El cierre del estrecho de Ormuz abre nuevas oportunidades para el sector energético
La interrupción energética provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha impulsado a los países a reforzar su seguridad energética. Como se ha demostrado en anteriores crisis petroleras, las repercusiones —y las oportunidades — podrían ser enormes.
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La crisis energética desencadenada por el cierre del estrecho de Ormuz a finales de febrero de 2026 está repercutiendo en la economía mundial, y aún no se conoce con claridad la magnitud total de su impacto, que probablemente traerá consigo complejas repercusiones. Se trata de la segunda gran crisis energética de la década de 2020, cuando muchas economías aún se están adaptando a la primera, desencadenada en 2022 por la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
Si nos remontamos a crisis similares de la década de 1970, se evidencian las repercusiones potencialmente profundas que podrían perdurar durante décadas. A medida que las naciones y los bloques comerciales se apresuran en reforzar sus suministros energéticos, se adoptan nuevas estrategias políticas cuyas repercusiones afectan a todos los sectores y clases de activos. Para los inversores, esto conlleva nuevos riesgos, pero también oportunidades. Por ejemplo, podría dar lugar a una revisión de las políticas relacionadas con los proyectos de hidrocarburos. Pero también podría reforzar los argumentos a favor de un «dividendo de la descarbonización», ya que la energía local y baja en carbono reduciría la dependencia de las importaciones. En este documento, analizamos la crisis actual desde la perspectiva de los inversores, con el objetivo de identificar los posibles escenarios que surgirán de esta interrupción energética y las oportunidades que se podrían presentar.
La crisis energética de 2026: quiénes son los más vulnerables, y por qué es importante
Las economías asiáticas son probablement las que más se verán afectadas por esta interrupción, dado que importanmás del 80% de los aprovisionamientos de petróleo y gas que pasan por el estrecho de Ormuz, lo que las hace particularmente vulnerables a la interrupcióndel suministro y a las subidas bruscas de los precios. La exposición directa de Europa es menor, dado que solo importaalrededor del 5% de su crudo y el 13% de su gas natural licuado (GNL) a través del estrecho, aunque está lejos de estar protegida. Quienes fijan los precios de la energía son los mercados mundiales, y las disputas por los suministros de GNL —entre Europa y Asia, compitiendo codo con codo— podría mantener los precios elevados durante más tiempo.
Mientras más grande es la dependencia a las importaciones, mayor es la vulnerabilidad. En Asia, Japón parece ser el país más expuesto al aumento de los precios de los combustibles fósiles, ya que importa el 84% de su demanda energética, seguido de cerca por Corea del Sur, con alrededor del 80%. En Europa, Italia, España y Alemania se importa más de dos tercios de su energía. Con las rutas comerciales interrumpidas y los costes energéticos al alza, estas economías se enfrentan a una amenaza clásica de estanflación: un crecimiento más débil junto con una renovada presión inflacionista.
Importaciones netas de combustibles fósiles
Schroders Economics Group, abril de 2026.
Una crisis que acelera el cambio estructural
Las crisis energéticas rara vez terminan con un simple retorno a los precios anteriores. Lo más habitual es que obliguen a replantearse la estrategia energética, ya que los gobiernos y las empresas se ven obligados a reevaluar urgentemente su resiliencia, diversificar el suministro y acelerar la inversión en sistemas energéticos menos volátiles y menos expuestos a las disrupciones geopolíticas.
Ya hemos visto este patrón anteriormente.
La historia se repite: las crisis petroleras de la década de 1970
El embargo petrolero de 1973 y la posterior crisis de suministro de 1979 pusieron de manifiesto una profunda vulnerabilidad en el corazón de las economías industrializadas: la abrumadora dependencia de los combustibles fósiles importados de regiones geopolíticamente inestables. El resultado no fue solo un aumento temporal de los precios del combustible, sino un cambio estructural en la política energética de muchos países importadores de petróleo.
