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Por qué combatir la desigualdad de género es clave para lograr una verdadera inclusión financiera

La desigualdad de género frena el dinamismo empresarial y ahoga el crecimiento económico. Pero, con el Día Internacional de la Mujer esta semana, los inversores podrían sorprenderse al ver lo mucho que pueden ayudar a fomentar la inclusión financiera para todos.

07/03/2023
Woman pays for goods

Authors

Valerie Harrington
Fund Manager, Blue Orchard

La inclusión financiera (acceso a servicios financieros adecuados, asequibles y bien regulados) es un pilar fundamental del desarrollo económico y social. Es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, y también un facilitador para muchos otros objetivos de desarrollo, como la eliminación de la pobreza y la igualdad de género.

Pero por muy esencial que sea la inclusión financiera en todo el mundo, 1.400 millones de adultos siguen careciendo por completo de servicios bancarios. La mayoría son mujeres, adultos pobres y personas con menor nivel educativo, según el Global Findex, 2021, del Banco Mundial.

La desigualdad de género es un problema mundial, más patente en los mercados emergentes y fronterizos. La igualdad de oportunidades crea economías más resilientes que pueden soportar las crisis y recuperarse de ellas más rápidamente.

Con motivo de la celebración esta semana (8 de marzo) del Día Internacional de la Mujer, los inversores pueden sorprenderse al descubrir lo directamente que pueden contribuir a cerrar la brecha de género y fomentar la igualdad.

¿Por qué las consideraciones de género siguen siendo relevantes en 2023?

La inversión con perspectiva de género adquirió mayor urgencia después del Covid-19, en vista de su efecto desproporcionado sobre las mujeres. El doble de mujeres perdieron su empleo en todo el mundo (64 millones) durante la pandemia, según el Foro Económico Mundial. Las Naciones Unidas estimaron que en 2021, por cada 100 hombres de 25 a 34 años que vivían en la pobreza extrema, había 118 mujeres.

Se prevé que 435 millones más de mujeres y niñas vivan en la pobreza extrema, una brecha que se espera que aumente. Además, también se estima que el 80 % de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, 2016).

Al ritmo actual de progreso, se tardarán 132 años en alcanzar la plena paridad entre hombres y mujeres. Así lo indica la Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial, que considera dimensiones clave de la participación y las oportunidades económicas, los logros educativos, la salud y la supervivencia, y el empoderamiento político. Como cabe esperar, el camino es mucho más largo en las economías en desarrollo.

Las razones de esta situación pueden no ser evidentes a primera vista, pero, como afirma el PNUD, las mujeres son "estructuralmente más vulnerables" debido a "las diferencias de género en cuanto a poderes, funciones y responsabilidades". Por ejemplo, sabemos que las mujeres tienen más probabilidades de ser pobres y de trabajar en empleos informales, temporales y a tiempo parcial, con salarios más bajos y menor protección social. Las mujeres también dependen proporcionalmente más de los recursos naturales amenazados, debido a su papel en la agricultura.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) estima que si la participación de las mujeres en la economía fuera idéntica a la de los hombres, se añadirían 28 billones de dólares, es decir, un 26 %, al PBI mundial anual en 2025. El potencial sin explotar es, de nuevo, mayor en los países en desarrollo. La igualdad de género sería un catalizador para crear economías más resilientes, sustentables e inclusivas en el futuro.

Por qué el género es importante para la inclusión financiera

La inclusión financiera es una poderosa herramienta de empoderamiento económico. La micro financiación, en particular, ha desempeñado un papel clave en el acceso de las mujeres a los servicios financieros en los mercados emergentes. Una gran parte de las carteras de micro financiación está compuesta por mujeres. Sin embargo, el enfoque tradicionalmente "neutro en cuanto al género" de la inclusión financiera ha limitado en ocasiones su eficacia y ha demostrado tener a veces consecuencias negativas no deseadas (Consultant Group to Assist the Poor, 2021). Al no tener en cuenta el género, estamos ignorando tanto las circunstancias particulares que conlleva ser mujer como nuestros prejuicios inconscientes de género (que posiblemente todos tenemos).

Por ejemplo, una mujer en una economía en desarrollo tiene más probabilidades de trabajar en un empleo informal, pero menos posibilidades de poseer tierras o propiedades. Son factores importantes que influyen en su capacidad para obtener un préstamo y en las condiciones en que se le ofrece. Las normas de género, que varían en función de la cultura, también pueden limitar la capacidad de las mujeres para acceder, utilizar y beneficiarse de los servicios financieros.

Según datos de distintas fuentes, las mujeres empresarias tienen más probabilidades de que se les deniegue un préstamo empresarial. Si su solicitud es aceptada, puede recibir un importe inferior, una tasa más alta y un plazo más corto. Los requisitos en materia de garantías pueden ser más estrictos en comparación con sus compañeros varones. Y ello a pesar de que las tasas de reembolso de las mujeres son iguales (o mejores) que las de los hombres.

El BID Invest (la institución del sector privado del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo, BID) se ha asociado con varias instituciones financieras de América Latina para determinar si los prejuicios de género influyen en la toma de decisiones crediticias. Su objetivo es cuantificar el impacto de estas decisiones en su cuenta de resultados. El análisis de los datos reales de los bancos no solo confirmó los obstáculos a la financiación de las mujeres antes mencionados, sino que también descubrió que, en el caso de solicitudes idénticas, las mujeres tenían casi un 18 % menos de probabilidades de que se aprobaran sus solicitudes de préstamo. Alrededor del 8 % de los ingresos financieros potenciales generados por esas carteras fueron encajonados, lo que supone millones en beneficios no percibidos.

