. Por otro lado, hacer una “reversión a la media” puede ser el enfoque de inversión correcto para aquellas empresas listas para repuntar, una vez que se relajen las restricciones y que puedan volver las viejas costumbres.

Y, evidentemente, será fundamental evitar estos valores cuando el mercado asuma erróneamente que la dinámica del confinamiento va a perdurar mucho tiempo. Estas son algunas observaciones para tratar de capear los pronunciados altibajos en cuanto a la situación sanitaria y en las bolsas que probablemente viviremos en los próximos meses.

Es posible que la pandemia no acabe de golpe

El 9 de noviembre de 2020, los mercados aplaudían el anuncio de la eficacia de la vacuna de Pfizer/BioNTech. En aquel entonces, los sectores y empresas más castigados por el confinamiento se comportaron especialmente bien. El petróleo subió un 8,5% y las empresas dedicadas a la organización de conciertos llegaron a subir un 24% ese día. Las aerolíneas de todo el mundo registraron subidas del 15% durante dos días.

El anuncio de Pfizer/BioNTech y, posteriormente, los de otros laboratorios que trabajaban en vacunas, marcó un hito en las perspectivas de la evolución de la situación sanitaria. Sin embargo, a posteriori, ha quedado claro que la pandemia no se va a terminar de golpe. No va a llegar un momento concreto en el que ganemos al virus y volvamos a la normalidad.

El obstáculo más claro para poder disfrutar de ese escenario son las nuevas variantes que reducen la eficacia de las vacunas, pero también hay problemas con la logística de los viales y la duración de la inmunidad (aún desconocida, por razones obvias).

También resulta complicado vislumbrar una vuelta a los viajes entre aquellos países en los que la incidencia del COVID-19 es mucho más baja (China, Australia, etc.) y los que aún tratan de lograr la inmunidad de rebaño.

Por eso, el escenario que cabe imaginar es el de una relajación gradual de las restricciones, con contratiempos de vez en cuando y diferencias entre unos países y otros.

Las variaciones a corto plazo en los precios de las acciones pueden confundir

Los patrones de gasto de los consumidores pueden ser bastante erráticos con motivo de este entorno cambiante. En particular, seguramente haya mucha demanda acumulada de todo tipo de experiencias cuando las restricciones se relajen.

Es probable que, en aquellos países en los que el plan de vacunación haya reducido el riesgo para la salud pública, se disparen los viajes en verano de 2021. Este resurgir de la demanda se encontrará con una oferta reducida y podría suponer importantes subidas en el precio de vuelos y habitaciones de hotel.

Del mismo modo, si se nos permite socializar con más libertad, hay probabilidades de que la hostelería y todo lo que tiene detrás (viajes compartidos, bebidas alcohólicas, etc.) prospere.

El incremento del gasto en experiencias podría reducir el que hacemos en otros ámbitos, y, por eso, los meses de verano podrían dar la falsa impresión de que, por fin, los patrones de consumo han dejado atrás la pandemia. Las altas tasas de ahorro en países como EE. UU. sugieren que, en general, habrá más dinero en circulación, pero aún es posible que haya algunos movimientos engañosos a corto plazo.

Es probable que el mercado reaccione a ellos positiva y negativamente. Por lo tanto, es importante que los inversores sepan con claridad hacia dónde apuntan los patrones de gasto a largo plazo para afrontar los próximos meses.

Entender los factores que influyen en la creación de hábitos

La literatura académica sugiere que pueden tardar hasta 254 días en crearse (véase How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. European Journal of Social Psychology. Octubre de 2010). Puesto que la mayoría de los consumidores ya llevan, como mínimo, ese tiempo lidiando con las restricciones derivadas de la pandemia, se podría llegar a la conclusión de que estos nuevos hábitos han llegado para quedarse.

Sin embargo, para crear un hábito hace falta algo más que la mera reiteración a lo largo del tiempo. Los psicólogos y expertos conductuales también hablan de un “bucle del hábito”, con tres piezas: la “señal”, la conducta en sí, y la gratificación (véase Healthy through habit: Interventions for initiating & maintaining health behavior change. Behavioral Science & Policy).

Conforme la situación sanitaria se vaya normalizando, se irán rompiendo algunas de las piezas clave del bucle, ya que algunas de las señales que la pandemia ha forzado (como las clases virtuales) ya no estarán presentes. Y, lo que es más importante, es posible que la gratificación sea más fácil de conseguir recurriendo a los métodos de antaño.

Se ha escrito con profusión sobre cómo la pandemia ha acelerado tendencias que ya se observaban, sobre todo, las relativas a la digitalización, como el comercio electrónico, las videoconferencias o los juegos en red. Otros cambios importantes son el aumento del interés por la salud y el bienestar, la cocina y la inversión en el hogar.