A principios de la década de 1970, el consumo de combustibles era muy altay la industria estaba en pleno auge, hasta que el suministro se vio bruscamente restringido. Los gobiernos se vieron obligados a adoptar medidas urgentes para frenar el consumo, y los hogares y las empresas tuvieron que cambiar su comportamiento. La lección fue clara: cuando la seguridad energética se ve comprometida, las respuestas políticas pueden ser rápidas y de gran alcance.
Respuestas diferentes; resultados diferentes
Francia y Dinamarca muestran que los cambios en los precios de combustibles fósiles pueden motivar transiciones energéticas a largo plazo, convirtiendo la seguridad energética en una prioridad nacional y recurriendo el suministro nacional sobre las importaciones. Francia respondió con decisión, poniendo en marcha el Plan Messmer como reacción directa a la crisis del petróleo. El resultado fue la expansión nuclear a gran escala más rápida de la historia moderna, lo que reconfiguró el sistema eléctrico del país durante décadas. Dinamarca siguió un camino diferente. Intensificó la exploración en el sector danés del Mar del Norte, logrando la autosuficiencia en gas natural en 1984 y en petróleo en 1993. Al mismo tiempo, Dinamarca se convirtió en una de las economías pioneras en el uso de la energía eólica comercial durante la década de 1970. Esto contribuyó a sembrar las semillas de una industria que más tarde adquiriría importancia mundial, con fabricantes y proveedores de componentes daneses desempeñando un papel central en las cadenas de suministro de aerogeneradores.
Italia ofrece un enfoque muy diferente. En lugar de reducir de forma significativa su dependencia de los combustibles fósiles importados, siguió dependiendo en gran medida de las importaciones de energía, con una política centrada más bien en la diversificación: pasando de las importaciones de petróleo a las de gas, principalmente procedentes del norte de África y Rusia. Este periodo fue testigo de un giro generalizado de Europa Occidental hacia el gas ruso, y la construcción de gasoductos que unían la Unión Soviética con Europa Occidental sentó las bases de una dependencia que creció de forma significativa en las décadas posteriores. En 2021, Rusia suministraba aproximadamente el 45% del total de las importaciones de gas de la UE (incluido el gas por gasoducto y el GNL). Esta dependencia se convirtió en un problema crítico de seguridad energética tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, lo que provocó una fuerte reducción, hasta el 19% en 2024. Europa se vio obligada una vez más a diversificar su suministro energético, sustituyendo parcialmente el gas ruso por GNL estadounidense.
Consumo de energía por fuente
Fuente: Our World In Data, Schroders Economics Group, abril de 2026.
El beneficio de la descarbonización: seguridad y sostenibilidad
La invasión de Ucrania puso de relieve que la seguridad energética es un factor adicional que impulsa la transición para abandonar los combustibles fósiles. La energía renovable no solo es una vía para reducir las emisiones, sino que también limita la dependencia de las importaciones.
El aumento de los precios del gas tras la invasión rusia obligó a replantearse de nuevo la estrategia energética, y la UE se comprometió a eliminar gradualmente su dependencia de los combustibles fósiles de Rusia, diversificar el suministro de gas y acelerar el despliegue de las energías renovables.
Porcentaje de la generación eléctrica procedente de fuentes renovables (%)
Fuente: EMBER, Schroders Economics Group, abril de 2026.
En Europa, el impulso ha sido palpable. En 2025, la energía eólica y solar generaron más electricidad en la UE que los combustibles fósiles por primera vez, lo que limitó la vulnerabilidad de Europa ante crisis externas como la que enfrentan ahora muchas economías. Los países asiáticos también se vieron afectados por la crisis energética de 2022 debido al aumento de los precios de la energía. Como se muestra en el gráfico anterior, esto dio lugar a una mayor cuota de las energías renovables en la producción de electricidad en las economías asiáticas, a medida que se hacía evidente la ventaja relativa en términos de costes que tiennenlas energías renovables frente al petróleo y el gas.
