Adaptar la asignación de activos al riesgo de estanflación
Ante el aumento de los riesgos de estanflación —inflación más elevada asociada a un menor crecimiento—, los inversores deben replantearse cómo distribuyen su capital.
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Ante el aumento de los riesgos de estanflación —inflación más elevada asociada a un menor crecimiento—, los inversores deben replantearse cómo distribuyen su capital. Es probable que las carteras tradicionales sean menos resistentes, aunque algunos de sus fundamentales sigan siendo válidos. Ciertos cambios sutiles pueden mejorar las posibilidades de obtener un buen resultado, mientras que incorporar tácticas puede mejorar aún más la eficiencia y la rentabilidad de la cartera.
Los rumores sobre la muerte de la cartera 60/40 han sido demasiado alarmistas
Rara vez pasa un año sin que se oigan voces que afirman a bombo y platillo que la clásica cartera 60/40 (60 % en acciones, 40 % en bonos del Estado) ya no sirve para su propósito. Con la estanflación como amenaza tanto para la renta variablecomo para los bonos, este tema vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda.
Este argumento tiene su fundamento. En el caso de la renta variable, el bajo crecimiento es perjudicial para las ventas de las compañías, ya que tanto las empresas como los consumidores se aprietan el cinturón. La elevada inflación agrava aún más el problema. En una economía boyante, las empresas pueden repercutir el aumento de los costes de producción a los consumidores. Cuando la demanda ya es débil, esto no resulta tan fácil. A menudo, son los márgenes de beneficio de las empresas los que se ven afectados, lo que ejerce una presión a la baja adicional sobre los resultados. Históricamente, la elevada inflación también se ha asociado con múltiplos de valoración más bajos (en parte debido a que una mayor inflación se traduce en mayores rendimientos de los bonos, lo que a su vez influye en los modelos utilizados para valorar las acciones).
Gráfico 1: La elevada inflación tiende a perjudicar los múltiplos de valoración de la renta variable
Los resultados pasados no son indicativos de resultados futuros y pueden no repetirse. Fuente: Robert Shiller, Schroders. Dado que el análisis se centra en los periodos de inflación elevada, aquellos en los que la inflación fue inferior al 0 %, es decir, los episodios de deflación, no aparecen representados. El eje Y se ha limitado a 60 para eliminar el efecto de distorsión en la escala, provocado por un pequeño número de valores atípicos. Datos mensuales de 1960 a 2025.
En el caso de los bonos, el mecanismo de transmisión es aún más sencillo. Una mayor inflación erosiona el valor de los pagos de intereses fijos que ofrecen. Los inversores exigen rendimientos más altos para compensarlo, y los precios de los bonos caen.
Este doble golpe hace que los bonos sean menos fiables a la hora de desempeñar la función de reducción de riesgo frente a la renta variable, a la que los inversores se han acostumbrado. En general, cuando la inflación es el factor determinante de los mercados, es más probable que la correlación entre la renta variable y los bonos sea positiva que negativa, lo que significa que bajan y suben al unísono. Para quienes se dedican a la asignación de activos, esto supone un gran reto.
Sin embargo, conviene reconocer que una correlación positiva entre la renta variable y los bonos fue la norma durante varias décadas antes de finales de la década de 1990 (gráfico 2), cuando, de hecho, la cartera 60/40 ganó popularidad. En aquel entonces, la motivación para comprar bonos era la generación de rentas o el rendimiento, no una correlación negativa. La historia no se repite, pero sí rima.
Gráfico 2: La correlación negativa entre renta variable y bonos es un fenómeno relativamente reciente
Correlación móvil de 60 meses entre renta variable y bonos
Los resultados pasados no son indicativos de resultados futuros y pueden no repetirse.Fuente: Morningstar Direct, consultado a través de CFA Institute, LSEG Datastream, S&P y Schroders. La renta variable está representada por el índice Ibbotson® SBBI® US Large-Cap Stocks hasta 2024 y, luego, por el S&P 500; los bonos, por el índice Ibbotson® SBBI® US Long-term Government Bonds hasta 2024 y, luego, por el índice ICE BofA 10+ Year US Treasury. Datos a diciembre de 2025.