Esta es probablemente la razón por la que el Banco Mundial estima que la brecha financiera de las mujeres asciende a 1,7 billones de dólares. En todo el mundo, menos de un tercio de las pequeñas y medianas empresas formales son propiedad de mujeres y están dirigidas por ellas, debido en gran parte a la falta de acceso a servicios financieros. Se estima que existe un déficit de crédito anual de 300.000 millones de dólares para esas empresas dirigidas por mujeres.

Una financiación innovadora puede combatir la desigualdad de género en la inclusión financiera

Hay un número pequeño pero creciente de fondos que invierten con una "lente de género" específica. Aunque esto puede adoptar diferentes formas, en general estos fondos tienen las siguientes características:

  • Toman en consideración los factores de género en todo el proceso de inversión;
  • Pretenden promover la igualdad de género a través de las actividades de la estrategia, incluyendo la satisfacción de las diversas necesidades de financiación de las mujeres empresarias, el empoderamiento de las mujeres como consumidoras y el fortalecimiento de los sectores que emplean predominantemente a mujeres.

Como ejemplo basado en la experiencia de BlueOrchard en Asia, el capital de un inversor se unirá al de otros para proporcionar financiación de deuda a una serie de instituciones financieras. Las instituciones habrán superado evaluaciones de impacto y cuestiones ESG específicas, en las que se incluirán aspectos como las prácticas de equidad en el lugar de trabajo. Las instituciones financieras, socias conocidas y de confianza del fondo global, concederán entonces "subpréstamos" a los prestatarios objetivo. En este caso, los prestatarios serían negocios o empresas dirigidos o de propiedad de mujeres que ofrezcan productos o servicios que mejoren sustancialmente los medios de subsistencia de las mujeres o las niñas.

Estos fondos podrían adoptar un enfoque de pasivos de financiación mixta. La financiación combinada pretende reforzar el concepto de asociación entre los sectores público y privado maximizando las sinergias y fijando objetivos claros de impacto en el desarrollo sustentable.

En una estructura de este tipo, el capital de los inversores públicos se utiliza como catalizador para atraer y aumentar la escala de las inversiones de impacto con perspectiva de género del sector privado, y podría estructurarse en varios niveles para incorporar diferentes apetitos de riesgo. Por ejemplo, los donantes o las instituciones financieras de desarrollo (IFD) tienen un objetivo de impacto explícito como parte de sus estrategias y, por tanto, una tolerancia al riesgo potencialmente mayor en comparación con los inversores privados. El efecto catalizador del capital del sector público podría lograrse mediante el lugar que ocupe en la estructura general del capital, por ejemplo, asumiendo el capital subordinado un mayor riesgo o dotándolo de ciertas concesiones.

Además, los donantes pueden participar en la iniciativa concediendo subvenciones para asistencia técnica, lo que incluye proyectos de apoyo a las propias empresas en cartera o a los ecosistemas en los que operan. Las subvenciones de asistencia técnica (para el desarrollo de capacidades) desempeñan un papel crucial en las estrategias con perspectiva de género. Ayudan a las instituciones financieras a adaptar sus productos o procesos a las necesidades de las clientas, por ejemplo.

Estamos liderando la "nueva frontera" de las iniciativas centradas en el género, la diversidad y la inclusión (GDI), y estamos explorando una estrategia al respecto en Latinoamérica. Además de gestionar estrategias de financiación mixta con perspectiva de género, BlueOrchard también tiene una perspectiva de género en los mercados públicos, habiendo invertido en "bonos de género". Se trata de títulos de vanguardia que pueden respaldar proyectos para empoderar a mujeres y niñas en zonas geográficas específicas.

La transparencia es esencial

Sea cual sea la estrategia elegida, los inversores deben poder recibir informes periódicos sobre los objetivos de impacto específicos, así como ver el impacto en el mundo real que han tenido sus inversiones. BlueOrchard lo hace con regularidad y lo considera una parte vital del viaje del inversor.

Schroders Capital ha publicado recientemente su informe de sustentabilidad e impacto para 2022. El informe entra en detalle sobre las metodologías utilizadas para medir tanto los riesgos como las oportunidades asociadas a la consecución de objetivos sustentables y rendimientos financieros. En el informe de impacto de BlueOrchard, los inversores pueden consultar datos concretos, como el número de puestos de trabajo creados o mantenidos. El informe también muestra un desglose de los clientes finales financiados, el 80 % de los cuales son mujeres.

También tenemos una serie periódica llamada "Esta es mi historia", que muestra las alentadoras historias de emprendedores que se nutren del capital de nuestros inversores. A continuación figuran un par de ejemplos que confirman anecdóticamente la puesta en práctica de intenciones positivas para los inversores.

Esta es mi historia - Rashida Begam - BlueOrchard

Rashida dirige una sastrería en la India. Pidió prestados 2.800 dólares para desarrollar su negocio en 2014, lo que le permitió contratar a dos empleados y comprar dos máquinas de coser. Además del préstamo, Rashida recibió asesoramiento para elaborar un plan de negocio.

Esta es mi historia - Grace Kissiri - BlueOrchard

Grace vive en Tanzania y se ha dedicado a la ganadería por más de 20 años. En aquel momento, tenía varios hijos. El negocio está prosperando y se ha diversificado en diferentes tipos de ganado. La ayuda financiera le ha permitido acceder a facilidades de crédito que han sido cruciales para la expansión.

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