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Cuán sostenibles son las empresas de "fast fashion"?


La expresión "moda rápida" ("fast fashion" en inglés) se utiliza de forma imprecisa tanto por los consumidores como por los inversores. Para algunos significa ropa que se usa una o dos veces y luego se desecha. Para otros significa marcas que responden rápidamente a las últimas tendencias y ponen las prendas acertadas en las tiendas antes de que la moda cambie. Según el punto de vista, esto puede ser positivo o negativo para los consumidores o fashionistas, los trabajadores de las cadenas de suministro y el planeta.

La sostenibilidad es cada vez más un factor de elección de marcas por parte de los consumidores y de valores por parte de los inversores, por lo que es importante que desarrollemos un marco coherente y sólido para valorar esta industria.

Al igual que ocurre con otros sectores, e incluso subsectores, el inversor tiene que enfrentarse a un sinfín de matices. Para cada acción que los inversores deciden comprar, mantener o vender, tienen que sentirse cómodos con su razonamiento. Esto requiere un análisis profundo.

A juzgar por el desplome de la cotización de Boohoo tras la aparición de un escándalo de derechos laborales en 2020, el tiempo dedicado a debatir estas cuestiones está más que justificado. De hecho, se podría decir que estos debates no se realizan con suficiente frecuencia. Pero tratar de evaluar el verdadero impacto de una empresa de moda en el medio ambiente y la sociedad no es sencillo. Como inversores, nos enfrentamos a diferentes niveles y calidad de datos e información.

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Las rentabilidades pasadas no son una guía de las rentabilidades futuras y pueden no repetirse

Cómo evaluamos qué empresas de moda son más sostenibles

Para hacer frente a estos retos, hemos creado un marco que nos ayuda a evaluar el grado de sostenibilidad de las empresas del sector de la moda.

Hemos elegido una selección de parámetros medioambientales y de proveedores en los que centrarnos. En el caso del medio ambiente, se incluyen las emisiones, el agua y los productos químicos peligrosos, así como el uso de materiales sostenibles. También hemos valorado los esfuerzos de las empresas por crear un ecosistema de moda circular, ya sea mediante el reciclaje o el fomento de la reutilización.

En cuanto a los proveedores y los derechos humanos, se trata de las normas que las marcas imponen a sus proveedores, el grado de transparencia y auditoría de la cadena de suministro, y las medidas de denuncia y compensación que se aplican cuando las cosas van mal.

En cuanto al factor "desechabilidad", reconocemos que nunca sabremos con exactitud cuántas veces utilizan los consumidores los distintos productos. Se trata de un área en la que organizaciones no gubernamentales (ONGs), como la Fundación Ellen MacArthur, están desarrollando métricas y pruebas, pero es un área de investigación incipiente.

Sin embargo, sabemos que algunos productos se usan más veces que otros y hemos hecho todo lo posible para encontrar un indicador al respecto, utilizando una serie de métricas objetivas y subjetivas.  No decimos que nuestra medida sea definitiva y se revisará con el tiempo, conforme surjan nuevas referencias, pero creemos que hemos formulado una aproximación relevante para nuestra valoración, como describimos a continuación.

Tomemos el ejemplo hipotético de una camiseta que tiene -100 unidades de impacto negativo en el medio ambiente. Si esa camiseta se usa dos veces, el impacto negativo es de -50 unidades por uso; si se usa 20 veces, el impacto se reduce a -5 unidades por uso. La diferencia es enorme.

Aunque existen numerosos informes creíbles sobre el impacto social y medioambiental de la industria de la moda, hemos añadido este concepto crítico de "desechabilidad" para reflejar el modo en que se utilizan los productos. 

En el aspecto objetivo, hemos tenido en cuenta el precio medio de la gama de cada marca: los precios más altos sugieren que el artículo tendrá que usarse más veces. En el lado subjetivo, tomamos los datos de una encuesta sobre la percepción de los consumidores de la calidad y la moda de los productos: aquellos de mayor calidad tienden a usarse más a menudo y los que están más de moda pueden quedarse obsoletos más rápidamente y, por tanto, usarse menos veces.

Por supuesto, ninguna de estas medidas es perfecta en este momento y debemos esperar que evolucionen con el tiempo. Sin embargo, si no se desarrolla algún tipo de indicador, el cuadro de mando no reflejaría uno de los principales factores de diferenciación entre las empresas, ya que otros objetivos se han estandarizado (por ejemplo, las reducciones de CO2).

¿Qué nos hemos encontrado?

De las empresas que puntuamos, Adidas fue la líder y Primark/ABF quedó en último lugar. La siguiente tabla clasifica la puntuación de las empresas en función de las métricas sociales y medioambientales elegidas y ajustadas a nuestra medida de “desechabilidad”. La puntuación bruta es la puntuación sin el ajuste de “desechabilidad”.

