Gestionar lo inimaginable: un enfoque a largo plazo del riesgo geopolítico
Incluso sin los recientes acontecimientos en Oriente Medio, la incertidumbre geopolítica es una preocupación cada vez mayor para los inversores. ¿Qué nos dice la rentabilidad histórica del mercado y cómo pueden los inversores desarrollar un proceso para gestionar este riesgo en sus carteras?
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Existe una percepción cada vez mayor de que el riesgo geopolítico se ha intensificado en los últimos años, debido a los conflictos armados, la rivalidad estratégica entre las grandes potencias, los regímenes de sanciones y la fragmentación comercial. Sin embargo, el riesgo geopolítico es intrínsecamente difícil de definir y cuantificar. El término abarca una amplia gama de acontecimientos, desde enfrentamientos militares hasta cambios en la política comercial, y las medidas que se citan habitualmente, como el índice de riesgo geopolítico (GPR), se basan en la cobertura mediática, que a su vez puede reflejar cambios en las prácticas informativas y sesgos narrativos. En otras palabras, aunque hoy en día la sensación de aumento del riesgo puede parecer mayor, en muchos momentos de la historia los inversores también han percibido su entorno como inusualmente incierto.
En lugar de intentar determinar si el riesgo geopolítico es objetivamente mayor que en el pasado, consideramos que es más constructivo analizar cómo esos riesgos se transmiten a las economías y los mercados financieros, y cómo su impacto depende del contexto macroeconómico imperante. La interacción entre los acontecimientos geopolíticos y las condiciones actuales de crecimiento, inflación y política determina en última instancia los resultados del mercado. Comprender estos canales de transmisión y su relación con el entorno macroeconómico en general proporciona una base más útil para la construcción de carteras que intentar predecir el próximo punto álgido dese el punto de vista geopolítico.
Prestar atención al ruido: el riesgo geopolítico es difícil de gestionar
Intentar tomar decisiones de inversión en los mercados teniendo en cuenta únicamente el riesgo geopolítico ha resultado históricamente difícil y, en muchos casos, contraproducente. Los acontecimientos geopolíticos rara vez se anticipan con la precisión suficiente como para permitir ajustes oportunos en la cartera, y las decisiones de posicionamiento tomadas en respuesta a los acontecimientos que se desarrollan a menudo introducen un riesgo significativo en cuanto al timing sin mejorar de forma fiable los resultados.
Para cuando una crisis geopolítica se hace evidente, es posible que los mercados ya hayan descontado parcialmente los riesgos asociados, o que, en última instancia, decidan ignorarlos por completo (Gráfico 1).
Las respuestas del mercado a los acontecimientos geopolíticos son muy inconsistentes
Las reacciones del mercado ante los acontecimientos geopolíticos también son muy inconsistentes. Acontecimientos similares pueden generar resultados muy diferentes en función del contexto macroeconómico general, las valoraciones predominantes y el entorno político. En algunos casos, los periodos de elevada tensión geopolítica coinciden con fuertes caídas de los activos de riesgo; en otros, los mercados se mantienen resistentes o se recuperan rápidamente. Esta variabilidad dificulta el establecimiento de reglas de inversión estables y repetibles en torno al riesgo geopolítico.
¿Existe una transmisión al conjunto de la economía?
Una de las razones de esta inconsistencia es que los problemas geopolíticos se transmiten a través de múltiples canales. Entre ellos se incluyen los cambios en la percepción general del riesgo, las tensiones en los mercados de energía y materias primas —que se han convertido en un mecanismo de transmisión del riesgo geopolítico muy vigilado en los últimos años— y los cambios en las expectativas de inflación. Como ejemplo de la interconexión entre estos factores, los problemas en los mercados energéticos también repercuten en ocasiones en las expectativas de inflación. Además, aunque no se trate estrictamente de un acontecimiento geopolítico, las restricciones comerciales o las políticas arancelarias pueden alterar las perspectivas de inflación (gráfico 2), incluso en ausencia de problemas económicos inmediatos. La evolución geopolítica también puede influir en las respuestas de política económica, configurando las decisiones fiscales y alterando la función de reacción de los bancos centrales, lo que complica aún más la respuesta del mercado.