Utilizando el marco del hábito que hemos explicado anteriormente, los cambios que con más probabilidad serán permanentes son los que ofrecen una gratificación que no sea fácil de replicar una vez se relajen las restricciones. La siguiente tabla resume cómo creemos que afectará eso a las principales tendencias.

 

Si los inversores pueden anticipar correctamente lo que ocurrirá con los comportamientos una vez acabe la pandemia, podrán dejar “espacios de crecimiento positivo” a las empresas que se beneficien de esas tendencias en sus previsiones. Del mismo modo, podrán evitar aquellas en las que el mercado extrapole, equivocadamente, unos cambios transitorios.

Los espacios de crecimiento positivo son los que hacen que unas acciones suban más que otras. Si una empresa logra un resultado mejor que el que esperaba el consenso y el que descontaba el mercado, es probable que el precio de las acciones de esa empresa suba más que el resto.

Los cambios en la forma de hacer negocios de una compañía pueden tener un profundo impacto en la inversión

El efecto de estas tendencias sobre los ingresos es evidente. Las recompensas más importantes, no obstante, las lograrán quienes identifiquen aquellas empresas que hayan podido cambiar su forma de trabajar y generar así un posible impacto duradero sobre su rentabilidad.

Un ejemplo muy bueno de esto lo encontramos en los fabricantes de zapatillas y calzado deportivo. Históricamente, estas marcas han vendido sus productos a través de distribuidores con tiendas físicas.

Muchas de estas “tiendas de siempre” se han llevado buena parte de los beneficios y, sin embargo, no han sido capaces de vender eficazmente los productos, aunque hay algunas excepciones destacadas.

Durante años, esas marcas han abierto sus propias tiendas físicas y plataformas de venta online, además de crear todo un ecosistema de aplicaciones para atraer a los clientes de las tiendas de siempre. Aunque avanzaban con paso firme en sus planes, suponía un esfuerzo económico significativo, que pesaba en sus beneficios.

Tras la irrupción del COVID-19, muchos clientes han recurrido a las webs y aplicaciones de las marcas. Puesto que el giro hacia las plataformas de comercio electrónico probablemente sea algo permanente, esperamos ver cambios importantes en su rentabilidad.

Es posible que en 2021 se produzca una desaceleración en las ventas de prendas de running y para entrenar en comparación con las de 2020. Eso, no obstante, tiene menos importancia que el cambio en la forma en la que estas empresas hacen negocio ahora, es decir, en su “modelo de negocio”.

Por otro lado, la creciente penetración del comercio electrónico de alimentación supone un quebradero de cabeza para los supermercados tradicionales. Desde su punto de vista, no hay mejor modelo de negocio que el basado en que los clientes acudan a la tienda, compren lo que quieran, pasen sus artículos por una caja (con cajero o, aún mejor, sin él), los metan en bolsas y se los lleven a casa.

Cualquier cambio en ese modelo de negocio supone incorporar mano de obra y gastar más dinero a empresas de un sector en el que lograr ser rentable es difícil de por sí. Ese es el motivo por el que muchas cadenas han sido reacias a la generalización de la venta online antes de la pandemia.

Por desgracia para ellos, este cambio ya no tiene vuelta atrás. Aunque siempre habrá quienes prefieran comprar personalmente su comida (sobre todo, los frescos), la comodidad de una tienda virtual será una importante gratificación para muchos otros.

Los distribuidores de alimentación tratan de automatizar al máximo el proceso de compra, pero eso exige un gasto de capital y mucho tiempo para implantarse. También tratan de sacar de la ecuación los gastos de envío incentivando la recogida en tienda, aunque esta opción no será la preferida de muchos clientes.

La teoría económica nos dice que, al final, las cadenas tradicionales podrán cobrar lo suficiente como para obtener una rentabilidad razonable en su negocio de comercio electrónico, pero ese “al final” será “dentro de mucho tiempo”, y, hasta que llegue ese momento, su rentabilidad estará bajo presión.

Los inversores tendrán que crear un marco para valorar cuán duraderos en el tiempo serán los cambios que ha provocado la pandemia en nuestra forma de vivir. Después, a través del modelos de predicción de su impacto a largo plazo sobre los fundamentales de las empresas —para identificar huecos de crecimiento positivo—, deberían acertar a la hora de invertir.

Por delante quedan volatilidad y altibajos engañosos de los precios de las acciones. Y, sin embargo, ambas cosas no deberían de tener más consecuencia que el aumento de las oportunidades para quienes tengan claro qué empresas comprar a buenos precios, sabiendo que saldarán reforzadas por un cambio de hábitos que perdurará en el tiempo.