Más allá del balance: perfeccionar el proceso diligente de los ETF activos
Los ETFs activos exigen más que comprobaciones de historial: evalúa la fuente alfa, el ajuste al ETF, la gobernanza, la implementación, el rol de la cartera.
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Los inversores recurren cada vez más a los ETF activos, no solo como un nuevo formato de producto, sino como respuesta a un panorama cambiante en materia de inversión y ejecución. En muchos mercados, la concentración de los índices de referencia, los cambios de régimen más rápidos, la persistente incertidumbre macroeconómica y el continuo escrutinio de las comisiones han aumentado la prima que se otorga a las estrategias que pueden ejecutarse de manera eficiente, supervisarse con claridad e integrarse sin problemas en las carteras.
Esto forma parte de lo que podríamos denominar una «gran convergencia»: la combinación de la experiencia en gestión activa con la eficacia y la capacidad de desarrollo del formato ETF, dentro de un enfoque más reflexivo de la construcción de carteras y la gestión de riesgos. La implicación para los inversores es clara. Las cuestiones tradicionales relacionadas con la selección de gestores siguen siendo importantes, pero la diligencia debida que se aplica a los ETF activos requiere una perspectiva más amplia, que considere cómo se diseña, se negocia y se utiliza la estrategia.
1) Identificar la verdadera fuente del alfa
La pregunta fundamental es la siguiente: ¿de dónde se espera realmente que provenga el alfa? El objetivo consiste en distinguir entre una rentabilidad sostenida por un entorno de mercado específico y un proceso diseñado para ser reproducido en distintos contextos de mercado.
Para los inversores profesionales, los debates más útiles suelen ser aquellos en los que se explica de forma explícita la ventaja competitiva de la estrategia, los supuestos en los que se basa y las condiciones en las que podría obtener una rentabilidad inferior a la esperada. No se trata de eliminar la incertidumbre, sino de garantizar que los factores que impulsan la rentabilidad sean deliberados y se expresen de forma coherente.
2) Comprobar si la estrategia es adecuada para un ETF (ya que no siempre lo es)
Un vehículo de inversión como un ETF puede ser un mecanismo de ejecución muy eficaz, pero no todos los enfoques activos se adaptan de forma natural a este formato. La prueba práctica consiste en determinar si la estrategia puede satisfacer las expectativas de liquidez diaria y escalar sin obligar a realizar concesiones que diluyan la tesis de inversión.
Otra consideración que es fácil pasar por alto es la transparencia. Dependiendo de la estructura y del enfoque de divulgación, los inversores deberían preguntarse si cabe esperar razonablemente que los requisitos de transparencia influyan en el proceso de generación de alfa o en el comportamiento de la implementación. En resumen, el «formato ETF» debería ser una característica facilitadora, no una restricción que remodele la estrategia de formas no deseadas.
3) Analizar la disciplina en la construcción de la cartera y la gobernanza
En los ETF activos, la construcción de las carteras suele ser el factor que realmente determina los resultados. Esto implica comprender no solo las exposiciones previstas, sino también el marco de riesgo que rige cómo se expresan: cómo se dimensionan las posiciones, cómo se gestiona el riesgo, qué restricciones existen y con qué rapidez pueden cambiar las exposiciones.
La gobernanza constituye un elemento esencial para esta disciplina. Los inversores deben tener claridad en cuanto a los derechos de decisión, la supervisión, los procedimientos de escalado y a la forma en que se supervisa la estrategia en relación con sus objetivos. Una gobernanza sólida no garantiza una rentabilidad superior, pero aumenta considerablemente la probabilidad de que la estrategia se comporte según lo previsto, especialmente en situaciones de tensión en los mercados.
4) Evaluar la calidad de la ejecución y el ecosistema de liquidez
Los resultados de los ETF activos no solo dependen de las convicciones de cartera. La calidad de la ejecución es fundamental y, en el formato de los ETF, el ecosistema de negociación es clave: el aporte de liquidez, la creación de mercado, los diferenciales, así como el enfoque del gestor respecto a la negociación y la ejecución.
Incluso cuando una estrategia cuenta con un proceso sólido, los resultados pueden verse mermados por los costes de fricción si la ejecución no se gestiona adecuadamente. Dado que los ETF son instrumentos negociables, la resiliencia ante las distintas condiciones de mercado también es importante. Los inversores deben tener la seguridad de que la estructura de ejecución está diseñada para ofrecer la exposición prevista de forma eficiente y coherente, incluso cuando las condiciones de liquidez sean menos favorables.
5) Ser explícito sobre la función dentro de la cartera
Por último, basar la evaluación en el objetivo de la cartera. ¿Qué función se espera que desempeñe este ETF activo? ¿Una fuente de alfa diversificadora, una exposición básica con un perfil de riesgo definido, una herramienta para gestionar riesgos específicos o un componente fundamental dentro de una asignación basada en modelos?
La claridad sobre su función permite determinar el tamaño adecuado, el horizonte de evaluación, los indicadores de éxito y el comparador adecuado. Además, reduce el riesgo de seleccionar el ETF principalmente porque su estructura resulta cómoda o familiar, en lugar de porque la estrategia subyacente tenga una función clara y se comporte según lo previsto, junto con las posiciones existentes.
Conclusión clave
La adopción de los ETF activos se ha acelerado en los últimos años, y una parte cada vez mayor de la innovación del sector toma la forma de estrategias activas. Sin embargo, creemos que lo más importante no es el crecimiento en sí mismo, sino lo que implica para la diligencia debida.
El vehículo ETF por sí solo no genera alfa. El alfa proviene del proceso de inversión subyacente, de la construcción de la cartera y de la disciplina en la ejecución. A medida que los ETF se convierten cada vez más en parte de la infraestructura cotidiana que permite acceder exposiciones activas, las prácticas de diligencia debida deben evolucionar junto con ellos. Para los inversores profesionales, eso significa mirar más allá del gestor y de la etiqueta del vehículo, y adoptar una visión global sobre cómo se espera que la estrategia genere rentabilidades, cómo se gestiona el riesgo, con qué eficiencia puede implementarse en los mercados reales y cuál es la función específica que debe desempeñar en la cartera.
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