Estudio Global de Inversión

Breve historia de la inversión responsable

Los orígenes de la inversión responsable se remontan al mismo nacimiento de la inversión. En el siglo XVIII, cuáqueros y metodistas, al igual que otras confesiones religiosas, contaban ya con una serie de directrices claras sobre el tipo de empresas en las que sus fieles debían invertir.

En los mercados modernos, la inversión responsable se revistió de una mayor formalidad en la década de los sesenta, más o menos cuando el sector de los fondos de inversión comenzó a generalizarse. Las cuestiones que rodeaban la inversión responsable reflejaban la problemática social de esos tiempos como, por ejemplo, el auge del movimiento por los derechos civiles, y han seguido evolucionando en paralelo a los cambios que han experimentado las demandas de la sociedad.

A medida que el sector de la gestión de fondos fue creciendo, los activistas supieron reconocer la oportunidad que tenían los accionistas de influir en el comportamiento de las empresas. Entre los años setenta y los noventa, la presión que se ejerció sobre los gestores de fondos para que evitaran invertir en empresas con presencia en Sudáfrica se reivindica como uno de los factores que propiciaron el final del apartheid.

A partir de los años ochenta, las cuestiones medioambientales fueron acaparando cada vez más atención tras desastres como los de Bhopal y Exxon Valdez, al tiempo que se empezó a ser consciente de la amenaza del cambio climático.

La crisis financiera global de 2008-2009 nos recordó brutalmente la interdependencia de empresas, economías y mercados financieros. Además, supuso una prueba palmaria de que las presiones de los mercados no siempre reportan resultados óptimos para el bien común.

La crisis financiera casi logró doblegar al mundo, pero ha contribuido a que volvamos a dar importancia al papel que desempeñan los inversores, como propietarios a largo plazo de las empresas, a la hora de garantizar una administración adecuada. 

El aumento de la regulación y la presión que ejerce la generación Millennial, los más afectados por los efectos colaterales de la crisis financiera, han reforzado la implicación de las empresas en la sociedad en la que operan, y las obligaciones que tienen para con todos los grupos de interés.

El gráfico anterior muestra un acusado incremento en los últimos años en la cobertura informativa de la inversión sostenible (línea gris), el crecimiento de los activos objeto de inversión responsable (línea azul) y el número de firmantes de los Principios de Inversión Responsable (PRI) (línea negra), que cuentan con el respaldo de las Naciones Unidas.

En abril de 2015, el PRI englobaba activos por valor de 59 billones de dólares, esto es, un incremento del 29% respecto al año anterior. Schroders fue uno de los primeros firmantes en 2007.

¿Qué significa ser inversor responsable?

Según la persona, significa cosas muy distintas, pero todas ellas se basan en el reconocimiento de los vínculos entre las empresas en las que invertimos y cómo éstas (junto a los grupos de interés) interactúan con el entorno y la sociedad en los que están presentes.

Estos vínculos suponen que los cambios en la sociedad en la que operan afectarán a sus beneficios futuros. Entender cómo evolucionarán tales cambios y qué empresas prosperarán forma parte importante de cualquier decisión de inversión a largo plazo.

Todo esto no pasa por que los inversores deban anteponer necesariamente la ética a decisiones financieras sensatas, pero es, eso sí, una buena práctica de inversión.

Participación activa

Como partícipes, los inversores pueden influir en las empresas para que tomen medidas sobre ciertas cuestiones con el propósito de gestionar el riesgo y contribuir a mejorar los resultados.

Esto puede suponer evitar empresas cuyas actividades consideran censurables o presionar con insistencia a los equipos directivos para que pongan coto a determinadas actividades.

Se trata de identificar aquellas empresas que están posicionadas para el crecimiento sostenible a largo plazo con vistas a impulsar las rentabilidades para inversores y otros grupos de interés.

Definición de sostenibilidad

Para mayor confusión, términos como responsable, sostenible, impacto e inversión ESG se usan con frecuencia de manera intercambiable.

Por una parte, las “cribas” éticas descartan aquellas empresas que se dedican a actividades controvertidas.

En el otro extremo del espectro, los criterios ESG consisten en analizar los ámbitos clave de la toma de decisiones de una empresa —medio ambiente, social y de gobierno— y promover las buenas prácticas.

En lo referido a cuestiones medioambientales, esto puede consistir en estudiar la “huella de carbono” histórica de una empresa (nivel de emisiones de sus operaciones) y sus políticas en materia de contaminación o conservación; en el plano social, puede conllevar evaluar las actividades benéficas de una empresa o las condiciones de salud y seguridad de sus trabajadores. Finalmente, en el ámbito del gobierno corporativo, requiere garantizar que la administración de una empresa se rige por normas y procesos estrictos.

Aquellas empresas que cuentan con una sólida gestión —que obtienen buenas puntuaciones en todos estos indicadores— deberían presentar una ventaja competitiva sostenible y son una mejor inversión a largo plazo.

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