Así, la renta variable y los bonos se enfrentan a riesgos adicionales, y su capacidad para evolucionar en sentidos contrarios también entraña riesgos. A pesar de ello, la cartera 60/40 no debe ser descartada por completo.
Según los datos disponibles desde 1926, la rentabilidad real media anual de la renta variable en un año de estanflación ha sido aproximadamente del 0 %. Esta cifra es menor de lo que los inversores suelen esperar de la renta variable a largo plazo, aunque acercarse a la inflación en un entorno de alta inflación no es un mal resultado. Además, en la mayoría de los casos, la renta variable ha superado la liquidez.
Los bonos del Estado a largo plazo suelen tener dificultades, como era de esperar, y la cartera 60/40 se enfrenta a mayores retos en un entorno de estanflación. Sin embargo, durante los años de estanflación, la cartera 60/40 ha registrado una rentabilidad mediana más alta que la de la renta variable y los bonos separadamente. Puede que los beneficios de la diversificación sean menos
Gráfico 3: En periodos de estanflación, la cartera 60/40 ofrece un resultado promedio mejor que el de la renta variable o los bonos por separado
Rentabilidad real cuando la inflación y el crecimiento se sitúan por encima o por debajo de su media de los últimos 10 años; datos correspondientes a los años naturales de 1926 a 2025
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: Morningstar Direct, consultado a través del CFA Institute, LSEG Datastream, S&P y Schroders. La mitad de todos los resultados se situaron dentro de la zona sombreada en azul, con una cuarta parte por encima y otra cuarta parte por debajo. «HighInfl» = inflación superior a la media de los 10 años anteriores; «HighGrowth» = PIB real superior a la media de los 10 años anteriores; y viceversa para «LowInfl» y «LowGrowth». Basado en el análisis de datos sobre renta variable estadounidenses entre 1926 y 2025. Dado que los primeros 10 años se utilizan para calcular las medias de los primeros 10 años, esto da lugar a 90 años en los que se realiza una evaluación de la situación económica. Según estos criterios, ha habido 17 años de «HighInfl_LowGrowth», 22 de «HighInfl_HighGrowth», 23 de «LowInfl_LowGrowth» y 28 de «LowInfl_HighGrowth». La renta variable está representada por el índice Ibbotson® SBBI® US Large-Cap Stocks hasta 2024 y, luego, por el S&P 500; la liquidez, por el índice Ibbotson® SBBI® US (30 días) Treasury Bills hasta 2024 y, luego, por el tipo de interés constante a un mes de vencimiento constante de los bonos del Tesoro de EE. UU. Datos hasta diciembre de 2025.
La cartera 60/40 también presenta una «tasa de acierto» más elevada a la hora de ofrecer un comportamiento superior al de la liquidez, lográndolo en el 65 % de los años de estanflación, frente al 59 % de la renta variable por sí sola. Y lo ha hecho sin sacrificar la rentabilidad, ya que la mediana de la rentabilidad superior a la liquidez es prácticamente la misma para la cartera 60/40 que para la renta variable (gráfico 4).
El tamaño de la muestra es reducido, ya que solo incluye 17 años de estanflación de los últimos 100, por lo que debemos ser cautelosos a la hora de depositar demasiada confianza en estos resultados. No obstante, sí sugieren que sería prematuro dar por muerta la estrategia 60/40 por enésima vez.
Gráfico 4: A lo largo de los años de estanflación, la cartera 60/40 ha superado la liquidez con más frecuencia que la renta variable o a los bonos, sin sacrificar notablemente la rentabilidad
Análisis de los años naturales en los que la inflación se situó por encima y el crecimiento por debajo de sus medias de 10 años, 1926-2025
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: Morningstar Direct, consultado a través de CFA Institute, ICE Data Indices, LSEG Datastream, S&P y Schroders. Análisis basado en 17 años del índice HighInfl_LowGrowth. Renta variable representada por el índice Ibbotson® SBBI® US Large-Cap Stocks hasta 2024, y por el S&P 500 a partir de entonces; bonos del Estado a largo plazo = bonos del Estado a largo plazo según el índice Ibbotson® SBBI® US Long-term Government Bonds hasta 2024, y según el índice ICE BofA 10+ Year US Treasury a partir de entonces; efectivo según el índice Ibbotson® SBBI® US (30 días) hasta 2024, y el tipo de interés a un mes de vencimiento constante del Tesoro de Estados Unidos a partir de entonces. Datos hasta diciembre de 2025.
