CIO Lens T2 2026: constituir carteras diversificadas para tiempos de incertidumbre
En la edición de este trimestre del CIO Lens, nuestros expertos en inversión destacan la necesidad de contar con carteras resilientes, en un contexto en el que los acontecimientos en Oriente Medio aumentan la incertidumbre para los inversores.
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En la edición de este trimestre del CIO Lens
En las últimas semanas, la incertidumbre ha aumentado debido al conflicto en Irán y a su fuerte impacto sobre el suministro energético. Al mismo tiempo, estamos siendo testigos de una disrupción sin precedentes derivada de la IA, cuyas consecuencias para los mercados laborales y los modelos de negocio son aún inciertas.
Entonces, ¿cómo definimos una estrategia? Cuando nos enfrentamos a acontecimientos y tendencias que pueden ser difíciles de valorar, intentamos tomar distancia y centrarnos en aquellos aspectos del mercado sobre los que podemos tener mayor grado de certeza. Es de esta manera que podemos constituir carteras más resilientes.
¿Qué sé con certeza?
En los últimos años hemos pasado de un mundo globalizado, propenso a choques deflacionistas, a un mundo más desglobalizado, con mayor incertidumbre geopolítica y más expuesto a choques inflacionistas. En este contexto, las materias primas y los activos reales aportan beneficios de diversificación, mientras que los bonos actúan como amortiguadores de choques menos eficaces. Ya nos preocupaba, antes de que estallara el conflicto de Oriente Medio, que se estuviera infravalorando el riesgo de inflación, dada la magnitud del estímulo fiscal en Occidente, por lo que la crisis en Irán aumenta el riesgo de inflación, pero no cambia nuestra visión sobre la deuda pública, donde–
mantenemos un sesgo negativo.
En Estados Unidos, los spreads de crédito están valorados para un escenario de «perfección», no para la volatilidad. Los inversores en busca de rentabilidad siguen absorbiendo niveles elevados de emisiones, manteniendo un equilibrio muy ajustado, mientras los hiperescaladores financian el despliegue de infraestructuras vinculadas a la IA. La expansión del crédito privado, al ocupar parte del espacio que antes correspondía a la banca, reduce la transparencia.
El mercado laboral sigue siendo el principal motor de la política de los bancos centrales, especialmente en Estados Unidos. Aunque los repuntes del precio de la energía pueden generar presión inflacionista, es probable que la Reserva Federal adopte un tono más «dovish» si el mercado laboral se debilita, especialmente ante la incertidumbre sobre el impacto disruptivo de la IA. Por ello, conviene vigilar de cerca el crecimiento salarial y las solicitudes de subsidio por desempleo, y no dar por hecho que después de un shock energético le sigue un shock de tipos.
Prepararse para lo inesperado
En lugar de preguntarse «¿qué ocurrirá a continuación?», los inversores deberían preguntarse «¿cómo se comportaría mi cartera si sucediera algo inesperado?». En todo momento, los precios de mercado reflejan un conjunto de escenarios ponderados por su probabilidad. Reflexionar sobre la forma de esa distribución ayuda a evaluar la correlación probable entre clases de activos y a constituir carteras más diversificadas y resilientes.
Aunque es probable que aumente la volatilidad de la renta variable, debido a valoraciones más costosas, a la fase avanzada del ciclo y a la incertidumbre geopolítica, un crecimiento nominal estructuralmente más elevado, impulsado por el gasto público y la innovación tecnológica, ofrece mayores oportunidades. La renta variable sigue siendo una clase de activo muy eficaz para protegerse de la inflación.
En mis 30 años de carrera en inversión, no ha habido ni un solo día en el que invertir resultara sencillo. Nuestro trabajo consiste en gestionar el riesgo y la incertidumbre. Al enfrentarnos a riesgos distintos cada día, los procesos de inversión aportan rendición de cuentas y un lenguaje común. Permiten construir un enfoque que reduce la gestión de la incertidumbre en mercados volátiles y, a menudo, dominados por las emociones.
