Tendencias

Verdades Ineludibles: ¿qué tendencias se han consolidado y cuáles se han visto afectadas por el COVID-19?


Analizamos el panorama post-COVID desde la óptica de nuestras Verdades Ineludibles, donde nos centramos en tres factores disruptivos clave que influirán sobre las perspectivas a medio plazo:

  • la rápida adopción de la tecnología
  •  el aumento del populismo
  • la mayor concentración en cuestiones relativas al medioambiente, sobre todo, el cambio climático.

En esta nueva edición analizamos cuáles de estas “verdades” o tendencias han ido cobrando fuerza y cuáles se ven ahora afectadas por la nueva economía que surge de la pandemia.

Resumen

La economía mundial empieza a dejar atrás el Gran Confinamiento, pero cada país va a su ritmo. Estados Unidos y el Reino Unido van en cabeza, al tiempo que China mantiene su solidez. Les sigue la zona euro, que, no obstante, va más lenta, puesto que el inicio de su campaña de vacunación fue desigual. No obstante, el panorama general es que los mercados desarrollados van por delante de los emergentes, en los
que algunos países, como la India o Brasil tienen problemas para contener el virus.
La otra brecha que ha abierto la pandemia es la de la desigualdad, que ha subido tanto en renta como en riqueza. Entretanto, desde un punto de vista positivo, la capacidad de las distintas economías para adaptarse, facilitada por la aceleración de la tecnología mantiene la promesa de
un mayor crecimiento de la productividad. Por eso, hemos mejorado nuestras previsiones a largo plazo, a pesar de que se mantiene la mala tendencia demográfica.

La mayor presencia de la tecnología podría dificultar la labor de los políticos para afrontar la desigualdad, conforme la Cuarta Revolución Industrial vaya desplazando más trabajadores. Por eso, aunque el populismo no ha resurgido ni ha acelerado durante la pandemia, es probable que vuelva a las andadas. La historia nos dice que el
malestar social aumenta tras acabar las pandemias, por lo que se creará el caldo de cultivo para políticas más populistas.
Las cuestiones medioambientales han ganado atención gracias a los mayores esfuerzos para hacer frente al cambio climático. La decisión de la Administración Biden de reincorporar a Estados Unidos al Acuerdo de París e incrementar el gasto en infraestructuras de este ámbito ha recibido una gran atención, pero también hemos visto a China fijar un objetivo para la neutralidad de carbono. De este modo, convergen
las políticas de los dos países más contaminantes del mundo. La transición energética genera grandes oportunidades, pero también amenaza con intensificar la desigualdad entre los países desarrollados y los emergentes.
Las finanzas públicas se han deteriorado gravemente durante la pandemia, y eso ha hecho que surjan dudas sobre la sostenibilidad de la deuda. No obstante, ha habido un cambio en la manera de afrontar la política fiscal, y los Gobiernos no quieren volver a la senda de la austeridad y los ajustes en el sector público. La recuperación económica
ayudará, pero, puesto que el aumento del gasto que exigen la asistencia sanitaria y el cambio climático se mantendrá en el tiempo, también las finanzas públicas seguirán bajo presión. Una subida de impuestos parece inevitable, y las Administraciones ponen el foco sobre las empresas.
El creciente control que ejercen las cuestiones fiscales sobre la política monetaria hace que sea probable que la represión financiera continúe. Los tipos de interés seguirán siendo bajos durante más tiempo a pesar de las mejores perspectivas de crecimiento.
De la mano viene, no obstante, el mayor riesgo de subida de la inflación. Aunque esperamos que el reciente repunte de la inflación sea transitorio, se acumulan presiones cíclicas, y habrá que ajustar la política monetaria en 2022.
Si miramos un poco más allá, no es difícil dibujar escenarios pesimistas. Un ejemplo sería el que la desigualdad alimente la formación de Gobiernos populistas que después pongan en jaque la independencia de los bancos centrales y acaben disparando la inflación.
Sin embargo, aún existen fuerzas potentes que apuntan en sentido contrario. La tecnología tiende a bajar los precios a través de un aumento de la competencia en los mercados tanto de productos como de trabajo. Del mismo modo, se mantiene el consenso entre los bancos centrales a favor de que la inflación será baja, y los cambios de rumbo de su política vienen a reconocer que se ha notado demasiado poco en las fuerzas estructurales.
Con este telón de fondo, los inversores no lo tendrán fácil, ya que tendrán que capear las tendencias disruptivas y encontrar las bolsas de crecimiento de la economía global.
Lo que parece que está claro es que ahora los Gobiernos quizá influyan más sobre el  impulso de estas tendencias.

Puede descargar el informe completo a continuación.

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