Entrevista: La tercera ola de descarbonización
Abordar la huella de carbono de los sistemas de calefacción y de los sectores en los que resulta más complicado de reducir es primordial si se quiere alcanzar plenamente el objetivo de cero emisiones netas, afirma James Samworth, de Schroders Greencoat, en un artículo publicado originalmente por la revista Infrastructure Investor.
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Llevar a cabo la transición energética y pasar a una economía global neutra en emisiones requerirá algo más que energía limpia. Según el Foro Económico Mundial, sólo las emisiones de carbono de la industria pesada deben reducirse un 93% para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas a mediados de siglo, mientras que la huella de carbono de la generación de calor sigue siendo considerable.
Según la Agencia Internacional de la Energía, el calor es el mayor uso final de la energía y contribuye en un 40% a las emisiones mundiales de CO2.
Abordar estos sectores difíciles de abordar desde un punto de vista de reducción de emisiones de carbono exigirá una mayor inversión. Puede que las energías renovables hayan acaparado los principales titulares en la carrera por la transición energética, pero una mayor innovación será clave para conseguir una economía mundial verdaderamente neutra, afirma James Samworth, socio de Schroders Greencoat. Analiza estas tendencias emergentes y los retos que nos aguardan.
¿Qué aspectos de la transición le entusiasman especialmente?
El aspecto más importante es que tenemos que encontrar formas de descarbonizar rápidamente nuestra economía. La primera fase de la transición energética consistió en descarbonizar el sector eléctrico, que en la mayoría de los países representaba una parte importante de las emisiones. En los últimos 20 años hemos aprendido que se puede descarbonizar sobre todo con energía eólica y solar. También ha resultado más barato de lo que temíamos previsto en un principio.
La siguiente fase de la descarbonización consiste en utilizar, en la medida de lo posible, esa energía limpia para electrificar sectores que históricamente se han abastecido de combustibles fósiles. La tercera ola consistirá en limpiar los sectores con procesos de eliminación más compleja. Esto incluye desde la industria siderúrgica hasta el cemento, el transporte marítimo, la aviación y la petroquímica, que en conjunto representan alrededor del 25% de las emisiones mundiales. Las dos vías principales para descarbonizar estos subsectores son el uso de hidrógeno verde, que es energía renovable transformada en forma química, y la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) para concentrar el exceso de emisiones.
Creamos nuestro negocio en base a la primera ola, convirtiéndonos en inversores a escala razonable en varios mercados de energías renovables, y ahora hemos empezado a invertir en esas áreas emergentes, como la calefacción urbana y el hidrógeno; además, hemos empezado a explorar la captura de carbono. Creemos que todas ellas van a crecer mucho en la próxima década.
¿Cómo sopesa los retos y las oportunidades de descarbonizar esos sectores difíciles de abandonar?
Reducir la huella de carbono es muy importante. En los años 90 y principios de los 2000 la ambición era reducir las emisiones un 80% respecto a los niveles de 1990, por lo que algunos problemas se consideraban demasiado difíciles de abordar.
Ahora, la industria ha comprendido que un 80% no es suficiente. Mientras sigamos emitiendo más CO2 del que absorbemos, las temperaturas seguirán subiendo. No parará hasta que lleguemos a una situación de CO2 neto cero. Nos enfrentamos a una difícil elección. O nos hacemos cargo de esos sectores donde reducir las emisiones requiere procesos más complejos, o iremos hacia un mundo con mucha más captura de carbono. Eso sería muy caro y tecnológicamente difícil.
Esta cruda realidad ha obligado a reexaminar algunos de esos sectores en los que es difícil reducir las emisiones contaminantes y ha hecho que la gente se plantee cómo podrían descarbonizarse. Aún estamos en las primeras fases; no es como en el caso de las energías renovables, donde estamos en la fase de despliegue y puesta en marcha. En algunos de estos sectores, las respuestas todavía se están debatiendo, perfeccionando y probando antes de llegar a la fase en la que se pueden aplicar a gran escala. Por eso es un sector interesante para invertir.
Asumir un reto difícil pero importante, y hacerlo bien suele ser una buena tesis de inversión. Queremos estar a la vanguardia, pero también hay que moverse cuando hay una política de apoyo. No tiene sentido tener razón, pero adelantarse 10 años. La realidad es que abordar la descarbonización de estos sectores donde reducir las emisiones es más difícil va a requerir subvenciones públicas, como ocurrió con las energías renovables hace 15 años, o impuestos sobre el carbono para que las alternativas bajas en carbono compitan con el statu quo de los combustibles fósiles.
¿Cómo pueden las empresas hacer frente a la huella de carbono de la calefacción urbana?