La resiliencia es un esfuerzo de equipo, por lo que debemos asegurarnos de que nuestros equipos de inversión sean estables y cohesionados para gestionar adecuadamente la psicología colectiva mientras navegamos por aguas turbulentas.
Renta variable (+) +
Comenzamos el año con una visión optimista respecto a la renta variable, respaldada por el crecimiento resiliente de EE.UU., un mercado laboral estable y las expectativas altas del crecimiento continuo de los beneficios. Dado que el riesgo de recesión parecía seguir bajo y la inflación se mantenía relativamente controlada, se consideró que el contexto macroeconómico era favorable para los activos de riesgo, aun cuando las valoraciones parecían cada vez más elevadas.
A medida que avanzaba el trimestre, la incertidumbre fue aumentando, debido a laspresiones arancelarias crecientes, los indicios de un debilitamiento de los datos laborales y al aumento de losriesgos fiscales y políticos, generando un cuestionamiento sobre las perspectivas. Más recientemente, la escalada del conflicto en Oriente Medio y los problemas en los mercados energéticos han reforzado la tendencia hacia un escenario más volátil y propenso a la inflación.
Sin embargo, dejando de lado el ruido mediático reciente, mantenemos nuestra convicción respecto a la renta variable. El crecimiento nominal estructuralmente más alto, impulsado por la expansión fiscal y la innovación tecnológica, sigue respaldando los beneficios empresariales. A pesar de que es probable que la volatilidad se mantenga alta a corto plazo, la renta variable sigue siendo una de las formas más eficaces de protegerse contra la inflación a medio plazo.
Bonos del Estado (-) -
Comenzamos el trimestre con una visión negativa sobre los bonos del Estado, conscientes de que las valoraciones estaban menos elevadas dado el repunte de los rendimientos, pero manteniendo la cautela ante las preocupaciones persistentes sobre la sostenibilidad fiscal y los riesgos de inflación.
A medida que avanzaba el trimestre, un crecimiento superior al esperado y la resistencia de ciertos mercados laborales nos llevaron a cuestionar la magnitud de las bajadas de tipos anticipadas por los mercados. Al mismo tiempo, la expansión fiscal y la incertidumbre en torno a la política de los bancos centrales —especialmente en EE.UU.— reforzaron el riesgo de un contexto más inflacionista.
El conflicto en Oriente Medio ha aumentado aún más estos riesgos debido al encarecimiento y mayor volatilidad de los precios de la energía. Antes de la crisis, los bancos centrales, en particular la Reserva Federal, se enfrentaban a presiones para equilibrar los signos de debilitamiento del mercado laboral frente a los riesgos de inflación, lo que podría haber dado lugar a una política monetaria más acomodaticia que lo que la dinámica de la inflación hubiese justificado en otras circunstancias. Sin embargo, dado el riesgo actual de que los precios de la energía impulsen la inflación al alza, esperamos que la Reserva Federal adopte un enfoque más de «esperar y ver» y posponga las bajadas de tipos previstas anteriormente.
En este contexto, los bonos son menos eficaces como amortiguadores de crisis que en el pasado. Por lo tanto, mantenemos una visión negativa sobre los bonos del Estado, debido a su perfil riesgo-rentabilidad desfavorable y el riesgo de que se siga subestimando la inflación.
Materias primas (+) 0
Comenzamos el año con una visión positiva sobre las materias primas, respaldada por la escasez de oferta y el papel estratégico que desempeñan estas, en particular el oro, que actúa como cobertura frente a los riesgos geopolíticos y fiscales.
A medida que han aumentado los riesgos de inflación y la economía mundial ha evolucionado hacia un régimen más volátil y con restricciones de oferta, se han reforzado los argumentos a favor de los activos reales. Las materias primas ofrecen una importante cobertura frente a las crisis geopolíticas y a una inflación estructuralmente más elevada.
Sin embargo, tras la fuerte subida de los precios del petróleo ligada a las tensiones en Oriente Medio, hemos adoptado una postura más neutra en general. Actualmente, los mercados de materias primas reflejan un perfil riesgo-rentabilidad más equilibrado, dada la incertidumbre en torno a la demanda y a la duración de la interrupción del suministro.
