Cuando los mercados ponen a prueba tu convicción, confía en el proceso
En mercados muy volátiles, la presión por actuar puede resultar abrumadora. Un proceso de inversión disciplinado ayuda a evitar reacciones que pueden salir caras.
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La incertidumbre es la mayor prueba para la fortaleza de los gestores de inversiones. Una reacción precipitada o una inacción aturdida podrían determinar el destino de las ganancias que tanto les ha costado obtener. Como inversores fundamentales, creemos que contar con un proceso de inversión riguroso permite a los inversores estar posicionados para capturar una amplia gama de resultados. Tanto si eres un inversor en renta variable value (valor), un experto en deuda emergente o gestionas carteras con objetivos de preservación del capital, el principio es el mismo: un proceso bien definido proporciona la disciplina necesaria para navegar entornos en los que la visibilidad es escasa y las emociones están a flor de piel.
Sin embargo, es precisamente en estos momentos —cuando la incertidumbre es más aguda— cuando la tentación de desviarse de ese proceso es mayor. Las crisis geopolíticas, los movimientos bruscos del mercado y el flujo constante de noticias pueden crear la sensación de que es necesario actuar. El reto para los inversores es distinguir entre situaciones que realmente justifican una reevaluación de los supuestos subyacentes y aquellas que simplemente ponen a prueba la convicción.
Pero ¿qué ocurre cuando estas hipótesis subyacentes se ponen a prueba día tras día?
Los periodos de disrupciones prolongadas suelen desencadenar una serie de expectativas habituales en los mercados financieros. A medida que aumenta la incertidumbre, los inversores suelen recurrir a los bonos del Tesoro estadounidense como cobertura; a las materias primas (especialmente la energía), que suelen repuntar ante las preocupaciones sobre el suministro; y al dólar estadounidense, que se fortalece como valor refugio. En términos más generales, existe la creencia implícita de que la diversificación debería «funcionar»: que las diferentes clases de activos se comportarán de manera diferente y unas compensarán a las otras, amortiguando el impacto en las carteras.
Estas expectativas se basan en la experiencia histórica y en las funciones que se espera que desempeñen los diferentes activos dentro de una cartera. Los bonos del Estado a menudo han proporcionado protección durante episodios de aversión al riesgo, las materias primas han respondido a las interrupciones del suministro y el dólar se ha beneficiado de su condición de moneda de reserva.
Sin embargo, estas relaciones suelen considerarse más estables —y predecibles— de lo que realmente son. La suposición de que los mercados responderán según un guion conocido puede resultar reconfortante, pero al hacerlo se corre el riesgo de simplificar en exceso una realidad más compleja.
Tomando como ejemplo las correlaciones...
Las correlaciones suelen ser datos clave a la hora de que los gestores determinen la asignación estratégica de activos de una cartera o decidan si abrir una nueva posición. Estos datos suelen sustentar los fundamentos de la diversificación y se basan en el supuesto de que las relaciones son lo suficientemente estables como para orientar la toma de decisiones.
Las correlaciones no son estáticas. Las relaciones entre la renta variable y otras clases de activos varían de forma significativa a medida que se desarrollan las crisis, y a menudo se modifican mucho antes de que se alcance el punto álgido de la volatilidad del mercado. Los patrones que pueden haberse mantenido en entornos más estables pueden debilitarse, reforzarse o incluso invertirse en períodos relativamente breves. El gráfico 1, a continuación, muestra cómo cambian las correlaciones antes y durante un evento de mercado.
Correlaciones medias con la renta variable global
Fuente: Schroders, Refinitiv Datastream, 25 de marzo de 2026. Las correlaciones se refieren a periodos de 12 semanas. «Previo al evento» = última correlación antes del inicio del conflicto. Correlaciones medias en siete acontecimientos geopolíticos: el 11-S y la invasión de Irak (2001), los atentados de Madrid y Moscú (2004), Crimea y el ISIS (2014), las tensiones entre Corea del Norte y EE. UU. (2017), la guerra entre Rusia y Ucrania (2022), el conflicto entre Israel y Hamás (2023) y el conflicto entre Israel e Irán (2025).
