Venezuela y la creciente brecha entre la geopolítica y la inversión energética viable
El petróleo sigue siendo lo suficientemente importante como para provocar una acción militar. Esto por sí solo no reduce los riesgos de inversión relacionados con el descubrimiento, la extracción y la refinación de productos derivados del petróleo.
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Las acciones de Estados Unidos en Venezuela reflejan una reorganización geopolítica más amplia y revelan especialmente sobre la evolución de la geopolítica energética. El acceso a la energía, la política de sanciones y el control de recursos se están utilizando como instrumentos de influencia internacional en muchas partes del mundo. Los hidrocarburos siguen influyendo en las decisiones de política exterior, incluso mientras el sistema energético global experimenta cambios estructurales.
Dicho esto, la postura de la administración Trump sobre el petróleo venezolano no es una reversión total. El gobierno de Maduro ya había estado cooperando con Estados Unidos en materia energética, bajo condiciones limitadas, mientras Chevron seguía operando en Venezuela. Visto en ese contexto, el renovado enfoque en el petróleo venezolano por parte de EE. UU. se entiende mejor como una acción incremental.
El petróleo venezolano y la reacción a corto plazo
La respuesta inicial del mercado ha sido ilustrativa. Las acciones de las principales refinerías estadounidenses subieron mientras los inversionistas anticipaban un mayor acceso al crudo pesado venezolano si se relajaban las sanciones. Las refinerías de la Costa del Golfo de EE. UU. están estructuralmente bien preparadas para procesar estos barriles, ya que fueron adaptadas hace décadas para manejar crudos pesados procedentes de Venezuela, México y Canadá.
Esto es relevante a corto plazo, pero solo hasta cierto punto. La política de sanciones puede cambiar rápidamente y los flujos de crudo pueden desviarse lejos de China - que absorbía alrededor del 80% de las exportaciones venezolanas - mucho más rápido de lo que se puede desarrollar nueva oferta. Eso explica la reacción a corto plazo del mercado. No altera materialmente el panorama subyacente de la oferta.
La relevancia estratégica de Venezuela proviene de la magnitud de sus reservas - nominalmente las mayores del mundo - más que de su producción actual, que representa menos del 1% del mercado. La producción ha caído de picos de más de 3.5 millones de barriles diarios a alrededor de 1 millón de barriles diarios hoy, tras décadas de mala gestión, falta de inversión y fallos en la gobernanza. El petróleo sigue representando más del 90% de las exportaciones venezolanas, dejando la economía estremadamente vulnerable a cualquier interrupción en el sector.
En declive: la cuota de Venezuela en la producción mundial de petróleo
Fuente: Instituto de Energía (EI) Revisión Estadística de la Energía Mundial (edición 2025)
La narrativa de que Venezuela podría resurgir rápidamente como un gran productor pasa por alto realidades básicas de la producción de petróleo. La producción venezolana está dominada por crudos ácidos pesados y extra pesados de la Faja del Orinoco, que son costosos de extraer, requieren procesos de mejora intensivos en carbono y dependen de aditivos importados. Las estimaciones de punto de equilibrio para nuevos proyectos están entre las más altas a nivel mundial.
Aunque técnicamente sea posible lograr aumentos limitados en la producción, las restricciones más insalvables son externas: inestabilidad política, incertidumbre legal, infraestructuras degradadas y reclamaciones de arbitraje sin resolver.
Estos desafíos chocan con un entorno de inversión que ha cambiado. Los mercados petroleros entraron en 2025 bien abastecidos, con inventarios en aumento. Los precios se mantienen moderados. Al mismo tiempo, los inversionistas exigen una disciplina sostenida de capital. Como resultado, las empresas de petróleo y gas que cotizan en bolsa han pasado del crecimiento hacia el flujo de caja libre, los dividendos y las recompras.
Esa disciplina se ha manifestado inicialmente en el recorte de inversiones bajas en carbono, pero cada vez se aplica más a la exploración y el desarrollo upstream, especialmente en jurisdicciones de alto riesgo. Se han recortado presupuestos de exploración, se han pospuesto los proyectos fronterizos y las inversiones a largo plazo han sido sometidas a un mayor escrutinio de los riesgos a la baja. En ese contexto, la inversión a gran escala en proyectos de nueva creación (greenfield) en Venezuela parece desalineada con las expectativas actuales de los inversionistas.
Seguridad energética y el contexto de transición
Esto crea una tensión en el corazón de la historia venezolana. Desde una perspectiva geopolítica, el petróleo sigue siendo lo suficientemente poderoso, al menos en parte, como para motivar la acción militar. Desde una perspectiva de inversión, sin embargo, Venezuela concentra precisamente los riesgos que los inversionistas han estado intentando reducir: altos costos, largos periodos de recuperación, exposición política y demanda incierta a largo plazo.
Esa incertidumbre en la demanda es estructural. La seguridad energética se define cada vez más por la electrificación, la resiliencia de las redes eléctricas y el control sobre tecnologías y minerales críticos, en lugar de limitarse a asegurar un suministro incremental de petróleo y gas. Desde la invasión rusa de Ucrania, reducir la dependencia del petróleo y gas importados, incluido el GNL, se ha convertido en un objetivo político explícito en toda Europa y partes de Asia.
Venezuela ilustra por ello la creciente brecha entre la relevancia geopolítica y la viabilidad de la inversión en la transición energética.
Para los inversionistas, la lección no es que el petróleo haya dejado de ser importante. El petróleo aún puede influir en la política exterior y mover los mercados. Más bien, la urgencia política no resuelve la realidad económica. En un mundo de disciplina de capital, transiciones desiguales y definiciones cambiantes de seguridad energética, los activos que dependen de la intervención geopolítica para ser competitivos son precisamente los que corren mayor riesgo de quedar obsoletos.
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