¿Han vuelto los países a recurrir al carbón como consecuencia del conflicto entre Rusia y Ucrania?
Algunos países volvieron a recurrir al carbón nacional, pero el cambio fue efímero y se trató principalmente de una medida de emergencia. La cuota del carbón en la generación de electricidad siguió su tendencia a la baja a largo plazo. Incluso en los principales países productores de carbón, como la India y China, la cuota del carbón ha disminuido durante la última década.
Parte de la explicación radica en las políticas. Los mecanismos de fijación de precios del carbono hacen que el carbón resulte menos atractivo, dado que es la fuente de energía con mayor intensidad de carbono. Un análisis de Bruegel —un grupo de expertos europeo— sugiere que, tras el anuncio del Mecanismo de Ajuste en Frontera por las Emisiones de Carbono (CBAM) de la UE en 2019, los países con mayor exposición comercial a la UE en productos cubiertos por el CBAM eran más propensos a anunciar sus propios mecanismos de fijación de precios del carbono. Las pruebas también indican que varios países están alineando la fijación de precios del carbono con los sectores cubiertos por el CBAM. China, por ejemplo, ha añadido el acero, el cemento y el aluminio a su régimen nacional de comercio de derechos de emisión (RCDE). Con la entrada en vigor del CBAM en enero de 2026, parece menos probable que se produzca un retorno duradero al carbón entre los principales exportadores a la UE.
Porcentaje de la generación eléctrica procedente del carbón (%)
Fuente: EMBER, Schroders Economics Group, abril de 2026.
¿Cuáles son las posibles repercusiones en las futuras estrategias energéticas nacionales?
A pesar de las medidas descritas anteriormente en relación con las crisis petroleras pasadas, el cierre del estrecho de Ormuz sugiere que aún no se han asimilado completamente las lecciones aprendidas sobre seguridad. La dependencia de los combustibles fósiles importados sigue dejando a las economías en una situación vulnerable, especialmente en lo que respecta al GNL.
A corto plazo, los gobiernos podrían acumular mayores reservas de petróleo y gas como medida de protección mientras se desarrollan soluciones a más largo plazo. La ampliación de la capacidad de almacenamiento suele ser más rápida que la instalación de nuevas infraestructuras de generación, sobre todo teniendo en cuenta los actuales cuellos de botella y la limitada capacidad de la red eléctrica.
Perspectiva del inversor: cómo la crisis pone de relieve un ciclo energético emergente
Mark Lacey, responsable de renta variable temática de Schroders
Ya había indicios de que los suministros de petróleo disponibles probablemente serían insuficientes incluso antes de que el actual conflicto en Oriente Medio amenazara con provocar una interrupción sin precedentes.
El cierre efectivo del estrecho de Ormuz supone una importante disrupción del suministro, sobre todo en mercados que ya se estaban viendo afectados. En ese sentido, el conflicto está acelerando una revalorización más que creando una dinámica totalmente nueva: el equilibrio del mercado del petróleo se estaba volviendo más inestable, y se esperaba que los mercados del gas se tensaran en los próximos tres o cuatro años.
Esta crisis pone también de manifiesto las consecuencias de una década de inversión insuficiente. El peso del sector energético en los índices bursátiles mundiales ha caído de alrededor del 14% desde máximos anteriores a aproximadamente el 3% a principios de 2026, ya que la disciplina de capital y la rentabilidad para los accionistas han prevalecido sobre la creación de nueva oferta. La vida útil de las reservas se ha acortado (de 14-15 años a principios de la década de 2000 a unos 7-10 años para muchos productores) y, más allá de 2026, hay menos proyectos confirmados que puedan aumentar la producción de forma significativa. Mientras tanto, el rápido «suministro de ajuste» que antes proporcionaba el esquisto estadounidense parece menos efectivo y más intensivo en capital.