Esto significa que la inversión suele considerarse más un arte que una ciencia, ya que ningún activo se comporta de manera uniforme en todos los periodos. Los activos que suelen considerarse defensivos no siempre responden de la misma forma. La interacción entre activos varía en función del contexto actual del mercado y de si los mercados interpretan la crisis principalmente como un riesgo para el crecimiento, un riesgo de inflación o ambos. En el contexto actual de Oriente Medio, los inversores, los bancos centrales y los responsables políticos están sopesando los riesgos para el crecimiento y las persistentes presiones inflacionistas.
Esto significa que la diversificación no desaparece durante los periodos de tensión. Se vuelve más dinámica y menos predecible de lo que muchos inversores suponen.
Pero un momento, ni siquiera el cambio de tendencia está garantizado…
Las correlaciones no evolucionan en una dirección constante. Incluso al analizar el mismo par de activos, la forma en que evoluciona la relación entre ambos puede variar notablemente de un episodio geopolítico a otro.
Guerra de Irán de 2026: La caída del precio del oro en marzo de 2026 refleja un cambio en los factores que afectan a la rentabilidad de las carteras. Las preocupaciones por la inflación superaron el rol del oro como refugio geopolítico, y el oro volvió a moverse a la par que los rendimientos reales, después de que esta relación se hubiera roto en los últimos años.
Por ejemplo, los activos que a menudo se supone que proporcionan diversificación, como las materias primas o el oro, no muestran una relación uniforme con la renta variable en todos los acontecimientos. En algunos casos, las correlaciones se vuelven más negativas, lo que ofrece cierto grado de protección. En otros, se mueven en la dirección opuesta, y los activos se correlacionan más positivamente justo cuando los mercados se ven sometidos a presión.
La misma dinámica se observa en los refugios seguros tradicionales, donde la intensidad y el momento en el que se produce el beneficio de diversificación pueden variar según la naturaleza de la crisis. El gráfico 2 ilustra cómo las fluctuaciones en la correlación pueden adoptar direcciones distintas al analizar dos conflictos geopolíticos recientes que involucraron enfrentamientos militares.
Evolución de las correlaciones con respecto a la renta variable global
Fuente: Schroders, Refinitiv Datastream, 25 de marzo de 2026. Las correlaciones se refieren a periodos de 12 semanas. La variación en las correlaciones se calcula como la diferencia entre el periodo anterior al evento y las primeras 12 semanas del evento.
Esta inconsistencia refleja el hecho de que no todas las crisis son iguales. Algunas son principalmente disrupciones del crecimiento (por ejemplo, la crisis de la deuda soberana de la eurozona de 2011); otras se deben a interrupciones en el suministro (por ejemplo, las crisis en la cadena de suministro tras la COVID) o a preocupaciones inflacionistas (el repunte inflacionista previsto derivado de la imposición de aranceles por parte de EE.UU.), y muchas implican una combinación de ambos factores. Por lo tanto, es lógico que no exista un patrón único en el que los inversores puedan confiar con seguridad. No hay un «manual» geopolítico único que sirva para todos los casos.
La dispersión entre los distintos episodios también es bastante amplia.
Al analizar los distintos episodios, lo más llamativo no es solo que las correlaciones cambien, sino la gran variabilidad que pueden presentar los resultados. Incluso activos tradicionalmente defensivos, como los bonos del Tesoro estadounidense, muestran una amplia dispersión en sus correlaciones. El gráfico 3 que se muestra a continuación ilustra cómo las correlaciones medias entre la renta variable y otros activos oscilan entre +0,5 y -0,5. Esto significa que, en ocasiones, las correlaciones entre la renta variable y los activos defensivos son significativamente negativas, lo que ofrece claras ventajas de diversificación. En otras ocasiones, en cambio, esa relación es mucho más débil y ofrece menos protección.
Esta dispersión pone de relieve un punto importante: las medias pueden ser engañosas. Aunque resulta tentador basarse en las pautas históricas, la experiencia durante episodios concretos puede diferir significativamente de esas medias. Lo importante para los inversores no es solo la tendencia central, sino el rango de posibles resultados, especialmente durante períodos de tensión.
