¿Nos dirigimos hacia una recesión?
Tras los últimos acontecimientos, Keith Wade, economista jefe Schroders, hace una reflexión sobre el impacto de la pandemia coronavirus en la economía global.

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La semana pasada, cuando regresé a Reino Unido, un taxista me comentó que los ciudadanos estaban entrando en pánico y arrasando los supermercados por miedo a la escasez de alimentos. Me pregunté si me había bajado en el aeropuerto correcto… pero, comprobé que el comportamiento que él describía se parecía mucho a lo que está ocurriendo en los mercados financieros.
El pasado lunes, 9 de marzo, la venta de acciones fue multitudinaria y los diferenciales de crédito se ampliaron de forma brusca. Todo ello, unido a que los activos de riesgo experimentaron uno de sus ‘días negros’ desde el punto álgido de la crisis financiera global en 2008.
Por otro lado, el oro y los bonos soberanos subieron hasta tal punto de que el rendimiento del bono soberano británico a 10 años se acercó a cero, mientras que la curva del Tesoro de Estados Unidos se situó por debajo del 1%.
Por tanto, la pregunta es ¿la economía global se dirige hacia una recesión?
Cómo el coronavirus ha afectado nuestras previsiones de crecimiento
Es cierto que, recientemente, habíamos rebajado nuestras perspectivas sobre el crecimiento mundial, pero la gravedad de la crisis provocada por el coronavirus ha hecho que las volvamos a revisar.
Al principio, tuvimos en cuenta la rápida propagación del virus, pero lo que no nos imaginábamos es que Italia, la cuarta fuerza económica de Europa, quedaría totalmente bloqueada. De hecho, la decisión que ha tomado el gobierno italiano refleja la gravedad del número de casos, así como la presión que está soportando el sistema sanitario del país. Los últimos datos nos hacen pensar que el número de casos está alcanzando los niveles de China.

La zona euro
Teniendo en cuenta el nuevo escenario (mayor propagación del virus, cancelaciones de reuniones públicas y viajes…), creemos que en Europa tendrá un impacto mayor de lo que teníamos previsto. Por tanto, esperamos rebajar nuestras previsiones para la zona Euro, al menos, un punto porcentual para 2020. Creemos que una actividad más débil en Italia repercutirá en el resto del continente.
El Reino Unido
El Reino Unido no será inmune y la debilidad del mayor socio comercial de la economía será un viento en contra para el crecimiento en 2020. Estos cambios por sí solos harían que nuestra previsión de crecimiento global bajara del 2,3% al 2%.
China
Mientras tanto, somos más optimistas con China, donde el número de nuevos casos parece haber llegado a su punto máximo y los indicadores muestran que la economía está volviendo gradualmente a la normalidad.
El primer trimestre seguirá siendo uno de los más débiles en su historia, pero, confiamos más en que la economía se recuperará durante el segundo trimestre.
Para que esto ocurra, creemos que la política fiscal desempeñará un papel importante y esperamos un estímulo significativo, mientras que el gobierno se esfuerza por alcanzar su objetivo de diez años de duplicar el ingreso nacional para el año 2020.
Estados Unidos
Lo más difícil de prever es Estados Unidos. El número de casos sigue estando por debajo de los niveles observados en Europa, pero se han realizado pocas pruebas. Dado que el Centro de Control y Previsión de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ha dicho que no es cuestión de “si” va a pasar o no, sino de “cuando” va a pasar es probable que veamos un aumento significativo en la incidencia del virus a medida que se hagan más pruebas.
La crisis pasaría entonces a una nueva fase: Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia económica mundial (representa más de un cuarto del crecimiento global) y las nuevas medidas de restricción de viajes y cierres podrían impactar de forma muy negativa en el crecimiento mundial.
La buena noticia es que la economía de Estados Unidos se enfrenta al virus en un estado de salud robusto, como se ha observado en las últimas cifras, que muestran que la economía añadió 273.000 puestos de trabajo en febrero, mucho más de lo esperado.
Basándose en los dos primeros meses del año, las estimaciones sugieren que el crecimiento del PIB alcanzará el 3% anualizado en el primer trimestre.
En la práctica, es probable que la cifra sea inferior a lo estimado, ya que se prevé que en marzo se produzca una desaceleración; debido al cierre de Boeing y a la débil demanda extranjera a causa del virus.
El otro factor es el colapso del precio del petróleo que contribuyó a la tormenta del mercado a principios de la semana.
¿Precio del petróleo al rescate?
En circunstancias normales, un precio del petróleo más bajo sería bienvenido como un impulso a la actividad económica, ya que reduciría la inflación y aumentaría los ingresos y el gasto del consumidor.
Sin embargo, en el entorno actual es probable que los consumidores ahorren la mayor parte de este “regalo” con el que no contaban, en parte debido a la incertidumbre de lo que pueda pasar en el futuro y en parte porque reducirán sus desplazamientos.
