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Informes de mercado

¿Dónde está el valor en la inversión value?

Los últimos diez años se han caracterizado por una serie de rasgos únicos que han transformado por completo la inversión centrada en el valor. Sean Markowicz explica por qué esta tendencia anómala podría estar llegando a su fin.

24/06/2018

Sean Markowicz

Sean Markowicz

Responsable de estrategia, estudios y análisis

La inversión centrada en el valor cuenta con una dilatada e ilustre trayectoria y tuvo como defensor al mismísimo Benjamin Graham, el hombre que presumiblemente inventó el análisis científico de los valores bursátiles en la década de 1930.

El concepto es sencillo: los inversores suelen pagar un precio excesivo por los títulos prometedores, como los de crecimiento, y un precio excesivamente reducido por aquellos con perspectivas poco alentadoras, como los títulos de valor. Aun así, tarde o temprano los beneficios vuelven a los niveles de su media a largo plazo y las ineficiencias en los precios se corrigen por sí mismas, lo que genera rentabilidades para los inversores a contracorriente que desafiaron las creencias generalizadas y adquirieron títulos de valor degradados de forma injusta.

Cabe recordar que el valor de las inversiones puede subir o bajar y que los inversores podrían no recuperar su inversión inicial.

El problema radica en que, desde la crisis financiera global, los títulos de valor han registrado el peor período de rentabilidad inferior de su historia. El repunte normal que deberían haber experimentado estos títulos, sencillamente, no se ha producido. ¿Significa esta «década perdida» que los inversores han decidido dejar definitivamente de lado los títulos de valor?

Probablemente, no. Para empezar, parece tratarse de una tendencia anómala. Un parámetro de rentabilidad desarrollado por dos prominentes académicos, Eugene Fama y Kenneth French (véase gráfico), sugiere que solo se han producido tres grandes períodos de rentabilidades inferiores para los títulos de valor en los últimos 90 años: la Gran Depresión de la década de 1930, la burbuja tecnológica de la década de 1990 y el período posterior a la crisis financiera global de los últimos diez años. No obstante, la duración y el alcance del episodio más reciente es el más extremo del que se tiene constancia.

Hasta hace muy poco, los títulos de valor han registrado casi siempre rentabilidades superiores a los de crecimiento.

Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y puede que no vuelvan a repetirse.

Fuente: Kenneth French’s Data Library y Schroders. Datos desde julio de 1926 hasta diciembre de 2017.

Los últimos diez años se han caracterizado por una serie de rasgos únicos que han transformado por completo la inversión centrada en el valor. La más destacada ha sido el prolongado período de ralentización del crecimiento económico posterior a la crisis financiera global que ha venido acompañado de contundentes intervenciones por parte de los bancos centrales.

Este período excepcional ha alterado de forma radical el entorno para los títulos de valor. Por ejemplo, la recuperación extraordinariamente lenta tras la crisis financiera global se ha traducido en que el período habitual de bonanza para los títulos de valor —es decir, cuando los beneficios empresariales repuntan tras una recesión económica— ha sido en esta ocasión, cuando menos, insípido.

La relativa escasez del crecimiento de los beneficios también ha provocado un aumento del interés de los inversores por los títulos de crecimiento, al considerar que ofrecen una mayor certidumbre en términos de beneficios. Esta tendencia se ha concentrado en un selecto número de firmas tecnológicas, sobre todo en los denominados valores «FAANG», el acrónimo para Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google (Alphabet). En cambio, los títulos de valor, cuyos beneficios se ven generalmente más expuestos a las recesiones económicas, han quedado eclipsados.

Las contundentes intervenciones por parte de los bancos centrales tampoco han ayudado, ya que han conllevado una reducción de los tipos de interés hasta mínimos históricos. Esto ha favorecido a los títulos de crecimiento, cuyos beneficios —de los que se espera que aumenten a largo plazo— están mejor valorados por el mercado bursátil en estas circunstancias que cuando los tipos se sitúan en niveles elevados. Por tanto, el descenso de los tipos de interés ha resultado mucho más beneficioso para los títulos de crecimiento que para los de valor en el reciente contexto económico.

La combinación de crecimiento mínimo y tipos de interés reducidos ha propiciado una ingente cantidad de recompras de acciones, es decir, cuando una empresa compra sus propias acciones en circulación para reducir el número de acciones disponibles en el mercado abierto y, por tanto, incrementa el valor de las acciones restantes.

Habida cuenta de que los títulos de valor son, por lo general, empresas más cíclicas, suelen tener una menor capacidad para devolver efectivo a los accionistas durante períodos económicos adversos en comparación con los títulos de crecimiento. En la coyuntura económica actual, los títulos de valor han quedado en una situación de desventaja considerable en un momento en el que los inversores valoran las recompras de acciones.

Sin embargo, un gran número de los obstáculos que afrontan los títulos de valor se está diluyendo o revirtiéndose. El crecimiento económico está repuntando al fin, los tipos de interés están subiendo y la actividad de recompra de acciones parece haber tocado techo. Si bien no se puede dar nada por sentado, resulta cada vez más probable que presenciemos una rotación en el mercado en favor de los títulos de valor durante los próximos años.

Además, la diferencia en las valoraciones entre los títulos de valor y los de crecimiento se encuentra en su nivel más amplio en muchos años. En el pasado, las diferencias de este calibre han presagiado rentabilidades superiores significativas para los títulos de valor durante los años siguientes, aunque las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.

Esta brecha es tan marcada que nuestros cálculos sugieren que los tipos de interés a largo plazo deberían caer hasta cero en la próxima década para que las rentabilidades de los títulos de crecimiento lleguen a situarse en cotas parecidas a las de los títulos de valor. Si considera que esta hipótesis resulta muy poco probable, posicionarse en contra de los títulos de valor podría no resultar ya una opción rentable.

El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente.

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Las opiniones expresadas aquí son las de Sean Markowicz Strategist, Research and Analytics, y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders.

El presente documento ha sido redactado con una finalidad exclusivamente informativa. Su contenido no constituye una oferta de compra o venta de ningún instrumento o título financiero, ni una sugerencia para adoptar ninguna estrategia de inversión. La información contenida en el presente no constituye un asesoramiento, una recomendación o un análisis de inversión y no tiene en cuenta las circunstancias específicas de ningún destinatario. Este material no constituye una recomendación contable, jurídica o tributaria y no debe ser tenido en cuenta a tales efectos. Se considera que la información contenida en este documento es fiable, pero Schroders no garantiza su exhaustividad o exactitud. La compañía no se responsabiliza de los errores de hecho u opiniones. No se debe tomar como referencia la información y opiniones contenidas en este documento a la hora de tomas decisiones estratégicas o decisiones personales de inversión. La rentabilidad registrada en el pasado no es un indicador fiable de los resultados futuros. El precio de las acciones y los ingresos derivados de las mismas pueden tanto subir como bajar y los inversores pueden no recuperar el importe original invertido.

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