¿Qué opinarán los mercados de bonos sobre el nuevo presidente de la Fed?
Tras la nominación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, examinamos las consideraciones políticas más relevantes para los inversores de renta fija.
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El 30 de enero, tras un largo proceso, la Administración Trump finalmente anunció su intención de nominar a Kevin Warsh para el cargo de presidente de la Reserva Federal (Fed). El nombramiento de Warsh debe ser ahora confirmado por el Senado.
Se ha escrito mucho sobre lo que Warsh puede pensar o no. Nuestra opinión es que algunas de las hipótesis iniciales pueden resultar incorrectas y que es probable que su pensamiento sea más moderado, dado que el propio Warsh ha hecho muy pocos comentarios públicos sobre política monetaria en los últimos tiempos.
No obstante, hasta que Warsh no dé una orientación más clara sobre cómo ve la política monetaria estadounidense, los factores a continuación son los más relevantes para el posicionamiento de carteras:
Lo que la economía necesita vs lo que los responsables políticos ofrecen
Consideramos que la necesidad de una mayor flexibilización de la economía estadounidense es limitada. El crecimiento es saludable y los riesgos de empeoramiento del mercado laboral, que eran evidentes en la segunda mitad de 2025, ahora están disminuyendo.
No obstante, lo que necesita la economía y lo que ofrecen los responsables políticos no es necesariamente lo mismo. Aunque Warsh ha demostrado tener una mentalidad independiente, parece poco probable que el cargo se otorgue a alguien que no haya presentado argumentos convincentes en las entrevistas sobre por qué se podrían reducir aún más los tipos de interés oficiales. Creemos que al Gobierno le gustaría que los tipos se acercaran al 3%.
Warsh es mucho menos propenso que otros candidatos a desear recortes agresivos de los tipos muy por debajo de lo necesario. Sin embargo, al mismo tiempo, como astuto actor político con experiencia previa en el funcionamiento de la Fed, en nuestra opinión está más capacitado que algunos de sus rivales para llevar a cabo una moderada flexibilización adicional.
Cambio en la arquitectura a largo plazo de la Fed
Creemos que sus opiniones acerca de la política a implementar para controlar el balance de la Fed son más moderadas que lo que se ha dicho. Justo después de que se conociera su nominación, los rendimientos de los bonos a largo plazo subieron porque se pensaba que Warsh iba a reducir el balance de la Fed. Aunque es probable que, con el tiempo, se incline por un balance más reducido y limpio, consideramos que se trata de un objetivo a largo plazo y dudamos mucho que se aplique de una forma que afecte gravemente el mercado de bonos del Tesoro estadounidense.
En cambio, creemos que su cautela con respecto a este tema refleja un deseo a más largo plazo de:
(a) alejarse de la flexibilización cuantitativa si se requiere un mayor estímulo monetario (lo que, en nuestra opinión, no está previsto a corto plazo) y
(b) coordinarse más estrechamente con el Tesoro de los Estados Unidos para garantizar una mayor armonización de las políticas.
Aunque el punto (b) suscitará inquietudes en torno al «dominio fiscal» del banco central, no nos oponemos automáticamente a un enfoque más holístico de la formulación de políticas en todas las funciones gubernamentales, pues podría contribuir a un mejor funcionamiento.
Por ejemplo, si en el futuro la Fed permitiera la reducción de sus tenencias de bonos del Tesoro de EE.UU. a más largo plazo, pero con cambios normativos que generaran aumentos compensatorios en la demanda de estos activos, no se trataría necesariamente de una mala política.
¿Podría haber cambios en el marco de política monetaria de la Fed?
Estaremos muy atentos a cualquier cambio que Warsh pueda proponer en el marco de las políticas monetarias de la Fed, especialmente en lo que respecta al mercado laboral. Esto es crucial para los inversores de bonos. El Congreso establece los objetivos de la Fed de «precios estables y pleno empleo», pero es la propia Fed la que los interpreta, por ejemplo, definiendo «precios estables» como una inflación del 2%.
Para mantener una postura moderada conservando la credibilidad, se podría argumentar que el «máximo empleo» implica una tasa de desempleo inferior a la estimación actual de la Fed de una «tasa natural» del 4,2%. En igualdad de condiciones, una estimación más baja del desempleo natural requeriría tipos de interés oficiales más bajos (entre las razones podrían figurar el cambio estructural de la adopción de la IA o el ejemplo de 2018, con un desempleo inferior al 4% y unas presiones salariales muy moderadas).
Esperamos más pruebas que confirmen que Warsh piensa así, pero algunos de sus comentarios sobre la IA y la productividad como fuerzas desinflacionistas lo insinúan.
¿Qué significa todo esto para las carteras?
Mantenemos una visión moderadamente bajista sobre la duración estadounidense (riesgo de tipos de interés), lo que refleja unas perspectivas de crecimiento aún sólidas, signos de estabilización en el mercado laboral y el apoyo fiscal que se trasladará a la economía en 2026.
Sin embargo, dado que esperamos que Warsh quiera y pueda aplicar nuevas bajadas de tipos, creemos que la magnitud de cualquier corrección de mercado será probablemente limitada. Seríamos más optimistas con respecto a la duración en EE.UU. si los mercados descontaran una bajada de tipos o ninguna para el resto de 2026, pero aún no hemos llegado a ese punto.
Consideramos que el extremo largo del mercado de bonos sigue siendo vulnerable a la falta de disciplina fiscal, pero los rendimientos han subido desde la nominación de Warsh, ya que los mercados han extrapolado sus opiniones históricas sobre el balance a la política futura, lastrando con ello la demanda del extremo largo. Todavía no estamos ahí, pero si esta dinámica continúa, se presentarán oportunidades atractivas: unos rendimientos a 30 años superiores al 5% harían que las valoraciones fueran mucho más interesantes.
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