Pero ¿se puede mejorar el modelo tradicional 60/40?
Sí, introduciendo un sencillo cambio: acortar la duración de la cartera de bonos. Los precios de los bonos con menor duración son menos sensibles a las variaciones de los rendimientos, lo que reduce los riesgos a la baja. A modo de ejemplo, utilizar bonos del Tesoro a 5 años en lugar de bonos a largo plazo (>20 años) ha mejorado históricamente la relación riesgo/rentabilidad.
Gráfico 5: Reducir la duración de los bonos puede mejorar la rentabilidad de la estrategia 60/40 durante la estanflación
Análisis de los años naturales en los que la inflación se situó por encima y el crecimiento por debajo de sus medias de los últimos 10 años, 1926-2025
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: Morningstar Direct, consultado a través de CFA Institute, ICE Data Indices, LSEG Datastream, S&P y Schroders. Análisis basado en 17 años del índice HighInfl_LowGrowth. Renta variable representada por el índice Ibbotson® SBBI® US Large-Cap Stocks hasta 2024, y por el S&P 500 a partir de entonces; bonos del Estado a largo plazo = bonos del Estado a largo plazo según el índice Ibbotson® SBBI® US Long-term Government Bonds hasta 2024, el índice ICE BofA 10+ Year US Treasury Index a partir de entonces; los bonos del Estado a medio plazo, según el índice Ibbotson® SBBI® US Intermediate-term Government Bonds hasta 2024 y el índice Bloomberg U.S. Treasury Bellwethers: 5 Year a partir de entonces; la liquidez, según el índice Ibbotson® SBBI® US (30-Day) Treasury Bills hasta 2024 y el tipo de interés a un mes de vencimiento constante del Tesoro de Estados Unidos a partir de entonces. Datos hasta diciembre de 2025.
Esta misma táctica puede aplicarse a otros ámbitos, como los bonos corporativos. Los bonos a corto plazo ofrecen un mayor margen de seguridad que los bonos a largo plazo. Cuando la curva de rendimiento tiene una pendiente ascendente, como ocurre en la actualidad, la contrapartida de este enfoque es aceptar un rendimiento menor. Sin embargo, históricamente, la mínima sensibilidad al aumento de los rendimientos ha jugado a su favor.
Gráfico 6: Los bonos a corto plazo pueden absorber un aumento mucho mayor de los rendimientos antes de que los inversores sufran una pérdida de capital.
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: Schroders, LSEG Datastream, ICE Data Indices, J.P. Morgan. Datos a 31 de mayo de 2026. Rendimiento = rendimiento en el peor escenario. El margen de seguridad es una medida de cuánto tendrían que aumentar los rendimientos en los próximos 12 meses para que los inversores obtuvieran una rentabilidad negativa.
Otra táctica para los inversores en renta fija es considerar los valores de tipo variable, como los préstamos apalancados o la financiación titulizada basada en créditos o activos. Estos pagan un cupón vinculado a los tipos de interés a corto plazo. Si los bancos centrales suben los tipos para combatir la inflación, esto aumenta su generación de rentas y su rentabilidad. Esto contrasta con los bonos corporativos y del Estado, cuyo valor cae cuando suben los rendimientos (técnicamente no son exactamente lo mismo, ya que la rentabilidad de los valores de tipo variable es sensible a los tipos a corto plazo, mientras que la de los bonos lo es a los rendimientos a más largo plazo, aunque están relacionados). Estos activos exponen a los inversores a tipos de riesgo distintos a los de los activos tradicionales. Un análisis detallado de los mismos queda fuera del alcance de este documento y, además, se vería dificultado por su historial de rentabilidad más breve.
