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Opinión de experto  - Informes de mercado

Perspectivas económicas para 2019: la economía global

Prevemos una ralentización del crecimiento global en 2019, una depreciación del dólar y que los tipos de interés estadounidenses alcancen su punto álgido a mediados de año.

05/12/2018

Keith Wade

Keith Wade

Economista Jefe

  • Prevemos un contexto más estanflacionista en 2019, con una ralentización del crecimiento global y un aumento de la inflación.
  • En nuestra opinión, los tipos de interés en EE. UU. alcanzarán su nivel máximo en el 3% a mediados de 2019, pero otros bancos centrales seguirán endureciendo su política monetaria.
  • Parece que el dólar estadounidense se depreciará, lo que podría beneficiar a los activos emergentes.

La economía mundial sigue expandiéndose, pero existen indicios de que el crecimiento ha alcanzado su punto álgido, en vista de la ralentización de las economías estadounidense, europea y asiática. Creemos que las tensiones comerciales entre EE. UU. y China se mantendrán hasta bien adentrado el próximo año, y el incremento de los aranceles creará un entorno más estanflacionista caracterizado por un menor crecimiento y una mayor inflación.

 Ralentización del crecimiento del PIB global

De acuerdo con nuestras previsiones, el crecimiento económico global se ralentizará y se situará en un 2,9% en 2019, frente al 3,3% estimado de 2018. Esta previsión se sitúa por debajo de la del consenso (3,1%) y refleja en gran medida el tono más pesimista de nuestras perspectivas para EE. UU. En nuestra opinión, el crecimiento del PIB estadounidense se situará en el 2,4% en 2019, a medida que decaiga el impulso de los recortes fiscales, aumenten los tipos de interés y se hagan patentes los efectos de una guerra comercial prolongada con China. Si bien el reciente anuncio de una tregua de 90 días es bienvenido, seguimos siendo escépticos sobre las posibilidades de que ambas potencias alcancen un acuerdo a largo plazo en cuestiones como los derechos de propiedad intelectual. Creemos que el crecimiento global seguirá ralentizándose y se situará en un 2,5% en 2020.

Prevemos que el crecimiento de la zona euro se ralentizará aún más durante la primera mitad de 2019 debido a los efectos de la guerra comercial entre EE. UU. y China. Según nuestras estimaciones, el crecimiento del PIB se ralentizará desde un 1,9% en 2018 a un 1,6% en 2019. Suponiendo que el Brexit se desarrolle sin contratiempos, el Reino Unido debería experimentar una mejora de su crecimiento en 2019, por lo que pronosticamos un crecimiento del PIB del 1,4%.

En el caso de Japón, anticipamos un crecimiento del PIB del 1% el próximo año, sin grandes cambios respecto a 2018. Todo apunta a que el comienzo del año será positivo, gracias a la inversión en tareas de reconstrucción a raíz de los daños provocados por los terremotos, inundaciones y tifones de 2018. Sin embargo, el IVA aumentará al 10%—desde el 8% actual— en octubre, y las anteriores subidas del IVA han tenido una gran repercusión en la actividad económica.

El panorama de los mercados emergentes resulta dispar: China y las principales economías asiáticas se encuentran presionadas por las tensiones comerciales y la menor demanda en el sector tecnológico. Prevemos que el crecimiento de China se ralentizará hasta el 6,2% en 2019, frente al 6,6% de 2018. Latinoamérica podría constituir una región destacada dentro de los mercados emergentes, dado que parece que la economía de Brasil ganará solidez ahora que las elecciones han quedado atrás.

Los mercados emergentes impulsan la inflación al alza

A pesar de la ralentización del crecimiento económico y de la caída de los precios del petróleo, hemos aumentado nuestras previsiones de inflación global hasta el 2,9% para 2019. Esto se debe a la mayor inflación registrada por los mercados emergentes, donde la debilidad de las divisas está impulsando al alza los precios de las importaciones.

