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Sustentabilidad frente a la rentabilidad: ¿se puede tener la torta entera?

Una respuesta a la pregunta de si invertir de forma sustentable significa renunciar a la rentabilidad, desde la perspectiva de Willem Schramade.

09/02/2023
Picture of a slice of cake on a table.

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Willem Schramade
Head of Sustainability Client Advisory

"Nada es gratis en la vida", y "no se puede tener todo". De hecho, muchos idiomas tienen expresiones de este tipo que dicen que donde hay beneficios, suele haber también costos. Este tipo de escepticismo también se aplica a la inversión sustentable. La eterna pregunta de los clientes es: ¿la inversión sustentable cuesta rentabilidad?

La respuesta corta es no. Las pruebas académicas (ver, por ejemplo, los metaestudios de Friede et al. [2015] Atz et al. [2022]) muestran que la inversión sustentable no suele suponer un costo financiero. Pero eso no quita las preocupaciones de los clientes. Y la respuesta con más matices es: depende. Sí, los enfoques de inversión sustentable pueden mejorar los perfiles de riesgo-rentabilidad, mediante una mejor gestión del riesgo, un mejor análisis fundamental y/o exposiciones a factores más favorables. Pero también pueden perjudicar los perfiles de riesgo-rentabilidad debido a reducciones excesivas del universo de inversión. Depende mucho de los objetivos y los métodos utilizados.

Se habla mucho de los métodos de inversión sustentable (exclusiones, análisis fundamental integrado ESG, etc.) y de los datos utilizados, y de hecho hay mucho que debatir al respecto. Pero sería una pena olvidarse de los objetivos. Como dijo el filósofo y estadista romano Lucio Séneca: "Si uno no sabe a qué puerto navega, ningún viento es favorable". También en la inversión sustentable hay que saber adónde se quiere llegar para conseguirlo realmente.

En la inversión sustentable suele haber dos tipos de objetivos, ambos en distintos grados, desde inexistentes hasta muy ambiciosos, y que pueden combinarse en diversos grados:

  1. La sustentabilidad como medio para lograr resultados financieros (de esto se trata la mayor parte de la integración ESG); y
  2. la sustentabilidad como un objetivo en sí mismo: lograr mejores resultados sociales y medioambientales, donde los clientes puedan establecer los resultados deseados de forma muy específica.

Y cada vez más, los inversores institucionales quieren ser ambiciosos en ambos. Este es el objetivo de doble rentabilidad que mencioné en mi blog anterior. La relación entre estos dos objetivos no es sencilla: en algunos casos se refuerzan mutuamente, en otros implican compensaciones.

Comencemos con el primer objetivo. En su forma más superficial, esto implica simplemente querer mantener contentas a las partes interesadas y a los reguladores, y evitar daños a la reputación. Más ambicioso es aspirar a una mejor gestión del riesgo. En su forma más ambiciosa, el objetivo es lograr una mejor comprensión y gestión del riesgo, las oportunidades y la rentabilidad, de un modo que combine los datos y análisis fundamentales prospectivos. De hecho, esto puede mejorar considerablemente los perfiles de riesgo-rentabilidad.

La segunda dimensión, la sustentabilidad como objetivo en sí mismo, también se presenta con distintos niveles de ambición. Aquí el espectro empieza por no tener ningún objetivo de este tipo, pero la mayoría ha pasado a la siguiente fase: el objetivo de evitar el daño más grave, por ejemplo excluyendo, digamos, a los infractores del Pacto Mundial de la ONU, la mayor iniciativa voluntaria de sustentabilidad empresarial del mundo. Pero los inversores pueden optar por ser más estrictos en sus exclusiones. Además, podrían querer seleccionar sus inversiones para hacer el bien, formulando criterios de selección positivos. Esto se puede hacer al menos de dos formas.

La forma obvia es hacer inversiones que tengan un impacto positivo demostrable: Artículo 9 conforme al Reglamento de divulgación de información financiera sustentable de la UE: la inversión sustentable es el objetivo principal.