Correlación
Fuente: Schroders, Refinitiv Datastream, 25 de marzo de 2026. Las correlaciones se refieren a un periodo de 12 semanas. «Durante el evento» = ventana de 12 semanas a partir del inicio del evento. Correlaciones medias en siete acontecimientos geopolíticos: el 11-S y la invasión de Irak (2001), los atentados de Madrid y Moscú (2004), Crimea y el ISIS (2014), las tensiones entre Corea del Norte y EE. UU. (2017), la guerra entre Rusia y Ucrania (2022), el conflicto entre Israel y Hamás (2023) y el conflicto entre Israel e Irán (2025). El rango muestra el intervalo de mínimo a máximo de las correlaciones de los 7 eventos.
En el fondo, esta variabilidad sugiere que la incertidumbre en las relaciones entre activos no es una anomalía, sino una característica de los mercados. A riesgo de parecer un disco rayado, el comportamiento de las diferentes clases de activos durante las crisis geopolíticas viene determinado por una combinación de factores —expectativas de crecimiento, dinámica de la inflación, respuestas de política económica y posicionamiento del mercado—, todos los cuales, con toda seguridad, variarán de un episodio a otro.
En ese sentido, la incertidumbre es estructural, no accidental. El hecho de que las correlaciones se comporten de manera diferente según los acontecimientos no es un fallo de la diversificación, sino un reflejo de la naturaleza compleja y cambiante de los riesgos que los inversores intentan gestionar.
Lo cual me lleva de nuevo a mi argumento principal…
En conjunto, estos hallazgos apuntan a una conclusión incómoda: aunque la diversificación sigue siendo esencial, su comportamiento a corto plazo es mucho menos predecible de lo que muchos inversores dan por sentado. Las correlaciones cambian, a veces de forma brusca, y a menudo de maneras que dependen de la naturaleza del evento en sí más que de la propia clase de activos.
Esto no significa que la diversificación haya dejado de funcionar. La variabilidad de las correlaciones no socava los argumentos a favor de la diversificación, sino que, paradójicamente, los refuerza. Si las relaciones entre activos fueran estables y predecibles, los inversores podrían simplemente posicionarse para un único resultado. La incertidumbre subraya la importancia de mantener una cartera diversificada diseñada para obtener resultados en una amplia gama de escenarios.
Precisamente por eso es importante contar con un proceso de inversión riguroso. Ya hemos establecido que intentar posicionar las carteras en función de los acontecimientos geopolíticos es intrínsecamente complicado. Los inversores no pueden predecir de forma fiable qué cobertura funcionará, saber cuándo cambiarán las correlaciones ni reposicionar las carteras en tiempo real con cierto grado de coherencia.
En la práctica, los intentos de hacerlo suelen resultar contraproducentes. Las decisiones tomadas en un contexto de gran incertidumbre tienden a estar tan influidas por la narrativa y la evolución reciente de los precios como por los fundamentales. Esto puede llevar a buscar protección cuando ya se ha producido un reajuste de precios, o a reducir la exposición a activos de riesgo una vez que se ha producido la mayor parte del ajuste, lo que en la práctica supone asimilar las pérdidas en lugar de gestionarlas.
Por el contrario, un proceso de inversión bien estructurado se diseña teniendo en cuenta estas incertidumbres. Sabe que la diversificación no siempre se comportará de manera consistente en horizontes cortos, y que los diferentes activos responderán de manera diferente dependiendo de la naturaleza de la crisis.
Esto no significa ignorar la nueva información o dejar de reevaluar las perspectivas. Significa distinguir entre revisar las hipótesis y reaccionar ante el ruido. En la mayoría de los casos, las crisis geopolíticas justifican una evaluación cuidadosa (¿alguien ha dicho reunión de emergencia del comité de inversiones?), pero no un replanteamiento total de la estrategia de la cartera.
Confía en el proceso (de inversión)
Los inversores se ven tentados a actuar ante la incertidumbre, pero la historia demuestra que el comportamiento del mercado en estos periodos no es ni uniforme ni predecible. Las correlaciones cambian, a menudo de forma rápida e irregular, y la diversificación no siempre se ajusta a lo que los inversores esperan en ese momento.
En este mundo de la inversión, intrínsecamente incierto, los momentos en los que más nos tienta abandonar el proceso son, a menudo, aquellos en los que el proceso es más importante.
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