Un riesgo para tener en cuenta para los bonos corporativos
Los spreads de crédito suelen aumentar durante los años de estanflación, con un incremento medio del 0,3 %. Esto supone actualmente un reto para los inversores en bonos corporativos, ya que los spreads se encuentran cerca de sus niveles más bajos de los últimos 20 años. Bastaría un aumento de tan solo entre el 0,1 % y el 0,2 % de los spreads para que los bonos corporativos con grado de inversión obtuvieran un rendimiento inferior al de los bonos del Estado. Existe un riesgo significativo de que esto ocurra si entramos en una fase de estanflación.
Gráfico 7: Los spreads de crédito vuelven a situarse en niveles excepcionalmente bajos en comparación con la trayectoria histórica
Los rombos muestran la posición actual frente a los últimos 20 años: 0 % = spread más bajo en 20 años, 100 % = spread más alto
Fuente: Schroders, LSEG Datastream, ICE Data Indices, J.P. Morgan. A 30 de abril de 2026. Período de análisis: 20 años.
Esto es especialmente relevante cuando los inversores adoptan enfoques más tácticos respecto a los bonos corporativos. Aquellos que pretenden mantenerlos hasta su vencimiento se ven menos afectados: en este caso, lo que más importa es el riesgo de impago e, históricamente, la tasa media de impago de los bonos con grado de inversión desde 1920 ha sido del 0,1 %. En otras palabras, el 99,9 % no ha incurrido en impago en ningún año concreto. No hay necesidad de que los inversores que siguen una estrategia de «comprar y mantener» en bonos con grado de inversión se precipiten a salir del mercado. Sin embargo, como se ha descrito anteriormente, acortar la duración de la cartera reducirá la sensibilidad de la rentabilidad global al aumento de los rendimientos.
Ajustar las asignaciones dentro de la renta variable
En lo que respecta la rentabilidad de los estilos o sectores de renta variable, la interacción entre la inflación y el crecimiento puede resultar compleja y es importante tenerla en cuenta. Hemos resumido las distintas relaciones de una forma novedosa en la tabla que figura a continuación, basándonos en datos desde 1963. La tabla requiere algunas explicaciones, pero ofrece una presentación multidimensional muy útil de los datos.
La rentabilidad por sectores y estilos utiliza el conjunto de datos de Fama-French para permitir el análisis a más largo plazo posible. Estos se definen de forma ligeramente diferente a como suelen hacerlo los proveedores de índices como MSCI, aunque la mayoría presenta paralelismos evidentes. Mientras que el análisis de la sección anterior se basaba en datos del año natural, dado el reducido número de años naturales transcurridos desde 1963, esta sección utiliza datos trimestrales. Esto aumenta el número de datos disponibles para el análisis.
- Dimensión 1: la posición de un estilo o sector de izquierda a derecha se basa en la frecuencia con la que ha obtenido un desempeño superior cuando el crecimiento se ha debilitado. En el caso de los sectores, la rentabilidad superior es relativa al mercado en general. Por ejemplo, las acciones del sector de la sanidad han obtenido una rentabilidad superior a la del mercado en general entre el 52 % y el 53 % de las veces en las que el crecimiento se ha debilitado. En el caso de los estilos, es relativo al extremo opuesto del espectro considerado. Por ejemplo, una rentabilidad superior del estilo “valor” (value) corresponde a la de las empresas económicas frente a las costosas; en el caso del estilo “calildad” (quality), corresponde a la de las empresas con alta rentabilidad operativa (definida aquí como la relación entre los beneficios y los activos) frente a las menos rentables.
- Dimensión 2: la posición de un estilo o sector en el eje vertical se basa en la frecuencia con la que ha superado al mercado general cuando la inflación ha estado por encima del 3 % y al alza. Por ejemplo, las acciones del sector de la sanidad han superado al mercado general entre el 58 % y el 59 % de las veces en las que la inflación se ha comportado de esta manera.
