Los mercados se centran más en los problemas del Reino Unido que en quién ocupa el número 10 de Downing Street
Los problemas crónicos del Reino Unido hacen que resulte difícil para un nuevo primer ministro y un nuevo ministro de Hacienda invertir en el crecimiento y mantener la confianza de los mercados.
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Hasta ahora, los mercados financieros han acogido con calma la dimisión de Keir Starmer, lo que refleja hasta qué punto un cambio en la dirección del Partido Laborista era previsible tras la contundente victoria de Andy Burnham en las elecciones parciales de Makerfield.
Queda por ver si surgirá otro candidato a la dirección del partido o si el margen de victoria de Burnham servirá de modelo para que el Partido Laborista consiga un segundo mandato en el Gobierno. Al fin y al cabo, quienquiera que sea el próximo primer ministro tendrá que superar el reto de lograr un mayor crecimiento económico y mejorar el nivel de vida.
El bajo crecimiento potencial del Reino Unido, unas finanzas públicas restringidas y una inflación elevada hacen que no haya soluciones fáciles. Aumentar la inversión y la productividad sigue siendo la solución a largo plazo más creíble, pero esto requiere tiempo y un compromiso político sostenido. Además, es poco probable que sus beneficios se perciban rápidamente.
En última instancia, esto podría requerir cambios en el marco fiscal. Propuestas como excluir el gasto en defensa o la inversión de capital de las normas fiscales tienen cierto mérito, pero también corren el riesgo de ser percibidas como una relajación de la disciplina fiscal.
Cualquier indicio en ese sentido podría hacer subir los rendimientos de los bonos del Estado y ejercer presión sobre el Gobierno para que dé marcha atrás. En consecuencia, quienquiera que sea el próximo ministro de Hacienda tendrá que actuar con mucha cautela para encontrar el equilibrio entre apoyar el crecimiento y mantener la confianza de los mercados.
La libra esterlina también parece vulnerable. Consideramos que la libra ya está expuesta a cualquier cambio en las expectativas del mercado respecto a nuevas subidas del tipo de interés oficial. La débil actividad económica subyacente sugiere que es poco probable que la actual crisis de los precios de la energía se traduzca en efectos de segunda ronda sostenidos y cualquier deterioro de la confianza en el mercado de bonos del Estado no haría más que agravar esas presiones subyacentes.
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