Cómo la invasión rusa de Ucrania amenaza el suministro mundial de alimentos

La guerra en Ucrania empeorará el ya frágil sistema alimentario global.

08/03/2022
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Authors

Felix Odey
Gestor de fondos
Mark Lacey
Responsable de Renta Variable de Recursos Globales, gestor de fondos
Alexander Monk
Gestor de fondos

El trágico impacto de la invasión rusa lo está sintiendo, en primer lugar, la población ucraniana. Pero, con el tiempo, esta crisis plantea riesgos para el suministro de alimentos que tendrán un impacto global.

Se ha hablado mucho del papel de Rusia como proveedor de petróleo y gas al resto del mundo, pero su condición de productor clave de productos agrícolas conlleva que exista un riesgo real de escasez de alimentos en el futuro. A su vez, esto pone de manifiesto lo mucho que hay que hacer para garantizar un sistema alimentario e hídrico sostenible.

Rusia es un productor clave de cultivos y fertilizantes

Rusia y Ucrania representan conjuntamente alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo, como muestra el siguiente gráfico.

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Es evidente que la interrupción de las exportaciones de trigo tendrá consecuencias para los consumidores, tanto en términos de disponibilidad como de precio. Los mercados emergentes son los que probablemente sufrirán un impacto desproporcionado, ya que han sido el destino tradicional del trigo ruso. En los últimos años, los tres principales mercados para las exportaciones de trigo ruso han sido Egipto, Turquía y Bangladesh.

La situación se agravará si los gobiernos de los países más ricos, como los de la UE, empiezan a intervenir en los mercados agrícolas subvencionando los precios de los alimentos para frenar la inflación que sufren sus ciudadanos. Esto podría conducir a un escenario en el que la brecha de disponibilidad de alimentos entre las naciones más ricas y las más pobres se amplíe aún más, con los precios elevándose por encima de lo que la gente pueda pagar en los países que ya sufren de escasez de alimentos.

Llama especialmente la atención una reciente declaración de la empresa noruega de fertilizantes Yara, que indicaba la magnitud de la posible escasez de cosechas debido a la desestabilización de la agricultura: "Los agricultores se encuentran ahora en una fase crucial de la temporada agrícola en la que los factores de producción, como los fertilizantes, las semillas y el agua, determinarán el rendimiento de la próxima cosecha. Los cálculos más extremos indican que si no se añade fertilizante al suelo, los cultivos pueden reducirse en un 50% para la próxima cosecha".

El impacto de esto es extremadamente alarmante, incluso si la interrupción se limitara a Ucrania. Sin embargo, el problema va más allá, porque Rusia no sólo es un gran productor de trigo, sino también de los recursos que se emplean en los productos fertilizantes, como el nitrógeno, el fosfato y la potasa (el término comúnmente utilizado para referirse a las formas nutrientes del elemento químico potasio). El mercado de la potasa, en particular, está muy concentrado. El 80% de toda la potasa exportada procede de sólo tres países -Canadá, Bielorrusia y Rusia-, y el 40% proviene de los dos últimos juntos (cifras de Yara).

Las sanciones impuestas por Occidente a Rusia y Bielorrusia afectaran el comercio de estas materias primas, lo que repercutirá en el rendimiento de los cultivos en todo el mundo.  

La seguridad alimentaria ya es precaria debido al cambio climático

Esto llega en un momento en que el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos ya están ejerciendo presión sobre los cultivos. Por ejemplo, un verano caluroso y seco el año pasado redujo la producción de trigo en Canadá. Las estimaciones de los académicos indican que, incluso en un escenario de aumento del calentamiento global en 2°C, se espera que el rendimiento del maíz disminuya en un 14%, y el del trigo en un 12%. Y, al mismo tiempo, la población mundial, que aumenta cada año, requiere cantidades cada vez mayores de alimentos.

El informe de impacto del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), publicado recientemente, afirma categóricamente que "el cambio climático ejercerá una presión cada vez mayor sobre la producción y el acceso a los alimentos, especialmente en las regiones vulnerables, lo que socavará la seguridad alimentaria y la nutrición".

"A 2°C o más, el calentamiento global debilitará progresivamente la salud del suelo y los servicios de los ecosistemas, como la polinización, aumentará la presión de las plagas y las enfermedades, y reducirá la biomasa de los animales marinos, socavando la productividad de los alimentos en muchas regiones en la tierra y en el océano".

La invasión de Ucrania y sus implicaciones para el suministro de fertilizantes y alimentos, expone y agrava las debilidades del sistema alimentario y del agua. Si no se controla, esto podría tener repercusiones extremadamente negativas en todo el mundo. Si bien la escasez en este caso será una consecuencia de la guerra, la falta de seguridad alimentaria puede ser una causa de conflicto en sí misma.

Volviendo a la declaración de Yara, la empresa dijo "Un suministro de alimentos inestable conlleva que haya hambrunas en algunas partes del mundo, aumenten la mortalidad, los conflictos armados, las migraciones, los disturbios y las desigualdades sociales que pueden acelerar aún más las tensiones geopolíticas". Compartimos estas preocupaciones.

Hacer que los alimentos y el agua sean sostenibles debe ser una prioridad mundial

Desde Schroders creemos que la creación de un sistema alimentario y de agua sostenible es uno de los retos más urgentes a los que se enfrenta el mundo en la actualidad. Necesitamos que las empresas que velan por la seguridad alimentaria y la sostenibilidad se pongan en marcha rápidamente para tratar de evitar estas consecuencias negativas.

Creemos que es necesario invertir 30 billones de dólares de aquí a 2050 para conseguirlo. Los tres cambios estructurales que se necesitan son 1) un mayor rendimiento y eficiencia agrícola, que puede ser facilitado por la tecnología; 2) cambios en la dieta mundial, incluyendo un menor consumo de carne; 3) una importante reducción de los residuos y las emisiones.

 

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