Los temores macroeconómicos se disipan, los riesgos de la Fed aumentan
Los economistas de Schroders ofrecen sus perspectivas sobre el crecimiento, los tipos de interés y la inflación en su informe trimestral
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Tras haber superado la conmoción provocada por el conflicto en Irán, seguimos creyendo que la economía mundial registrará un crecimiento sólido y que la inflación es la mayor preocupación. Por consiguiente, más que una recesión, la mayor amenaza para los activos de riesgo es que las dudas sobre la credibilidad de los bancos centrales provoquen un fuerte repunte de los rendimientos a largo plazo.
Continuamos observando un contexto favorable para la economía global, y se sigue previendo que el crecimiento del PIB alcance alrededor de del 2,5% en 2026 y del 2,6% en 2027. Sin embargo, bajo esta aparente estabilidad se han producido cambios significativos entre regiones. El Reino Unido ha sorprendido positivamente, lo que nos ha llevado a revisar al alza nuestra previsión del PIB para 2026, mientras que la zona euro también ha demostrado ser más resistente de lo previsto. El crecimiento de EE. UU. se mantiene prácticamente sin cambios y Japón sigue superando las previsiones del consenso, mientras que la menor demanda interna y el debilitamiento del impulso de las exportaciones nos ha llevado a rebajar nuestra previsión para China.
En cuanto a la inflación, la situación es similar. Nuestra previsión global se mantiene prácticamente sin cambios: se espera que la inflación se sitúe en el 3,3% en 2026, antes de moderarse hasta el 2,7% en 2027. Las persistentes presiones sobre los precios internos nos han llevado a revisar al alza nuestra previsión de inflación para Estados Unidos, mientras que se espera que la inflación en Japón se mantenga por encima del objetivo del Banco de Japón (BOJ). En la zona euro, la resistencia de la actividad económica y la persistencia de la inflación en el sector de los servicios han aumentado el riesgo de que se produzcan efectos de segunda ronda, mientras que la mayor holgura del mercado laboral debería limitar esas presiones en el Reino Unido, al menos por ahora. China sigue siendo la excepción, ya que la débil demanda interna contiene la inflación en el país, aunque el aumento de los precios al productor podría repercutir en los precios globales de los bienes. La principal implicación en materia de política económica es que la inflación está demostrando ser lo suficientemente persistente en varias economías importantes como para obligar a los bancos centrales a volver a intervenir.
Han surgido dudas en Estados Unidos sobre el compromiso de la Reserva Federal (Fed) de volver a situar la inflación a su nivel objetivo. Sin embargo, consideramos que estas inquietudes responden a la forma en que el presidente de la Fed está comunicando sus mensajes, mostrando una menor disposición a ofrecer orientaciones explícitas sobre la trayectoria futura de la política monetaria. Otros miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) han afirmado sin rodeos que podría ser necesario cierto endurecimiento para volver a situar la inflación en el objetivo. Dado que la economía está demostrando su resistencia y las presiones inflacionistas internas son elevadas, esperamos que la Fed comience a subir los tipos más adelante este año.
Mientras tanto, la resistencia de la actividad de la zona euro ante las crisis energéticas nos ha llevado a revisar al alza nuestra previsión de crecimiento para este año. No obstante, la persistencia de la inflación y nuevas subidas de tipos sugieren que el endurecimiento de las condiciones financieras podría moderar el crecimiento en 2027, especialmente en un contexto en el que varios países clave de la región se enfrentarán a procesos electorales.
A diferencia de otras partes del mundo, las condiciones flexibles del mercado laboral en el Reino Unido deberían evitar que los elevados precios de la energía se conviertan en un problema inflacionista generalizado, lo que daría margen al Banco de Inglaterra para mantener los tipos sin cambios este año. Sin embargo, sospechamos que una política fiscal más expansiva requerirá cierto endurecimiento monetario más adelante.
Se espera que la economía japonesa supere las previsiones del consenso, respaldada por el estímulo fiscal, el aumento de los salarios reales y la inversión relacionada con la inteligencia artificial. Se prevé que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2% del Banco de Japón, ya que el sólido crecimiento salarial y el aumento de los costes de importación mantienen elevada la inflación subyacente. Esto debería permitir al Banco de Japón acelerar el ritmo de normalización de su política monetaria.
Los datos más recientes respaldan nuestra opinión de que la economía china atravesará dificultades a mediados de 2026, a medida que afloran las debilidades estructurales de la demanda interna. Dado que las exportaciones aún no han empezado a descender, podría haber más dificultades en los próximos meses. Por ello, aunque las autoridades se negaron a intensificar las medidas de apoyo significativas en la reunión del Politburó celebrada en julio, sospechamos que se verán obligadas a actuar a finales de año.
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