- Dimensión 3: la cifra que aparece junto a cada sector corresponde a la rentabilidad media trimestral superior a la del mercado, anualizada, cuando el crecimiento del PIB se ha debilitado y la inflación es alta y va en aumento. Por ejemplo, las acciones del sector de la sanidad han registrado una mayor rentabilidad con un promedio del 7,2 % anualizado cuando estos dos resultados económicos han coincidido.
- Dimensión 4: el sombreado corresponde a la alta o baja rentabilidad, para facilitar la lectura.
Los estilos y sectores que presentan el mejor historial den un escenario de estanflación son los situados más a la derecha y abajo en el gráfico, representados en tonos de verde más intensos . Los situados arriba y a la izquierda son los menos fiables. Los que están representados en tonos más rojizos han registrado una rentabilidad inferior más marcada.
Gráfico 8: ¿Qué estilos y sectores de renta variable obtienen buenos resultados cuando el crecimiento se debilita y/o la inflación es alta y va en aumento?
Las cifras del gráfico corresponden a la rentabilidad media trimestral superior, en términos anualizados, cuando el crecimiento del PIB se debilita y la inflación es alta y va en aumento, entre 1963 y 2025.
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: Base de datos de Kenneth French, Schroders. Datos trimestrales de 1963 a 2025.
El estilo que destaca es el quality. Las empresas con mayor rentabilidad operativa (beneficios en relación con los activos) han obtenido mejores resultados que las menos rentables en más del 60 % de los casos en los que el crecimiento ha sido débil o la inflación alta y al alza. La rentabilidad superior media ha sido del 4 % en términos anualizados. El estilo quality ha atravesado años difíciles en cuanto a la rentabilidad, pero existen argumentos de peso para asignar activos a este estilo, dadas las actuales fuerzas macroeconómicas.
El estilo value también ha superado al de “crecimiento” (growth). Las acciones growth suelen tener múltiplos PER más elevados debido a las ganancias futuras previstas, pero los tipos de interés más altos que suelen acompañar a la estanflación elevan la tasa de descuento aplicada a dichas ganancias. Esto erosiona de forma desproporcionada el estilo value actual, dejando el de growth más expuesto. Las empresas value cuentan con un mayor margen de seguridad, dadas sus valoraciones iniciales relativamente bajas.
Es importante destacar que, en el ciclo de inversión actual, las empresas con estrategias de inversión más conservadoras suelen haber obtenido mejores resultados que aquellas con estrategias más agresivas cuando la inflación ha sido alta y al alza (aunque la relación no es tan clara cuando el crecimiento se ha debilitado). Una explicación de esto es que los tipos de interés más altos que se dan en este escenario afectan negativamente el coste de la deuda que financia las estrategias de inversión más ambiciosas. Dado que el mercado mundial está dominado por empresas que se embarcan en uno de los mayores ciclos de inversión de la historia, los inversores en índices están muy expuestos.
Un análisis más detallado por sectores
Las acciones del sector energético cuentan con un sólido historial de rentabilidad superior cuando la inflación ha sido elevada y al alza. Esto tiene sentido, ya que los altos precios de la energía han sido a menudo la causa de dicha inflación. Dado que la demanda energética está correlacionada con la actividad económica, esto juega en su contra en un entorno de menor crecimiento, pero el factor del «choque inflacionista» ha predominado históricamente cuando nos adentramos en una etapa de estanflación. Dado que el sector energético ha caído desde un máximo del 14% del mercado bursátil mundial hasta apenas alrededor del 4 % en la actualidad, se requiere una asignación sectorial especializada para obtener una exposición significativa. O bien eso, o bien una asignación a los mercados bursátiles regionales o nacionales con mayor ponderación del sector energético, como el del Reino Unido o algunos mercados latinoamericanos.
Por otra parte, los sectores defensivos clásicos —sanidad, bienes no duraderos (en líneas generales, similares a los bienes de consumo básico) y servicios públicos— presentan una rentabilidad relativamente fiable y altos niveles de rentabilidad en un entorno de alta inflación y crecimiento débil.