Crédito (0) -
Durante gran parte del trimestre, mantuvimos una postura globalmente neutra respecto al crédito . El contexto macroeconómico siguió siendo favorable, sostenido por un crecimiento resiliente, unos fundamentales empresariales sólidos y unos balances equilibrados que respaldaban esta clase de activos.
Sin embargo, las valoraciones siguieron siendo motivo de preocupación. Spreads muy ajustados y un volumen de emisión elevado han dejado poco margen de error, especialmente en un entorno en el que aumentaban los riesgos de inflación y la incertidumbre política.
Al cierre del trimestre, adoptamos una postura más cautelosa. La combinación de condiciones financieras más restrictivas, posibles efectos indirectos de las tensiones en el crédito privado y crecientes riesgos de estanflación, especialmente tras la crisis energética, nos llevó a rebajar nuestra valoración.
Durante el último año, hemos insistido de forma consistente en un mensaje clave: cómo construir carteras capaces de resistir un entorno global más volátil, marcado por tensiones geopolíticas y un nuevo orden mundial, la disrupción tecnológica, la transición energética y la divergencia demográfica.
Los acontecimientos recientes no han hecho sino reforzar este mensaje. La intensificación del conflicto en Irán y en Oriente Medio, junto con los repuntes y la volatilidad asociados a los precios del petróleo, han añadido un nuevo nivel de incertidumbre a unas perspectivas globales ya de por sí frágiles. Aunque el impacto económico final aún es incierto, estos episodios han puesto de manifiesto la rapidez con la que este tipo de disrupciones puede desestabilizar las asignaciones tradicionales de cartera.
Para los inversores a largo plazo, esto subraya la importancia de una resiliencia real. No se trata únicamente de preservar el capital en momentos puntuales de tensión, sino de construir carteras capaces de generar rentabilidades atractivas a lo largo del tiempo, a pesar de unos retos macroeconómicos persistentes impulsados por poderosas fuerzas externas.
Por qué mercados privados… y por qué ahora
En este contexto, los mercados privados rara vez han sido tan relevantes. Ofrecen ventajas estructurales frente a los mercados públicos en la gestión de carteras, especialmente valiosas en periodos de volatilidad, además de un reciente desacoplamiento cíclico. En conjunto, representan una asignación interesante tanto para el entorno actual como a largo plazo.
Desde un punto de vista estructural, los activos privados están menos expuestas a los cambios bruscos de sentimiento de los índices cotizados. Las estructuras de fondos cerrados, garantizan la retención del capital durante un período concreto, lo que permite a los gestores invertir de forma oportunista en fases de mercado bajistas y programar las salidas de la cartera de manera más eficaz, evitando así las ventas forzadas.
Además, los mercados privados presentan un mayor grado de especialización y acceso a un universo de oportunidades más amplio. Los gestores pueden centrarse en segmentos con un equilibrio más favorable entre oferta y demanda de capital gracias a las barreras de entrada, invertir en compañías con un enfoque más doméstico —menos expuestas a shocks globales— y acceder a activos con perfiles de riesgo diferenciados y menor correlación con los mercados cotizados.Desde una perspectiva cíclica, muchos segmentos de los mercados privados —con la notable excepción de la deuda privada corporativa— han atravesado cuatro años de moderación en fundraising, inversión, valoraciones y salidas, incluso en un contexto en el que la renta variable pública alcanzaba máximos históricos y los diferenciales de crédito se estrechaban. Junto con la creciente concentración de capital privado en grandes fondos y operaciones, esto ha generado puntos de entrada atractivos e ineficiencias en otras áreas del mercado, que pueden traducirse en oportunidades de rentabilidad especialmente interesantes.
No todas las estrategias de mercados privados ofrecen el mismo grado de resiliencia
Aunque los mercados privados, en su conjunto, presentan ventajas estructurales claras, el nivel de resiliencia varía de forma significativa entre clases de activo y dentro de cada una de ellas.