En cambio, en las economías desarrolladas, hemos rebajado nuestras previsiones de inflación como resultado de las revisiones a la baja para Japón y el Reino Unido. En el caso de Japón, la rebaja de las previsiones se debe, entre otros motivos, a factores especiales, como la reducción del 20% de las tarifas de teléfonos móviles. En cuanto al Reino Unido, prevemos que la inflación se reducirá y pasará del 2,5% de 2018 al 1,8% en 2019. Esto responde a la caída de los precios del petróleo y a las expectativas de que la libra se aprecie frente a la mayoría de las divisas en caso de que se produzca un Brexit ordenado.

En EE. UU., prevemos que la inflación seguirá siendo elevada en 2019 y se situará en un 2,7%. Nuestros pronósticos reflejan la reducción de la capacidad típica de esta fase tardía del ciclo económico y el incremento de los aranceles sobre las importaciones con motivo de la persistencia de la guerra comercial.

Los tipos estadounidenses alcanzarán su punto álgido a mediados de 2019

En nuestra opinión, la Reserva Federal estadounidense (Fed) llevará a cabo tres subidas de tipos de interés adicionales, lo que llevará a los tipos de los fondos federales a un nivel máximo del 3% en junio de 2019. Asumimos que la Fed se atendrá a los datos de inflación superiores al objetivo en 2019 e interrumpirá las subidas para tener en cuenta los efectos de la reducción del crecimiento sobre los futuros aumentos de precios. Prevemos que, posteriormente, se producirán recortes de tipos en 2020, a medida que la economía estadounidense siga ralentizándose.

Creemos que el Banco de Inglaterra llevará a cabo dos subidas de tipos el próximo año, aunque ello depende de que el Reino Unido logre una salida ordenada de la UE con un periodo de transición para la economía.

Entretanto, se espera que el Banco Central Europeo (BCE) ponga fin a su programa de compra de activos en enero de 2019 y suba los tipos de interés en septiembre. Esta sería la primera subida durante el mandato del presidente del BCE, Mario Draghi, y también la última, dado que dejará su puesto en octubre. A pesar de que se espera que el crecimiento de la zona euro sea menor el año que viene, seguirá situándose por encima de la tendencia y será suficiente a ojos de un banco central que se muestra dispuesto a empezar a subir los tipos de interés desde unos niveles extremadamente reducidos.

La depreciación del dólar podría resultar positiva para los mercados emergentes

Prevemos que la combinación del punto álgido de los tipos estadounidenses con el inicio de un endurecimiento de las políticas monetarias en el resto de regiones se traducirá en una depreciación del dólar en 2019. Aunque la diferencia entre los tipos de interés estadounidenses y los del resto del mundo seguirá resultando positiva para EE. UU., los mercados de divisas seguramente hayan descontado ya este hecho. Creemos que los mercados de divisas se centrarán de forma creciente en los cada vez más abultados presupuestos y déficits por cuenta corriente de EE. UU., que lastrarán aún más la divisa. La balanza por cuenta corriente de un país hace referencia a sus transacciones con el resto del mundo, incluido el comercio neto.

Para los mercados emergentes, un dólar más débil podría resultar positivo para sus perspectivas. Aunque un recrudecimiento de las guerras comerciales y la perspectiva de un crecimiento global más lento no resultan alentadores, la depreciación del dólar ayudaría a aliviar la presión sobre la región. En 2018, el aumento de los tipos de interés estadounidenses y la apreciación del dólar conllevaron dificultades para los prestatarios en dólares fuera de EE. UU., presionaron a las divisas emergentes y obligaron a los bancos centrales locales a endurecer su política monetaria. La apreciación del dólar también lastró los precios de las materias primas y perjudicó al comercio mundial. En 2019, consideramos que existe margen para que algunos de estos factores se reviertan, flexibilizando así las condiciones financieras e impulsando los activos emergentes.

Para la zona euro, este escenario resulta menos favorable, dado que un euro más fuerte endurecerá las condiciones financieras, al tiempo que la ralentización en EE. UU. lastrará el crecimiento global. Ambos factores provocan que al BCE le resulte difícil seguir subiendo los tipos de interés. Existe una gran probabilidad de que el BCE haya dejado para demasiado tarde la normalización de los tipos de interés y considere que ha perdido una oportunidad al no haberlo hecho el año pasado. La región podría verse atrapada en un entorno de tipos bajos y escasa munición monetaria para hacer frente a la próxima recesión.

 

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