Es fundamental señalar que el aumento del riesgo geopolítico no implica automáticamente caídas en los mercados. La experiencia histórica demuestra que, si bien la volatilidad suele aumentar durante los períodos de tensión geopolítica, las rentabilidades negativas están lejos de ser un hecho garantizado. Esto pone de relieve la dificultad de utilizar la geopolítica como una señal fiable para operar en los mercados y refuerza la necesidad de abordar el riesgo geopolítico mediante una construcción estratégica de la cartera, en lugar de un posicionamiento táctico a corto plazo. Se trata de un enfoque que, en última instancia, requiere un marco de inversión basado en una intensa labor de análisis para distinguir las señales del ruido.
Evidencia histórica: ¿qué ocurre con las carteras durante los acontecimientos geopolíticos de mayor intensidad?
El análisis histórico del riesgo geopolítico suele basarse en marcos como el Índice de Riesgo Geopolítico (GPR), que refleja la intensidad de las tensiones geopolíticas a través de medidas basadas en las noticias. Si bien estos marcos son útiles para identificar períodos de mayor tensión geopolítica, deben considerarse herramientas de medición y no dispositivos de previsión. Los picos de riesgo geopolítico pueden ayudar a definir ventanas de oportunidad para el análisis, pero, por sí solos, no explican los resultados del mercado.
Las pruebas empíricas sugieren que el comportamiento de los activos durante los periodos de elevado riesgo geopolítico es muy variable. En el gráfico 3, mostramos cómo cada evento geopolítico afectó a las acciones estadounidenses. Cada línea gris representa un evento geopolítico (véase la nota al pie) y podemos observar la gran dispersión de las rentabilidades entre los distintos eventos, con una media ligeramente positiva. Esto sugiere que el riesgo geopolítico, por sí solo, no es una base suficiente para formarse una opinión direccional sobre los mercados financieros, independientemente de lo relevante que pueda parecer en ese momento.
Las acciones tienden a experimentar una mayor volatilidad, mientras que la dirección y la persistencia de las rentabilidades dependen en gran medida del entorno macroeconómico y financiero imperante. La renta fija, las materias primas y los activos reales responden a través de diferentes canales, lo que a menudo refleja si la crisis se percibe como impulsada por el crecimiento, la inflación o las políticas. Como resultado, es difícil aislar la contribución precisa del riesgo geopolítico a la rentabilidad del mercado, ya que los acontecimientos geopolíticos rara vez se producen en el vacío.
La historia reciente ilustra claramente este desafío. Tanto la guerra entre Rusia y Ucrania como el conflicto entre Israel y Hamás implicaron una confrontación militar activa, pero los resultados del mercado fueron muy diferentes. El estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022 coincidió con un período de rápido endurecimiento de la política monetaria, ya que los bancos centrales, en particular la Reserva Federal de Estados Unidos, respondieron al aumento de la inflación tras la pandemia. Las condiciones financieras se endurecieron considerablemente y los mercados de renta variable experimentaron importantes caídas. Por el contrario, el conflicto entre Israel y Hamás se produjo en un contexto de condiciones financieras relativamente acomodaticias, mejora de la dinámica de la inflación y aparición temprana del tema de inversión en inteligencia artificial, todo lo cual contribuyó a sostener la rentabilidad de los activos de riesgo a pesar del aumento de las tensiones geopolíticas.
En conjunto, estos episodios ponen de relieve un tema recurrente: el riesgo geopolítico puede actuar como catalizador de la volatilidad del mercado, pero su impacto final en las carteras depende en gran medida del contexto económico, político y financiero circundante. Esto refuerza la dificultad de extraer conclusiones sencillas a partir de acontecimientos aislados y la importancia de abordar el riesgo geopolítico desde una perspectiva más amplia de la cartera.