Sin embargo, la demandaestá cambiando en lugar de desaparecer. Se espera que la demanda de electricidad en EE.UU. crezca alrededor de un 2-3% anual, impulsada por la electrificación y los centros de datos que dan soporte a la IA. En algunos casos, estos últimos aumentan la demanda de gas a través de turbinas in situ.
Un contexto de precios más estable puede respaldar los flujos de caja y las acciones del sector energético; y a medida que los gobiernos dan prioridad a la seguridad energética, el abanico de oportunidades se amplía a las redes, el almacenamiento, las energías renovables y las tecnologías habilitadoras.
Por qué las energías renovables son importantes para la seguridad (y los costes)
El conflicto con Irán vuelve a poner el foco en las energías renovables como medio estratégico para garantizar la independencia energética. Las tecnologías solar y eólica no requieren combustibles fósiles, por lo que sus costes de generación están menos expuestos a las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales.
En los mercados energéticos europeos, el generador más caro que opera para satisfacer la demanda —normalmente el gas— suele fijar el precio mayorista de la electricidad por hora. A medida que se expande la producción de electricidad a partir de tecnologías de menor coste, como la eólica y la solar, estas desplazan cada vez más al gas y al carbón, lo que significa que la energía fósil fija el precio con menos frecuencia.
España ofrece un claro ejemplo. Un análisis de Ember, el think tank mundial sobre energía, revela que el fuerte crecimiento de la energía solar y eólica ha contribuido a que los precios de la electricidad en España empiecen a desacoplarse de los precios del gas. En el primer semestre de 2019, los precios de la electricidad en España reflejaban el coste de la generación fósil en el 75 % de las horas; en el mismo periodo de 2025, esta cifra se redujo al 19 %. Incluso con la fuerte subida de los precios del gas tras el conflicto con Irán, la electricidad en España sigue estando entre las más baratas de Europa y el Reino Unido.Precios mayoristas de la electricidad
Fuente: EMBER, Schroders Economics Group, abril de 2026.
Perspectiva del inversor: ¿están las bolsas valorando correctamente el impacto a largo plazo de la crisis energética?
Simon Webber, responsable de renta variable global de Schroders
Ya hay indicios claros de que el aumento y la mayor volatilidad de los precios de los combustibles fósiles se están traduciendo en una mayor demanda de energía eólica, solar y de almacenamiento a escala de red (véase el análisis de más abajo de Duncan Hale, Portfolio Manager, Schroders Greencoat, «La infraestructura renovable gana atractivo», ). Las carteras de pedidos en estos segmentos están comenzando a repuntar a medida que las empresas de servicios públicos y los gobiernos adelantan sus inversiones para asegurarse una energía de menor coste producida a nivel nacional.
Sin embargo, los mercados de renta variable siguen mostrándose escépticos. Los precios de las acciones y las valoraciones en gran parte de la cadena de valor de las energías renovables siguen indicando que se trata de un repunte cíclico de corta duración, en lugar del inicio de un periodo más duradero de mayor crecimiento impulsado por consideraciones de seguridad energética. Esta desconexión hace que en determinados segmentos del sector los precios reflejen escaso reconocimiento de la mejora de los fundamentales o de la mayor visibilidad sobre la demanda futura.
Fuera de EE.UU., los precios elevados y volátiles del petróleo también están volviendo a acelerando la transición hacia los vehículos eléctricos. Esto favorece a los fabricantes y proveedores que mantuvieron el rumbo en la inversión en vehículos eléctricos durante la reciente desaceleración cíclica, y pone en evidencia a aquellos que la retrasaron o la redujeron. Actualmente, es más probable que los cambios en las cuotas de mercado sean estructurales, en lugar de cíclicos.
Al mismo tiempo, el aumento de los precios de los combustibles fósiles y la mayor demanda de metales industriales están impulsando nuevas inversiones en la capacidad energética y minera en las fases iniciales de la cadena de suministro. Los principales beneficiarios no se limitan a los propios productores de materias primas, sino que incluyen a las empresas industriales que suministran equipos de minería, servicios de producción energética e infraestructura eléctrica. Las empresas relacionadas con las redes eléctricas, la electrificación y la fiabilidad energética se encuentran en la encrucijada entre el apoyo de las políticas impulsadas por la seguridad y el aumento de la inversión de capital para satisfacer el creciente consumo de electricidad.