Las acciones del sector aurífero constituyen cierta anomalía. Su rentabilidad no ha sido especialmente fiable, aunque su rentabilidad promedio ha sido la más sólida de todos los sectores. En otras palabras, cuando se comportan muy bien, lo hacen de manera muy marcada. Los valores auríferos se benefician hoy también de la demanda estructural de los bancos centrales que buscan diversificar sus reservas, especialmente en las economías emergentes. Las acciones del sector aurífero son un caso aún más extremo que el sector energético, ya que solo representan menos del 1% de la capitalización bursátil mundial. La única forma de tener una exposición significativa es a través de fondos especializados.
Las empresas de tecnología e información (TI) suelen haber atravesado dificultades, lo que supone otra señal de alerta para los inversores en índices, dado que alrededor del 50 % del mercado bursátil estadounidense (y alrededor del 40 % del mercado mundial) está expuesto al sector de las empresas de TI, si se incluyen Amazon y Tesla —que se clasifican en el sector de consumo discrecional— y Alphabet y Meta Platforms —que se clasifican en el de servicios de comunicación—. Históricamente, la baja rentabilidad ha sido el resultado de una baja en la demanda, aumento de los costes de suministro y repercusiones en las valoraciones. Suponiendo que el superciclo de la IA continúe, el primer factor constituye una preocupación menos inmediata, pero el último sí lo es, por la misma razón por la que las empresas de crecimiento son vulnerables.
El sector inmobiliario también presenta una trayectoria irregular. Esto tiene que ver con la tensión entre su condición de activo real —que a menudo presenta flujos de caja vinculados a la inflación— y el alto grado de apalancamiento que conlleva la financiación inmobiliaria. Cuando realizamos un análisis alternativo de la rentabilidad anual en los años en los que la inflación ha estado por encima de su media de los últimos diez años y el crecimiento por debajo de dicha media, el sector inmobiliario presenta una rentabilidad real media y mediana más alta que cualquier otro sector. Pero también presenta la mayor variabilidad de resultados de todos los sectores. En lo que respecta a las inversiones individuales, la rentabilidad depende del segmento del mercado inmobiliario, la duración del contrato de alquiler y su posible vinculación a la inflación, el perfil de vencimiento de la deuda y de otros factores.
Gráfico 9: Principales inclinaciones por estilos y sectores de renta variable
Clases de activos adicionales: materias primas y hedge funds
Los inversores que busquen diversificación podrían plantearse añadir materias primas y hedge funds (fondos de cobertura) a sus carteras. Los periodos de turbulencias en los mercados provocados por una inflación elevada y al alza son precisamente aquellos en los que, históricamente, estos activos han demostrado su utilidad en las carteras, tal y como se destaca en el gráfico 10.
Gráfico 10: Las materias primas y los hedge funds han superado a la renta variable cuando la inflación ha sido elevada y ha estado en alza
Porcentaje de trimestres en los que el sector o estilo superó el índice MSCI USA cuando la inflación ha sido superior al 3 % y ha estado en alza, 1990-2025
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: HFRI, MSCI, LSEG Datastream, Schroders. Datos del primer trimestre de 1990 al cuarto trimestre de 2025. Las materias primas se representan mediante el índice S&P GSCI Commodity, y las estrategias de hedge funds, mediante los índices HFRI. Las estrategias de renta variable «long/short» se aproximan mediante el índice Equity Hedge (total), y las estrategias macro (fundamentales), mediante el índice Macro (total), ya que históricamente han sido el componente más importante de cada una de ellas. La rentabilidad superior se compara con el índice MSCI USA, pero las conclusiones generales son las mismas si se utiliza el índice MSCI World. Las rentabilidades totales están expresadas en dólares estadounidenses.
Durante este periodo, solo ha habido 23 trimestres de los 144 en los que el crecimiento ha ido disminuyendo y la inflación ha sido alta y ha estado en alza. En esta muestra limitada, los hedge funds presentan una tasa de acierto aún mayor a la hora de superar la renta variable que en entornos de inflación elevada y al alza considerados de forma aislada. Resulta interesante que esto sea así en todos los principales estilos hedge funds. Las materias primas presentan un historial ligeramente menos fiable, dada su sensibilidad al crecimiento económico, pero también presentan la mayor rentabilidad media superior al índice de referencia.