Cómo gestionar lo inimaginable: una perspectiva desde la construcción de carteras
Como mencionamos anteriormente, el riesgo geopolítico comparte muchas características con otras crisis macroeconómicas a las que se enfrentan habitualmente los inversores, un ámbito en el que es esencial adoptar un enfoque basado en el análisis. Al igual que las sorpresas inflacionistas, las desaceleraciones del crecimiento o los cambios de política, los acontecimientos geopolíticos son difíciles de predecir, a menudo tienen efectos no lineales y tienden a provocar cambios bruscos en el comportamiento del mercado. Para los inversores que atienden a la macroeconomía, estas características son familiares y apuntan hacia estrategias de mitigación que dan prioridad a la solidez de la cartera frente a los intentos de predecir el mercado a corto plazo.
Desde el punto de vista de la construcción de carteras, la mejor forma de lograr la resiliencia es mediante la diversificación entre regímenes económicos y exposiciones que respondan de manera diferente a los cambios en el crecimiento, la inflación y la aversión al riesgo. En estos casos, enlugar de depender de un único activo defensivo o de un ajuste táctico aislado, las carteras se benefician de la combinación de múltiples factores de rentabilidad que funcionan en condiciones macroeconómicas contrastadas. Este enfoque refleja la realidad de que el impacto en el mercado de las crisis geopolíticas depende en gran medida del contexto y está determinado por el entorno económico general en el que se producen.
Esto conduce naturalmente a un debate más amplio sobre los marcos de construcción de carteras. Aunque su aplicación puede variar —desde enfoques basados en índices de referencia hasta otros centrados en la rentabilidad total—, todos comparten un objetivo común: identificar los riesgos clave y aplicar posiciones que ayuden a diversificar y equilibrar esos riesgos a nivel de cartera.
En este contexto, el equipo económico de Schroders realiza análisis de escenarios periódicos para evaluar el equilibrio de los riesgos entre los diferentes resultados de crecimiento e inflación, lo que facilita el debate entre los equipos de inversión. Este marco identifica una serie de escenarios macroeconómicos plausibles y les asigna probabilidades, lo que proporciona una forma estructurada de navegar por la incertidumbre sin depender de previsiones puntuales.
Los gestores de carteras pueden entonces incorporar asignaciones tácticas basadas en estos escenarios, ajustando las exposiciones para reflejar los riesgos asimétricos en las perspectivas macroeconómicas. Posiciones como el oro pueden mantenerse principalmente como cobertura frente a resultados estanflacionarios, al tiempo que ofrecen protección durante períodos de mayor riesgo geopolítico, lo que ilustra cómo el posicionamiento basado en factores macroeconómicos puede mejorar simultáneamente la solidez de la cartera frente a múltiples fuentes de incertidumbre. Como gestores activos, creemos firmemente que mantener una actitud dinámica es fundamental para el éxito.
Es importante señalar que la diversificación tiene un coste. Los activos que proporcionan protección durante los periodos de tensión pueden quedarse rezagados en entornos de mercado más positivos, y su contribución a los resultados de la cartera a menudo solo se hace evidente durante episodios de mayor volatilidad. Esta compensación es la esencia de la diversificación: el valor de la resiliencia suele revelarse precisamente cuando más se necesita.
Conclusión
El riesgo geopolítico es una característica permanente de los mercados modernos, pero también es algo que se resiste constantemente a las predicciones. La variabilidad hace que la geopolítica sea una mala candidata para el trading táctico, pero es un poderoso recordatorio de la importancia de la resiliencia de las carteras. En lugar de intentar anticipar el próximo punto álgido, los inversores harían mejor en centrarse en cómo se construyen las carteras ante la incertidumbre. La diversificación entre regímenes económicos, factores de rentabilidad y características de los activos sigue siendo la respuesta más sólida al riesgo geopolítico.
En última instancia, gestionar el riesgo geopolítico no consiste tanto en predecir la próxima crisis mundial, como en garantizar que las carteras estén preparadas para soportarla. En un mundo en el que la incertidumbre es la norma, la resiliencia de las carteras sigue siendo fundamental.
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