Por el contrario, el entorno es mucho menos indulgente para los sectores expuestos al consumo. La inflación de la energía y las materias primas está alimentando otra ronda de presión sobre los costes de los insumos en un momento en que los consumidores ya se muestran reticentes tras la crisis inflacionaria pospandémica. Es probable que la erosión de los márgenes sea generalizada, y solo aquellas empresas capaces de demostrar un auténtico poder de fijación de precios y la solidez de su marca salgan indemnes.
El sector bancario también se enfrenta a unas perspectivas menos favorables. Tras beneficiarse de márgenes de interés más elevados y bajos costes crediticios, están empezando a aparecer grietas. Algunas entidades financieras con exposición a la agricultura, la logística y los consumidores de rentas más bajas ya están señalando unas expectativas de aumento de la morosidad. Si los precios del petróleo se mantienen cerca de los 100 dólares por barril, la inflación impulsada por la energía corre el riesgo de traducirse directamente en una mayor tensión crediticia.
La infraestructura de energías renovables gana atractivo para los inversores
Duncan Hale, gestor de carteras de Schroders Greencoat
Es probable que a largo plazo se preste mayor atención a la ampliación de la seguridad energética y la asequibilidad mediante fuentes de generación de energía nacionales bajas en carbono, lo que incluye la expansión continua en muchas regiones de las energías renovables tradicionales (eólica y solar) y de las tecnologías y combustibles emergentes (hidrógeno verde, redes de calefacción urbana y redes de transporte).
Esta dinámica también respalda el perfil de riesgo-rentabilidad de la infraestructura de transición energética. Los precios del gas, en particular, tienen un marcado efecto dominó sobre los precios de la electricidad, lo que significa que Europa y el Reino Unido están especialmente expuestos. En el caso de los activos renovables expuestos a los precios de mercado, esto puede suponer un impulso para la rentabilidad a corto plazo.
Hemos observado cómo se ha desarrollado esta dinámica en las carteras de Schroders Greencoat, donde los periodos de subida generalizada de los precios de la electricidad han tenido un impacto positivo directo. La última vez que un conflicto geopolítico afectó de manera significativa los precios del gas y la electricidad —al inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022— se registraron sólidas rentabilidades anuales. De hecho, en la totalidad del mercado, en 2022 las acciones y los bonos cayeron al unísono, pero la mayoría de las clases de activos del mercado privado, incluidas las estrategias de renta variable de infraestructuras diversificadas, registraron rentabilidades positivas de un solo dígito. Las infraestructuras de transición energética obtuvieron una rentabilidad superior al 22%. *
Este episodio también pone de relieve las ventajas de diversificación que ofrece una asignación a la transición energética dentro de una cartera más amplia. Los precios de la electricidad, la inflación y la disponibilidad de recursos son los principales impulsores de la rentabilidad en este sector, y estos factores suelen tener una correlación baja, o incluso negativa, con muchas clases de activos tradicionales. Podríamos esperar resultados similares de la crisis actual: se prevé que el aumento de los precios de la electricidad y la inflación tengan un impacto positivo en los activos de infraestructura de transición energética, incluso aunque lastren a los mercados de renta variable y de crédito en general.
¿Conllevan las opciones de energía renovable riesgos de suministro propios?
Las tecnologías de energía limpia, como los aerogeneradores, los paneles solares y los vehículos eléctricos, requieren un uso mucho más intensivo de minerales que la energía basada en combustibles fósiles. Por ejemplo, un parque eólico marino necesita aproximadamente 13 veces más recursos minerales que una central de gas. En consecuencia, la transición provocará un aumento sustancial de la demanda de minerales y metales. El reto en materia de seguridad radica en que los minerales necesarios para la transición hacia tecnologías limpias se concentran en un número reducido de países. Las cadenas de suministro de los materiales necesarios para la transición están más concentradas geográficamente que las del petróleo o el gas natural.