- En private equity, las operaciones de pequeños y medianas adquisiciones, así como los vehículos de continuación, han mostrado una mayor resiliencia que los grandes buyouts.
- En venture capital, las oportunidades en fases tempranas mantienen su atractivo fundamental, mientras que las inversiones en fases avanzadas vinculadas a la IA presentan riesgos de valoración y concentración sin precedentes.
- En deuda privada, el creciente escrutinio sobre el direct lending contrasta con la solidez estructural del universo más amplio de deuda privada y alternativas de crédito.
- En inversión inmobiliaria, la brecha entre activos prime y activos de menor calidad nunca ha sido tan amplia.
- En infraestructuras, los activos operativos con ingresos contratados están adquiriendo un valor cada vez más escaso, mientras que los proyectos en fase de desarrollo afrontan mayores dificultades.
Esta no es una observación nueva. Como reconocerán los lectores de nuestras anteriores perspectivas, nuestra preferencia por segmentos del mercado estructuralmente resilientes —estrategias de small y mid market, creación de valor operativo, alternativas de crédito diversificadas y activos de servicios esenciales— ha sido una constante. El entorno actual ha validado este posicionamiento, más que motivarlo.
Private Equity: el fin del “cuanto más grande, mejor”
El fundraising en private equity sigue siendo moderado, lo que respalda valoraciones de entrada atractivas. La actividad de inversión y desinversión se ha recuperado de forma gradual desde los mínimos de principios de 2025, aunque las implicaciones del conflicto en Irán podrían retrasar una normalización más amplia, y el volumen de salidas pendientes sigue siendo elevado.
Seguimos identificando las oportunidades más atractivas entre compañías de menor tamaño. En función de las definiciones y las fuentes de datos, los buyouts pequeños y medianos se benefician de descuentos de valoración persistentes del 20% al 40% frente a los grandes buyouts —con los mayores descuentos en el segmento más pequeño—, al tiempo que ofrecen exposición a negocios menos dependientes de los mercados globales y con un mayor potencial de crecimiento transformacional. En los últimos cuatro años, los buyouts pequeños han superado en rentabilidad a los medianos, y estos a su vez a los grandes, lo que refuerza la idea de que los descuentos de entrada se traducen en un mayor potencial de rentabilidad neta.
Los vehículos de continuación, que alcanzaron niveles récord de transacciones en 2025, están sustituyendo de forma gradual y parcial a las operaciones sponsor-to-sponsor (buyouts secundarios), que se habían convertido en la principal fuente de operaciones para los fondos de gran capitalización. De forma crítica, nuestro análisis muestra que más del 80% del crecimiento de estas inversiones responde a factores estructurales y no cíclicos. Entre sus ventajas destacan unas comisiones más bajas, una mayor rapidez en la obtención de liquidez y perfiles de rentabilidad más predecibles, con una dispersión más contenida.
En venture capital, la divergencia entre etapas refleja el patrón observado en los mercados privados en general. Las fases tempranas ofrecen oportunidades selectivas y atractivas a escala global, respaldadas por una innovación multipolar y valoraciones razonables. En cambio, las rondas de financiación en fases avanzadas (Series D+) concentran riesgos significativos: la IA domina el valor de las operaciones y las valoraciones han superado los máximos de 2021. Somos cautos en este segmento, a la luz de la experiencia de ciclos tecnológicos anteriores.
Deuda privada y alternativas de crédito: buscar diversificación… y carteras diversificadas
En torno a la deuda privada existe un elevado ruido mediático. El direct lending tradicional se enfrenta a un mayor escrutinio por la concentración sectorial —especialmente en áreas susceptibles a la disrupción de la IA, como el software— y por las presiones de reembolsos en algunos fondos. Es importante subrayar que los mecanismos de restricción de liquidez incorporados en estos vehículos reducen el riesgo de ventas forzadas en el mercado de préstamos corporativos en su conjunto.