Una de las cuestiones que debemos responder colectivamente es cómo descarbonizar esas redes de calor. Actualmente, la mayor parte del calor procede del gas. Hay respuestas tecnológicas, pero eso va a requerir inversiones de capital. Llevamos unos años estudiando distintas formas de invertir en redes de calefacción renovables.
Hemos realizado tres inversiones en invernaderos con calefacción renovable que utilizan bombas de calor para aprovechar el calor residual de las plantas de tratamiento de aguas residuales y los embalses y calentarlo en invernaderos donde se cultivan productos frescos. El año pasado adquirimos a Equans, junto con Swiss Life, el mayor operador de redes de calefacción urbana del Reino Unido. En la actualidad, sólo el 2% del calor residencial se suministra a través de una red de calefacción en el Reino Unido. La política gubernamental aspira a llegar al 20% en los próximos años, por lo que esperamos que nuestra plataforma pueda participar en ese crecimiento y ayudar a ofrecer buenos rendimientos a nuestros clientes.
¿En qué sectores cree que tendrá un impacto directo el hidrógeno verde? ¿Y cómo cree que evolucionará?
Es muy probable que el hidrógeno verde repercuta en el transporte marítimo, la aviación y la industria petroquímica. También es una posible respuesta a la descarbonización del acero e incluso del cemento. Hay proyectos a escala en todas esas áreas que están empezando a desarrollarse, pero va a llevar tiempo averiguar exactamente cómo ofrecer las mejores soluciones, y es probable que sea costoso.
En el transporte marítimo, el hidrógeno desempeñará un papel importante en la mayoría de los combustibles bajos en carbono. Podría ser el eMethanol, que se está acelerando bastante en estos momentos, o el amoníaco, entre otros productos derivados químicamente del hidrógeno. Aún está por ver qué combustibles acaban ganando la carrera en los próximos años.
Lo interesante es que algunos de los grandes armadores se han adelantado a la política gubernamental y han hecho pedidos de buques de etanol antes incluso de que se hayan puesto en marcha las políticas y los planes de subvenciones. No van a reconvertir toda la flota porque cuesta mucho más, pero están invirtiendo.
¿Cómo podremos suministrar la electricidad verde necesaria para todo esto?
Si nos fijamos en las previsiones de la AIE o del sector privado, la electrificación de los sectores que dependen de los combustibles fósiles y de las industrias difíciles de reducir va a requerir un crecimiento de la demanda mundial de energía de alrededor del 50%. Evidentemente, se trata de un aumento muy significativo. En mi opinión, creo que podemos construir mucha más capacidad de energías renovables, así como los cables de transmisión e interconexión necesarios. Y esto se puede traducir en proyectos más ambiciosos, como el cable submarino que conectará Marruecos con Devon, pero también proyectos más sencillos en el Mar del Norte y el territorio continental de Estados Unidos.
Todo eso se puede hacer. Sabemos más o menos cuánto capital va a hacer falta y los beneficios necesarios para financiarlo, y parece viable. Sin embargo, no podemos ignorar que va a ser difícil construir este volumen de generación lo bastante cerca de las cargas y los núcleos de población, por lo que es importante mantener la confianza del público.
¿Cómo cree que evolucionará la tecnología para resolver algunos de estos problemas?
No existe una tecnología milagrosa que vaya a salir al rescate y solucionarlo todo. Tenemos todas las materias primas y los ingredientes, pero necesitamos tiempo para que la tecnología evolucione y mejore las soluciones que ya tenemos. Es un reto enorme. La industria ha avanzado mucho en los últimos 25 años, pero aún queda mucho por hacer.
Tenemos que seguir adelante con lo que tenemos en este momento y tratar de mejorar e iterar con el tiempo. La transición energética es un campo increíble para que empresarios e ingenieros encuentren las respuestas a estos retos.” Por ejemplo, recientemente hemos empezado a invertir en hidrógeno verde. El año pasado tuvimos el placer de anunciar la creación de una empresa conjunta con Carlton Power, uno de los principales promotores del Reino Unido. Fue nuestro primer paso en el mercado del hidrógeno verde, y ya ha sido significativo.
En diciembre, nuestra empresa conjunta se adjudicó con éxito contratos en tres de los 11 proyectos incluidos en la primera Ronda de Asignación de Hidrógeno (HAR1) del Gobierno británico. Para ayudar al Reino Unido a cumplir su objetivo de alcanzar 1 GW de capacidad de producción de hidrógeno electrolítico en 2030, pretendemos crear una cartera de proyectos de hidrógeno verde de 500 MW.
Toda referencia a regiones/países/sectores/acciones/valores tiene carácter meramente ilustrativo y no constituye una recomendación para comprar o vender instrumentos financieros o adoptar una estrategia de inversión específica.
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