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Por qué los inversores climáticos deben priorizar a los más afectados

Maria Teresa Zappia explica por qué una “transición justa” hacia una economía verde debe poner a las personas en el centro.

28/11/2022
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Maria Teresa Zappia

La lucha contra el cambio climático es un libro a medio escribir y, hasta ahora, sus autores han sido sobre todo las economías grandes y poderosas. Eso debe cambiar.  

El giro o la transición hacia un mundo de bajas emisiones está tomando impulso. El número de países y empresas que han alcanzado compromisos para realizar una transición hacia las cero emisiones netas ha aumentado drásticamente. De hecho, esos compromisos se extienden ahora al 90% del PIB mundial.  

Pero eso no es suficiente. Se prevé que, con las actuales políticas y acciones, el calentamiento global aumente en 2.7 grados. Sin embargo, el objetivo del Acuerdo de París de 2015 es limitar el aumento de la temperatura a largo plazo a una cifra muy por debajo de los 2 grados, y, preferiblemente, a 1,5 grados. Del mismo modo, quienes viven en mercados emergentes y frontera, que son quienes sentirán sus efectos más dolorosos, están mal equipados para protegerse. En muchos casos, su capacidad de anticiparse, prepararse y dar respuestas al cambio climático ya está al límite.  

El nivel de preparación en los mercados emergentes y frontera varía mucho de unos países a otros, pero, en general, es muy bajo. Ahora mismo, muchos de estos mercados dependen más de los combustibles fósiles que los mercados desarrollados, y eso quiere decir que están en una situación más desfavorable de cara a conseguir las cero emisiones netas. 

Si queremos lograr una transición justa hacia una economía con menos emisiones, que use los recursos de manera más eficiente y sea más inclusiva desde el punto de vista social, Estados y empresas deben hacer más para cumplir sus compromisos, y no quedarse en crear una economía verde, también poner en el centro a las personas y los derechos humanos. Deben ayudar a garantizar que los más afectados por el cambio climático estén equipados para protegerse.  

Lo mismo ocurre con los inversores privados. Muchos de ellos lo reconocen y se preguntan cómo aunar iniciativas económicas que dejen atrás las emisiones de carbono y a su vez generen oportunidades para los trabajadores y las comunidades locales.  

La respuesta tiene (al menos) tres pilares. Los inversores deben comprometerse a adoptar estrategias de adaptación climática, o a lo que el Pacto de Glasgow para el Clima define como “ayudar a quienes ya afecta el cambio climático”, y no solo a reducir emisiones. También deben trabajar para mejorar los productos financieros y seguros diseñados para personas en riesgo, y medir su impacto a través de las observaciones de la comunidad.  

Invertir en estrategias de adaptación climática 

En primer lugar, no alcanzaremos las cero emisiones netas para mediados de siglo sin billones de dólares de financiación privada, un dinero que no acaba de llegar.  

Los países desarrollados tienen el compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares al año para financiación de la lucha contra el cambio climático, con el fin de ayudar a aquellos en vías de desarrollo. Sin embargo, para desplegar eficazmente estos fondos, los inversores necesitan más ejemplos prácticos de inversiones que impulsen una transición justa y la justicia climática de una forma más amplia.  

El nuevo Reto de Financiación de la Transición Justa del Impact Investing Institute, cuyos fundadores son propietarios de activos de desarrollo y tradicionales por valor de 4,4 billones de dólares, tiene como objetivo dar origen a estos ejemplos tan necesarios y ayudar a redirigir el flujo de financiación hacia la lucha contra el cambio climático. Hasta la fecha, los inversores se han centrado sobre todo en la mitigación de las consecuencias del cambio climático, pero la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) dio un paso hacia la adaptación. Los participantes llegaron a la conclusión de que el 50% del total de financiación de la lucha contra el cambio climático que se asigne a mercados emergentes debería fijarse como objetivo estratégico la adaptación climática, destinándose la mayor parte a países vulnerables.

Los costes anuales de la adaptación climática podrían alcanzar los 300.000 millones de dólares para los mercados emergentes en 2030 y, a primera vista, la asignación de la CO26 parece una inversión muy sencilla y factible. Sin embargo, los últimos datos disponibles apuntan que el apoyo financiero a la adaptación sigue siendo muy inferior al que se brinda a la mitigación en todos los países. Es fundamental dar un paso adelante en las actividades de adaptación, lo que incluye incrementar el grado de preparación de los grupos más afectados por el cambio climático, y la innovación es un componente fundamental del éxito. 

Las estrategias de adaptación climática innovadoras pueden materializarse de muy distintas formas, como el desarrollo de cultivos más resistentes y nuevos sistemas de regadío. Una estrategia muy eficaz en la que nos hemos centrado es la creación de un nuevo mercado de seguros climáticos. La inversión de impacto especializada en los mercados emergentes ofrece acceso a seguros climáticos personalizados para microempresas y pymes, así como para familias con rentas bajas, que cubren fenómenos climatológicos extremos. Los seguros son esenciales para el modo de vida y la resiliencia de los pequeños agricultores y ganaderos, puesto que los cultivos o el ganado que aseguran son la única fuente de ingresos de sus hogares. Las estrategias de adaptación climática son ahora uno de los pilares de la mayoría de ofertas de financiación climática.  