La demanda de rendimientos estables, ingresos recurrentes y rentabilidad sigue siendo elevada. Identificamos oportunidades atractivas a lo largo de un amplio abanico de estrategias de crédito, que aportan una diversificación relevante a través de estructuras respaldadas por colateral y contratos, con perfiles de riesgo diferenciados y resilientes.
La deuda en infraestructuras es un claro ejemplo, apoyada en una necesidad estructural de capital y en inversiones con garantías reales. La deuda inmobiliaria comercial se beneficia de activos cuyas valoraciones ya han sufrido un ajuste, ofreciendo puntos de entrada a un coste inferior. La financiación basada en activos (Asset-Based Finance, ABF) se centra en grandes volúmenes de contratos de deuda con una base de deudores diversificada, respaldados por activos cotidianos como viviendas, automóviles o aviones, y aporta además exposición a tipos de interés variables, lo que resulta atractivo en un entorno de posibles subidas de tipos. Por último, los bonos vinculados a seguros (insurance-linked securities) ofrecen descorrelación macroeconómica en un mundo con mayores riesgos geopolíticos.
Infraestructuras: los vientos de cola de la transición energética continúan
La seguridad energética sigue siendo un tema clave que respalda el desarrollo de las energías renovables a nivel global, y las infraestructuras son uno de los ámbitos donde las ventajas estructurales del capital privado—compromiso a largo plazo, gestión operativa activa y capital comprometido— resultan más evidentes.
El conflicto en Irán refuerza aún más el argumento estratégico a favor de la transición energética, si bien su aceleración dependerá en gran medida de políticas públicas, será desigual por regiones y se materializará de forma gradual. A corto plazo, los activos renovables operativos se benefician directamente de unos precios de la energía más elevados.
Las valoraciones también se han ajustado de forma significativa tras el ciclo de subidas de tipos. Los cambios de política en Estados Unidos, los ajustes regulatorios en el Reino Unido y la revisión de hipótesis a largo plazo están creando puntos de entrada atractivos. Además, el fuerte crecimiento de la demanda eléctrica impulsado por la expansión de la IA y de los centros de datos supone un catalizador estructural para la capacidad de generación renovable y las infraestructuras de red.
Europa y Asia seguirán siendo regiones clave para el crecimiento futuro de las renovables, mientras que la dinámica en Estados Unidos se ha vuelto más compleja tras los recientes cambios regulatorios. En todas las geografías, las energías renovables continúan siendo la fuente de nueva capacidad de generación más competitiva, y el almacenamiento en baterías destaca como un subsegmento especialmente atractivo.
Inversión inmobiliaria: en un punto de inflexión
Ya habíamos señalado que la inversión inmobiliaria se encontraba ante una posible recuperación, con las añadas actuales bien posicionadas. Los datos trimestrales recientes respaldan esta visión, con un incipiente repunte de la actividad transaccional y de los precios, aunque de forma muy desigual entre sectores, regiones y niveles de calidad de los activos. La recuperación se ha sustentado principalmente en los ingresos, mientras que la revalorización del capital ha sido limitada, y la brecha entre los activos de máxima calidad y los activos medios es mayor que nunca.
El conflicto en Irán, junto con un posible repunte de la inflación y sus implicaciones para los tipos de interés, podría frenar esta recuperación. No obstante, la oferta limitada sigue apoyando los ingresos de alquileres, especialmente en activos prime, mientras que los costes de construcción continúan al alza por las disrupciones en las cadenas de suministro. Los activos con protección indirecta frente a la inflación —como aquellos con contratos a corto plazo, por ejemplo el auto- almacenamiento (self- storage), o con cláusulas de actualización por inflación— ofrecen una protección eficaz de los flujos de caja reales a corto plazo.
La experiencia operativa, la mejora de activos y las inversiones en sostenibilidad son cada vez más determinantes para la creación de valor a largo plazo. Además, el elevado volumen de deuda inmobiliaria comercial que vence en los próximos años —agravado por el entorno actual de tipos— está generando oportunidades especialmente atractivas en recapitalizaciones y mercados secundarios.
Leer más: Perspectivas de los mercados privados para el 2T: cinco claves para los inversores de banca privada
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