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Perspectivas 2023, la economía mundial: todas las miradas puestas en la inflación

Keith Wade, Schroders’ chief economist, da su opinión sobre las perspectivas de la economía mundial en 2023, año en el que la batalla por controlar la inflación seguirá estando en el centro de la escena.

05/12/2022
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Keith Wade
Economista jefe y estratega de Schroders

  • Las recesiones en las economías avanzadas son necesarias para frenar la inflación
  • Las subidas de las tasas podrían resultar en recortes en los Estados Unidos hacia fines del 2023
  • Riesgos sesgados hacia la estanflación

Las empresas, los consumidores y los mercados de las economías avanzadas parecen haberse adaptado a la idea de que se avecina una recesión. Por su parte, el presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed) ha dejado de hablar de aterrizajes económicos suaves. A su vez, los políticos británicos ya no nos dicen que pueden utilizar dinero prestado para aumentar el gasto y recortar impuestos mientras la inflación se sitúa en máximos de cuatro décadas. Así que, alentadoramente, los responsables de las políticas están ayudando ahora a crear un sentido de realismo.

La historia nos demuestra que es importante aceptar las realidades económicas; en el pasado, las falsas esperanzas solo han generado una peor distribución de los recursos. Y aunque todo pueda parecer muy sombrío en estos momentos, la aceptación de los desafíos que tenemos por delante ayuda a crear las mejores condiciones posibles para tomar medidas que alivien las presiones inflacionarias. Estas presiones no se aliviarán inmediatamente, pero a finales de 2023 podríamos estar en condiciones de empezar a imaginar que las tasas de interés vuelven a bajar.

La bajada de las tasas de interés sería la contrapartida a la contención de la inflación y al restablecimiento de la estabilidad de precios, fundamental para que las empresas planifiquen e inviertan con sensatez. Las tasas más bajas también aliviarían a los consumidores frente a la crisis del costo de vida de alcance histórico. Para los inversores, esto podría permitir una recuperación de las valoraciones, aunque todas las apuestas podrían descartarse en caso de que se profundicen las fisuras geopolíticas abiertas tras la invasión rusa de Ucrania, y/o de que las relaciones entre los Estados Unidos y China vuelvan a empeorar.

El precio de controlar la inflación

El deterioro de la geopolítica bien podría llevar al mundo a una dirección más "estanflacionaria" de lo que prevemos. La estanflación describe una situación en la que el crecimiento es bajo o se ralentiza al mismo tiempo que la inflación se mantiene alta o aumenta. Y, si los mercados laborales siguen gozando de mala salud (desgraciadamente, para restablecer la estabilidad de precios es necesario un mayor desempleo), no podemos descartar que las "espirales de salarios y precios" sigan avivando la inflación y deprimiendo el crecimiento. Ambos escenarios podrían requerir tasas de interés aún más altas.

Pero la aceptación de la próxima recesión parece clave en este momento, aunque las consecuencias de la recesión no se hayan dejado sentir aun. Unos 85.000 despidos en empresas tecnológicas estadounidenses (según el sitio web Crunchbase) nos han dado una idea del dolor que se avecina. El precio de controlar la inflación implicará una ralentización del crecimiento económico y un aumento del desempleo. Los bancos centrales de las economías avanzadas han subido rápidamente las tasas de interés en los últimos meses con el objetivo de enfriar la demanda y frenar la subida de los precios.

Y será necesaria una fuerte contracción de la economía estadounidense para crear la holgura, o capacidad sobrante, necesaria para controlar los salarios, los precios y la inflación. Prevemos que el desempleo va a superar la NAIRU (la tasa de inflación no aceleradora del desempleo, estimada en el 4,5 % para los Estados Unidos) en el segundo trimestre de 2023, y que la tasa de desempleo alcanzará el 7 % a finales del próximo año, lo cual representa aproximadamente el doble de la tasa actual. Hemos llegado a esta conclusión estudiando los ciclos económicos anteriores, es decir, los periodos de tiempo en los que una economía pasa de un estado de expansión a otro de contracción antes de volver a expandirse. Nuestro análisis, que se remonta a la década de 1960, muestra que cuando la inflación estadounidense se situaba en los niveles actuales siempre era necesaria una caída del PBI de hasta el 4 % para restablecer la estabilidad de precios.

No hay dos ciclos iguales, pero incluso con mejoras en la formulación de las políticas y mercados laborales más flexibles, esto podría suponer una pérdida del 2 % del PBI. Así que tendrá que haber un reajuste en 2023, cuando esperamos que el PBI estadounidense caiga un 1 % (ver tabla). Esta previsión nos desmarca del "consenso" entre todos los analistas, según el cual la economía crecerá un 0,2 %. También explica nuestras perspectivas un poco más modestas para el crecimiento mundial, del 1,3 % en 2023, ya que consideramos que los Estados Unidos actúan como un mayor contrapeso frente al fuerte crecimiento de los mercados emergentes, y especialmente de China.

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Una de las características difíciles de este ciclo económico es que la pandemia ha afectado a la oferta de la mano de obra: en el Reino Unido, por ejemplo, cerca de 600.000 personas han abandonado el mercado laboral, cifra que se acerca a los 2 millones en los Estados Unidos. Por consiguiente, a pesar de la ralentización ya observada en las economías avanzadas, los mercados laborales siguen siendo estrechos y escasean los trabajadores. Estas circunstancias han provocado una fuerte ralentización del crecimiento de la productividad en los Estados Unidos, que se encuentra ahora en su nivel más bajo jamás registrado (ver gráfico). El consiguiente aumento de los costos laborales unitarios habría provocado, en circunstancias normales, un aumento de los despidos, lo que aun no se ha producido.