¿Cómo pueden los seguros climáticos proteger a las comunidades con rentas bajas?  

BlueOrchard lleva ocho años centrada en proteger a las comunidades con rentas bajas a través de los seguros climáticos. En ese tiempo, hemos ayudado a distribuir seguros climáticos a través de las instituciones financieras de cada país que tienen una base de clientes emprendedores. También hemos invertido en toda la cadena de valor de las aseguradoras y mediadores, así como de las compañías del sector insurtech, que crean nuevas tecnologías para el sector asegurador, como son las herramientas de previsión meteorológica que valoran mejor los riesgos climáticos.  

Una de estas empresas es Skymet Weather Services Private Ltd, que ofrece servicios de información meteorológica y sobre el rendimiento de los cultivos a las aseguradoras de la India a través de 4.000 estaciones meteorológicas automatizadas repartidas por todo el país. Nuestra inversión ha ayudado a la empresa a ampliar su red de estaciones y obtener nuevos contratos de los servicios tanto de información meteorológica como de cálculo del rendimiento de los cultivos. Ahora, ayuda a más de 20 millones de agricultores y ganaderos a gestionar mejor el impacto de los fenómenos climáticos y meteorológicos sobre las cosechas gracias a sus seguros para cultivos y ganado referenciados a un índice y que se pueden contratar desde el móvil. 

Otro ejemplo es Royal Exchange General Insurance Company Ltd, una aseguradora nigeriana con más de 100 años de experiencia en el mercado de seguros del país y una importante cartera de clientes en el sector primario. La compañía ofrece una completa gama de seguros contra riesgos generales y especiales, y nuestra inversión les permitirá llegar a agricultores de rentas bajas, que son especialmente vulnerables ante el cambio climático. 

También hemos colaborado con la Kashf Foundation, una organización sudafricana no bancaria dedicada a las microfinanzas, que se ha convertido en la mayor distribuidora de microseguros de Pakistán. También ofrece pólizas de microseguros a más de tres millones de clientes, sobre todo de salud y de vida. Kashf utilizó nuestra financiación para lanzar su primer producto especializado en el mundo rural en 2017: un préstamo para la compra de ganado que se comercializa con el nombre de Kashf Mahweshi Karza. El producto incluye un seguro para ganado lechero en Pakistán, que cubre los costes de las cuotas si la vaca fallece o cae enferma. Las indemnizaciones permiten a los ganaderos que pierden animales comprar otros, y evita que incurran en impago y que se les rebaje la calificación crediticia. Esta clase de red de seguridad es especialmente importante frente al cambio climático, ya que el mayor impacto de las sequías, las inundaciones y las enfermedades afecta a las tasas de mortalidad del ganado. 

Medir el impacto de las opiniones de la comunidad 

Integrar los puntos de vista de todos los grupos de interés en el diseño, la supervisión y la evaluación del producto es importante para lograr una transición justa.  

En general, las respuestas a las encuestas que hemos elaborado en BlueOrchard para asegurarnos de que conseguíamos lo que queríamos mostraban que las comunidades se han beneficiado de los seguros climáticos. De todos los encuestados (algunos con seguro, otros no), casi dos terceras partes habían sufrido un shock climático. De los asegurados, el 45% pudieron recurrir a ahorros después del evento climático. Entretanto, solo el 18% de quienes no tenían seguro pudieron hacerlo. Del mismo modo, los encuestados con seguro tenían un 10% más de probabilidades de recuperarse del shock sin vender ningún activo.  

Por lo tanto, quienes comunicaban un siniestro tenían el doble de probabilidades de recuperarse de los shocks que quienes no lo hacían; el 50% de los asegurados se recuperaban, frente al 19% de los que no. Además, los beneficiarios invertían gran parte de las indemnizaciones del seguro en sus explotaciones.  

En conjunto, los mercados emergentes lo tienen todo para ser los más decisivos del mundo. En cierto modo, ya lo son. En ellos vive la mayoría de la población mundial, ellos generan el grueso del PIB global, y crecen más rápido que los mercados desarrollados. Garantizar la resiliencia de las comunidades vulnerables al cambio climático es poner a las personas en el centro de la transición hacia una economía verde. Y, llegados a este punto, incluso aunque la acción contra el cambio climático aún es menor que nuestra ambición global, equipar a los más vulnerables para capear mejor la incertidumbre climática es fundamental.  

Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y puede que no vuelvan a repetirse. El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente. Las fluctuaciones de los tipos de cambio pueden provocar variaciones tanto al alza como a la baja en el valor de cualquier inversión. Cualquier referencia a sectores/países/acciones/valores se ofrece únicamente con fines ilustrativos, y no constituye una recomendación de compra o venta de instrumentos financieros/valores, ni de adopción de una estrategia de inversión.

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Maria Teresa Zappia

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