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El objetivo de esta muestra es ofrecer una primera visión de algunos de los mayores nombres de la industria de la moda y artículos deportivos que cotizan en bolsa por capitalización bursátil, creando una instantánea relevante de las empresas más conocidas, tanto por los inversores como por los consumidores. Debido a su tamaño, estas compañías también proporcionan los datos más completos (a través de sus propios informes y análisis de terceros) para facilitar un marco de evaluación eficaz. Seguiremos ampliando la lista con el tiempo.

En su mayor parte, las empresas obtuvieron una puntuación bastante ajustada a la hora de evaluar el impacto social, lo que quizá no resulte sorprendente si se tiene en cuenta la presión ejercida por los inversores sobre las grandes compañías para que mejoren la información y los resultados en este ámbito. Como resultado, ha surgido un cierto nivel de estandarización. 

Un hallazgo interesante es que hemos observado un cambio en la puntuación de Primark cuando se ajusta la “desechabilidad”.  Primark ha dado pasos significativos para mejorar los estándares de la cadena de suministro desde la crisis del Rana Plaza en 2013 (incidente en el que se derrumbó un edificio que contenía cinco fábricas de ropa en Bangladesh, incluida una que fabricaba ropa para Primark). Más de 1.100 personas murieron y más de 2.500 resultaron heridas, entre ellas mujeres y niños. 

Las medidas de mejora aplicadas por Primark se traducen en una fuerte puntuación social según nuestro modelo. Esto sirve para contrarrestar en cierta medida los malos resultados medioambientales de la empresa, que ocupa el último lugar del ranking.  

Habiendo desarrollado una puntuación de “desechabilidad” separada, la utilizamos como multiplicador para aumentar la importancia de lo que consideramos que es una cuestión fundamental pero que a menudo se pasa por alto en los informes de las empresas, con puntuaciones que llevan a un rango de 0,85x-1,15x la puntuación bruta. 

Utilizando nuestro multiplicador para tener en cuenta el alto grado de “desechabilidad” asociado a Primark, nos queda una puntuación ajustada peor que la puntuación bruta. Esto avisa a un inversor de que este nombre requiere un seguimiento a pesar de un rendimiento actual bruto potencialmente mejor de lo esperado. 

Este impacto también se nota con un nombre como H&M. La marca es considerada por muchos como un líder ASG debido a sus prácticas medioambientales favorables, pero teniendo en cuenta las percepciones y el comportamiento de los consumidores respecto a la “desechabilidad”, H&M cae del segundo al quinto puesto en nuestra clasificación.  Por supuesto, esta puede servir para señalar las oportunidades tanto como los riesgos de sostenibilidad. 

Adidas ocupa el primer lugar en cuanto a la puntuación bruta, pero creemos que el impulso adicional que aporta el multiplicador de “desechabilidad” es una fiel muestra del enfoque de la empresa hacia la auténtica sostenibilidad. Se ha comprometido a producir ropa de alta calidad y larga duración, y tiene la intención de seguir desarrollando nuevos productos con materiales innovadores, como el cuero elaborado a partir de hongos. 

Por sí sola, esta puntuación no puede darnos plena confianza en la solidez de la estrategia de producto de Adidas. Pero lo que sí creemos que respalda las afirmaciones de sostenibilidad de la empresa.  

La industria de la moda, y la "moda rápida" en particular, tiene un impacto significativo en el medio ambiente y la sociedad. Por eso hemos desarrollado una forma objetiva de evaluar el grado de sostenibilidad de las prácticas de las empresas. Nuestra propia investigación es una parte importante de nuestro proceso de toma de decisiones. Si creemos que las empresas no cumplen nuestras expectativas, nos comprometemos con ellas para fomentar el cambio. 

El punto de vista de la Generación Z sobre la moda rápida de Emmie (la hija de 13 años de Charles Somers, gestor de fondos de Schroders):

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"Como consumidora, intento tomar decisiones conscientes cuando se trata de ropa, pero la realidad es que yo sola no puedo tomar esas decisiones. Como individuo, mis acciones significan poco o nada. Me resulta imposible seguir la pista a todos los materiales que encuentro, y mirar su huella de carbono y la cadena de suministro de la empresa de la que proceden. Lo que realmente necesitamos son líderes de la industria que sean capaces de guiarnos hacia un futuro más sostenible. Tienen que dejar de ignorar los gritos de los consumidores conscientes y de los activistas del cambio climático. No se trata sólo de limitar las emisiones en la fabricación textil y de abastecerse de materiales de forma sostenible, sino también de reducir el daño que la moda produce en toda la cadena de suministro. La industria tiene que asumir la responsabilidad de influir en los clientes y provocar un cambio de mentalidad que repercuta en una conciencia global".