El siguiente gráfico muestra la cuota de los tres principales países productores en la extracción de minerales clave y combustibles fósiles, y pone de relieve cómo la producción de litio, cobalto y elementos de tierras raras está controlada por un puñado de proveedores.
La concentración es especialmente llamativa en el caso del cobalto y las tierras . La República Democrática del Congo produce alrededor del 70% del suministro mundial de cobalto —un metal clave para las baterías de los vehículos eléctricos—, mientras que China representa el 60% de la producción mundial de elementos de tierras raras. China también domina la producción de grafito, otro insumo fundamental para las baterías. Mientras tanto, las tensiones entre Europa y Rusia podrían complicar aún más la transición, ya que Rusia es un importante productor de níquel y cobalto.
Dónde se extraen los minerales esenciales
Fuente: AIE, Schroders Economics Group, junio de 2022.
Dicho esto, la energía solar y la eólica ofrecen una clara ventaja en términos de resiliencia frente a los combustibles fósiles: sus insumos de energía primaria no son cargamentos que puedan sufrir retrasos, desvíos o quedar bloqueados en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz.
Si bien las restricciones sobre los minerales críticos pueden limitar el despliegue futuro, no afectan al funcionamiento de la capacidad renovable instalada. Además, dado que los costes de generación no están vinculados a los insumos de combustibles fósiles, la producción renovable existente puede mantenerse estable desde el punto de vista económico y operativo, incluso durante períodos de fuerte volatilidad de los precios del petróleo y el gas.
Implicaciones: una transformación del ciclo de las materias primas -y ganadores de la transición
Tal y como se analiza en un artículo reciente, es probable que la transición energética tenga un impacto considerable en el mercado mundial de las materias primas. La expansión de las energías limpias requiere grandes volúmenes de metales industriales, lo que respalda la demanda a largo plazo y podría dar lugar a un «superciclo de dos velocidades»: los precios de los combustibles fósiles tienden a bajar con el tiempo, mientras que los de los metales industriales suben.
Para los mercados emergentes (ME), las implicaciones para los inversores son significativas y desiguales. Los países que dependen en gran medida de los ingresos por exportación de combustibles fósiles pueden enfrentarse a presiones externas y fiscales persistentes a medida que la demanda y los precios se debiliten. Tendrán que adaptar sus economías y sus finanzas públicas a la nueva economía baja en carbono, o enfrentarse a tensiones económicas y de mercado. Esto supondrá un problema importante para los ME que cuentan con escasos ahorros procedentes de exportaciones pasadas. Una mejora permanente de la balanza de pagos de los ME que son importadores netos de combustibles fósiles debería respaldar las divisas y reducir estructuralmente los tipos de interés a largo plazo. Pero las mayores oportunidades para los inversores probablemente se encontrarán en aquellos ME que exportan materias primas muy demandadas en el nuevo mundo, lo que debería impulsar la rentabilidad en todos los ámbitos.
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*Notas y fuentes: A título meramente ilustrativo, basado en una rentabilidad simulada. La rentabilidad simulada no garantiza la rentabilidad futura. Las rentabilidades se basan en precios trimestrales. Las rentabilidades simuladas de la transición energética se calculan utilizando el NAV (incluidos los dividendos) de los vehículos cotizados de Schroders Greencoat. El resto de clases de activos privados se han obtenido de los índices de referencia de Pitchbook para activos privados. Los datos sobre activos públicos proceden de Refinitiv, septiembre de 2024. Las rentabilidades de la renta variable global se calculan a partir de los precios brutos en USD del MSCI World. La rentabilidad de la renta fija se calculn a partir del índice Bloomberg Global Aggregate Credit Total Return.
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