La forma menos directa es invertir en empresas con una contribución negativa al valor social o medioambiental, pero con el compromiso de mejorar fuertemente su contribución mediante un compromiso activo.

Esto último no cabría en el Artículo 9, pero podría caber en la categoría de Mejoradores sustentables propuesta por la Autoridad de conducta financiera del Reino Unido (teniendo en cuenta que aún no hemos visto el texto final de ese reglamento). Y, volviendo a la pregunta sobre la rentabilidad, existen pruebas de la generación de alfa a partir de dichas estrategias, tanto en investigaciones propias como académicas (ver, por ejemplo Dimson et al., 2015).

Aunque también puede haber alfa positiva en las propuestas del Artículo 9, dependiendo de cómo se diseñen, estos productos también pueden implicar renunciar a la rentabilidad o, al menos, asumir más riesgos: pensemos en los fondos de inversión ética que son tan estrictos en sus criterios de inversión que su universo se reduce excesivamente; o en los productos de los activos privados de impacto que tienen tasas internas de retorno (TIR) de un dígito con niveles de riesgo de TIR de dos dígitos porque comparten la rentabilidad con la población local.Eso puede ser estupendo para la sociedad, pero no entra dentro del mandato de un fondo de pensiones. Aun así, puede ser una buena propuesta para algunos inversores minoristas o particulares con grandes patrimonios (HNWI) que estén dispuestos a renunciar a la rentabilidad a cambio de (mucho) más impacto.

El desafío consiste en comprender dónde estamos nosotros (y nuestros clientes) en estas dos dimensiones de objetivos. Los fondos de pensiones mencionados son ambiciosos en ambos objetivos; quieren lograr resultados sociales y medioambientales positivos, por ejemplo, aspirando a cero neto, sin renunciar a la rentabilidad financiera.

Una vez que los objetivos están claros, pueden abordarse las demás preguntas: ¿Cómo poner en práctica los objetivos? ¿Cómo definir el éxito? ¿Qué estrategias utilizar? ¿Qué compensaciones hay que hacer? ¿Cómo medirlas? ¿Con qué datos?¿Cómo comunicarlo a los electores? ¿Cómo explicarles que no estamos renunciando a la rentabilidad, aunque así parezca?

Un director de un fondo de pensiones canadiense lo explicaba más o menos así: "No renunciamos a la rentabilidad en la inversión sustentable, ya que no entraría en el mandato de un fondo de pensiones renunciar a la rentabilidad. El horizonte es crucial: nuestro mandato es generar una buena rentabilidad durante los próximos 50 años. Eso significa que tenemos que invertir en modelos de negocio adaptados al futuro. A veces parece que estamos renunciando a la rentabilidad, cuando en realidad estamos mitigando los riesgos a largo plazo a cambio de rentabilidad a corto plazo. De hecho, las externalidades negativas representan posiciones cortas en las empresas, lo que a menudo no se reconoce, por lo que se subestima el riesgo".

La compensación percibida entre las empresas gestionadas de forma sustentable y la rentabilidad que ofrecen está fuera de lugar. De hecho, es difícil ver cómo se puede generar rentabilidad sin tener en cuenta la sustentabilidad en el contexto de esos desafíos de sustentabilidad que crean riesgos, oportunidades e intervenciones políticas y sociales. Esto resalta la importancia de los modelos de Schroders sobre externalidades. Forman parte de nuestro esfuerzo por comprender las repercusiones de la inversión sustentable en la rentabilidad y el riesgo, especialmente cuando los datos son confusos, sin dejar de aplicar un proceso sólido de construcción de carteras. No es una tarea trivial. En ese sentido, nada es gratis.

La información y las opiniones aquí contenidas pertenecen a los equipos de inversión de Schroders o Economics Group, y no necesariamente representan los puntos de vista de Schroder Investment Management North America Inc.Esta información está sujeta a cambios. Este documento tiene fines informativos exclusivamente y no se considera material promocional de ningún tipo.

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Willem Schramade
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