Gráfico 11: Las materias primas y los hedge funds presentan un historial fiable de rentabilidad superior durante periodos de estanflación
Porcentaje de trimestres en los que el sector o estilo superó el índice MSCI USA, y rentabilidad media trimestral superior, en términos anualizados, cuando el crecimiento ha sido débil y la inflación ha sido superior al3 % y ha estado en alza, 1990-2025
Los resultados pasados no son indicativos de los resultados futuros y pueden no repetirse.
Fuente: HFRI, MSCI, LSEG Datastream, Schroders. Datos del primer trimestre de 1990 al cuarto trimestre de 2025. El análisis se limita a los 23 trimestres en los que el crecimiento del PIB se ha debilitado y la inflación se ha situado por encima del 3 % y ha ido en alza. Las materias primas se representan mediante el índice S&P GSCI Commodity, y las estrategias de hedge funds, mediante los índices HFRI. Las estrategias de renta variable «long/short» se aproximan mediante el índice Equity Hedge (total), y las estrategias macro (fundamentales), mediante el índice Macro (total), ya que estos han sido históricamente el componente más importante de cada una de ellas. La rentabilidad superior se calcula en relación con el índice MSCI USA, pero las conclusiones generales y el orden de magnitud son los mismos si se utiliza el índice MSCI World (las rentabilidades excedentarias medias anualizadas son entre un 4 % y un 5 % superiores a las del MSCI World). Las rentabilidades totales están expresadas en dólares estadounidenses.
Dado que la estanflación plantea retos para los bonos como instrumento tradicional de diversificación, existen argumentos de peso para incorporar materias primas y hedge funds. Aunque no ofrecen una rentabilidad superior de forma fiable en otros entornos económicos (lo cual no debería sorprender demasiado, ya que suelen tener como objetivo generar mejores rentabilidades ajustadas al riesgo, no mejores rentabilidades absolutas), históricamente han tenido una ventaja en este tipo de entornos. Cabe decir que no conviene pagar las elevadas comisiones de los hedge funds a cambio de una rentabilidad mediocre. La selección de gestores es fundamental.
Mercados privados
Este documento se centra en los mercados públicos, pero estos solo representan una parte del conjunto de oportunidades. Los mercados privados, en todas sus variantes, ofrecen herramientas adicionales a las que pueden recurrir los gestores de activos para adaptar sus carteras, incluso ante el riesgo de estanflación. Esto se aplica tanto a la mejora de la rentabilidad como a los factores diferenciadores de dicha rentabilidad. Se dispone de datos más limitados de forma sistemática en los mercados privados, y dichos datos plantean sus propios retos, como la escasa frecuencia de las valoraciones. La naturaleza de muchos mercados privados (como la retirada de capital a lo largo de un periodo de varios años en el caso de los vehículos tradicionales de private equity) también implica que son menos adecuados para el posicionamiento táctico. Por estas razones, no los hemos tratado en este documento, pero creemos que deben tenerse en cuenta como parte de un proceso estratégico de asignación de activos.
Conclusión
La popular cartera 60/40 no ha desaparecido, pero los inversores pueden aumentar sus posibilidades de obtener buenos resultados si la economía mundial toma un rumbo estanflacionista, caracterizado por un crecimiento más débil y una mayor inflación.
En las carteras de bonos: acortar la duración.
En las carteras de renta variable:
- aumentar la exposición a estilos de inversión centrados en los estilos quality y value, para equilibrar la exposición predominantemente orientada al estilo growth en el mercado mundial;
- aumentar la exposición al sector energético, mediante asignaciones especializadas o sesgos regionales;
- aumentar la exposición a sectores y empresas defensivos;
- considerar la inversión en acciones del sector aurífero;
Añadir asignaciones a materias primas y hedge funds
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