Creemos que las empresas se han mostrado reacias a deshacerse de la mano de obra, preocupadas por la dificultad de realizar nuevas contrataciones cuando se reactive el crecimiento. Hasta ahora han podido trasladar el aumento de los costos (energía, materiales y mano de obra) a los precios más altos, lo que ha agravado las presiones inflacionarias.

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Los bancos centrales pretenden cambiar esta situación frenando la demanda, haciendo que sea más difícil para las empresas trasladar los costos y obligándolas a reestructurarse. Hasta ahora el efecto se ha limitado al sector tecnológico, que se expandió masivamente durante la pandemia y ahora se está ajustando a un nivel de actividad más débil.  Sin embargo, en el conjunto de la economía, el nivel de despidos sigue siendo bajo, aunque está en aumento. Las empresas siguen en modo de expansión en términos de contratación y empleo, como se desprende de los informes sobre nóminas y empleo en los Estados Unidos.

¿Se convertirán las subidas de las tasas en recortes a fines de 2023?

Se espera que la tasa de interés de los fondos federales estadounidenses alcance su punto máximo en el rango objetivo del 4,5-4,75 % en el primer trimestre de 2023. Esto se basa en la opinión de que, tras otras dos subidas de las tasas, el impacto acumulado de una política más restrictiva será suficiente para desencadenar el cambio necesario en el comportamiento de las empresas. Estas verán reducidos sus márgenes, aumentarán los despidos y se enfriará el mercado laboral. Aunque la inflación general seguirá estando por encima del objetivo en el momento en que se alcance la NAIRU, esperamos que el logro de este objetivo clave sea suficiente para que la Reserva Federal se mantenga a la espera. Ello podría preceder recortes de las tasas de interés a lo largo del año, a medida que se agrave la recesión.

Para los inversores, podríamos ver la vuelta a un territorio más familiar en el que la renta variable ofrece oportunidades atractivas en las recesiones. Prevemos que un descenso del 1 % del PBI estadounidense se traducirá en una caída del 14 % en los beneficios empresariales el año que viene. Es decir que es un panorama desolador para las ganancias empresariales; si bien las valoraciones comienzan a recuperarse debido a los recortes de las tasas de interés por parte de los bancos centrales en respuesta al empeoramiento del panorama de crecimiento y (mejora) de la inflación.

No creemos sin embargo que los demás bancos centrales de las economías avanzadas fuera de los Estados Unidos "pivoten" hacia un recorte de las tasas en 2023.  Las mediciones de la inflación subyacente (que excluyen los elementos volátiles, como el petróleo y los alimentos, para ofrecer una imagen más clara de las tendencias subyacentes de los precios) pueden haber alcanzado ya su punto máximo en los Estados Unidos, pero mantienen una trayectoria ascendente en el Reino Unido y Europa. Esto puede complicar los esfuerzos del Banco Central Europeo (BCE) y del Banco de Inglaterra (BoE) por volver a situar la inflación en torno al 2 %. La inflación subyacente ha seguido subiendo, en parte porque los precios europeos de la energía han bajado bruscamente desde el verano, apoyando la demanda.

No obstante, esperamos que las perspectivas de crecimiento se deterioren rápidamente, ya que el BCE y el Banco de Inglaterra seguirán subiendo las tasas hasta principios de 2023, y luego las mantendrán sin cambios durante el resto del año. Los últimos meses nos han demostrado que no podemos descartar nuevas sorpresas. Los peligros quedaron claramente ilustrados, por ejemplo, por el descenso de la demanda de gilts públicos británicos a medida que la política fiscal del país se desviaba hacia lo desconocido, lo que se tradujo en costos hipotecarios británicos mucho más elevados. 

Los bancos centrales han acumulado grandes cantidades de deuda pública a través de sucesivos programas de expansión cuantitativa (EC) durante la última década y media para introducir dinero en el sistema financiero y apoyar las economías. En la actualidad, estos valores se están volviendo a vender gradualmente en el mercado en el proceso de "endurecimiento cuantitativo". Esto aumentará aun más los costos de los préstamos para los hogares y las empresas, así como para los países que han recurrido a la EC para ayudar a financiar sus déficits. Estos países dependen ahora de los inversores extranjeros en renta fija para cubrir el déficit de financiación que dejó el endurecimiento cuantitativo.  

Evitemos repetir los errores del pasado

Analizaremos en todo el mundo qué países pueden ser vulnerables y cuáles son los "soberanos" más fuertes y con mejor situación financiera. Esto ocurre en un momento en que los pagos de intereses están siendo muy significativos para los países más endeudados y están sometiendo a las finanzas públicas a mayores tensiones.

El resultado podría crear una dinámica más difícil entre los gobiernos y los bancos centrales, siempre que éstos sigan centrados en la estabilidad de precios y gocen de la independencia necesaria para controlar la inflación. Los bancos centrales querrán resistir las presiones políticas y no repetir los errores del pasado al haber recortado las tasas de interés demasiado pronto, solo para tener que volver a subirlas cuando vuelva la inflación.

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Keith Wade
Economista jefe y estratega de Schroders

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