Para Estados Unidos esto significa que el efecto neto de la reducción del precio del petróleo le afecta de forma negativa, ya que los recortes de gastos de capital en el sector de la energía superarán las ganancias por parte del aumento del consumo.
Creemos que, cuando el virus se disipe, es probable que el consumo se recupere, pero el impacto a corto plazo será un lastre para el crecimiento de Estados Unidos.
Sin duda, hay más luz sobre lo que ocurre más allá de EEUU, ya que las naciones que importan petróleo serán los grandes beneficiados. En este sentido, los ganadores se encontrarán en Asia, especialmente Japón, China, India y Corea del Sur, y gran parte de Europa, mientras que Rusia, México y Noruega serán los más afectados.
Dadas las señales de que el virus está bajo control en Asia, podemos pensar que se producirá una recuperación de la región durante este ejercicio, pero también nos muestra un comportamiento desigual para otros mercados emergentes.
Medidas políticas: tendiendo puentes
Los bancos centrales han reaccionado rápidamente ante la crisis. La Fed ha recortado los tipos en 50 puntos básicos y el Banco de Inglaterra ha seguido su ejemplo. También les han seguido otras regiones como Australia, Canadá y China.
Sin duda, el reto es proporcionar financiación a las empresas cuyo flujo de caja se ha visto gravemente afectado por el virus, en particular en sectores como el transporte, los hoteles, los restaurantes y otros servicios en los que la demanda se ha desplomado.
No obstante, el peligro es que una conmoción temporal tenga efectos permanentes a medida que las empresas se hunden y cierran durante la crisis. Esa evolución perjudicaría la oferta y la capacidad de la economía para recuperarse.
Otro gran dilema es que, incluso con la rebaja en los tipos, los bancos podrían cancelar sus préstamos, lo que produciría un colapso en los créditos. Por consiguiente, junto con la reducción de los tipos bancarios, el Banco de Inglaterra también ha anunciado un nuevo programa para incentivar a los bancos a conceder préstamos a las pequeñas y medianas empresas (financiación a plazo para las PYMES). Estas medidas, junto con las anunciadas en el presupuesto del Reino Unido, como el plan de préstamos a empresas del gobierno (que garantiza una parte de la exposición de los bancos), tienen como objetivo garantizar que haya suficiente apoyo para que las empresas superen la crisis.
Por su parte, el Banco Central Europeo también va en la misma línea y aunque no bajó tipos, adoptó medidas para impulsar los préstamos bancarios a las PYMES junto con un aumento de la compra de activos.
Posiblemente, Estados Unidos adopte un enfoque más contundente, rescatando al sector de las aerolíneas de la misma manera en que el sector automovilístico recibió apoyo en 2009. También es probable que veamos un paquete fiscal más amplio que incluya un recorte de los impuestos sobre los salarios para apoyar la economía. Mientras tanto, se puede esperar que la Reserva Federal reduzca aún más los tipos, probablemente en otros 50 puntos básicos.
Sin embargo, también hay razones para un aumento en la suscripción de capital para incentivar la compra de bonos corporativos.
El BCE ya incluye el crédito en su programa de compra de activos y, aunque esto requeriría un cambio en la legislación de los Estados Unidos, puede ser más eficaz que los recortes de los tipos, ya que ayudaría a reducir la tensión en uno de los principales conductos de capital para la economía.
Riesgo de recesión
Tenemos previsto publicar un pronóstico actualizado la semana que viene, en el que se prevé una mayor disminución de la actividad mundial como resultado de los acontecimientos recientes. Es muy probable que esto incline la economía mundial, que hemos descrito como una bicicleta tambaleante debido a su lento ritmo de actividad, hacia la recesión que dependerá de cómo evolucionen los acontecimientos en Europa y la escala del impacto del virus en EE.UU.
La situación en Europa podría empeorar, pero EE.UU. es el mayor factor de oscilación dado su tamaño y su papel como impulsor de la demanda mundial. Nuestras expectativas de crecimiento en EE.UU. ya son bajas, con un 1,6% para 2020, pero la recesión en los EE.UU. significaría una recesión mundial.
Los bancos centrales se han movido rápidamente y deberían ser capaces de proporcionar la base para una recuperación durante 2020.
En muchos sentidos, la economía mundial está mejor situada para hacer frente a estas perturbaciones que en 2008: los bancos centrales han desarrollado nuevas herramientas y el sistema bancario está bien capitalizado. Los inversores buscan ahora medidas en el frente fiscal.
El Reino Unido ha liderado este proceso y esperamos que China lo siga, mientras esperamos la respuesta de Estados Unidos y la zona euro.
Sin embargo, como descubrí el fin de semana pasado, la situación se desarrolla rápidamente. Las herramientas monetarias y fiscales son débiles frente al virus y hasta que el brote esté bajo control, el riesgo de una caída prolongada sigue siendo alto.
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