Opinión de experto 

Cinco gráficos clave para invertir en 2021


La pandemia de Covid-19 fue el tema de inversión dominante del año pasado y, durante un breve periodo entre Marzo y Abril, afectó gravemente las carteras.

Los resultados pasados no son una garantía de resultados futuros y pueden no repetirse.

Los mercados de activos de mayor riesgo, como las acciones y los bonos corporativos, cayeron sustancialmente en Semana Santa, pero la ayuda llegó en forma de estímulo a la política fiscal y monetaria.

Las tasas de interés se redujeron hasta alcanzar mínimos históricos o hasta igualar los niveles más bajos del pasado. Los bancos centrales también reiniciaron una agresiva flexibilización cuantitativa. Esto implicó la compra de grandes cantidades de bonos y otros valores, con el objetivo de aumentar la liquidez y la estabilidad en el sistema financiero y fomentar los préstamos.

Al mismo tiempo, los gobiernos decidieron incurrir enormes déficits, como no se habían visto desde la Segunda Guerra Mundial.

Estas medidas han contribuido a la mejora de los activos de riesgo y los mercados de renta variable y de bonos corporativos han terminado el año en positivo. Los tenedores de bonos del Estado y el oro también obtuvieron buenos resultados gracias a la liquidez adicional proporcionada por las medidas de estímulo.

Los resultados pasados no son una garantía de resultados futuros y pueden no repetirse.

Aunque la renta variable mundial terminó el año 2020 con una rentabilidad total positiva, hubo enormes diferencias entre los resultados de las distintas regiones y sectores.

Evidentemente, algunos sectores, como la tecnología, proveedores de servicios informáticos y comunicaciones, se beneficiaron de los cierres relacionados con la pandemia, lo que contribuyó a elevar el índice Nasdaq, de gran peso tecnológico, a máximos históricos.

Los productores de commodities tuvieron dificultades debido al desplome de la demanda, mientras que los bancos también se quedaron rezagados, ya que la política monetaria laxa bajó las tasas de interés y afectó la rentabilidad de los bancos. Estos factores contribuyeron al bajo rendimiento del FTSE All Share británico y del IBEX35 español, aunque el primero también se vio afectado por la incertidumbre del Brexit.

Las restricciones relacionadas con la pandemia han durado más de lo previsto, pero deberían levantarse en los próximos meses a medida que el número de casos disminuya y se distribuyan las nuevas vacunas aprobadas. Como resultado, los inversores podrían ver una mayor recuperación en aquellos mercados que tuvieron un rendimiento inferior el año pasado.

2020 fue otro año extraño en el que tanto la renta variable como la deuda pública generaron rendimientos positivos. Esto sólo ha sucedido en unas pocas ocasiones y, normalmente, cuando se inyectan enormes cantidades de liquidez en los mercados financieros, como fue el caso en respuesta a la pandemia del Covid-19.

Sin embargo, los rendimientos de la deuda pública de referencia a 10 años se encuentran en mínimos históricos o cerca de ellos. Dado que los precios de los bonos suben a medida que los rendimientos caen, estos niveles significan que será difícil lograr más ganancias en los precios.

Aquí, en el equipo de economía de Schroders, nuestra previsión es que las tasas de interés de los bancos centrales en los principales mercados se mantengan en 2021 y, para la mayoría, también en 2022. También se espera que la flexibilización cuantitativa dure la mayor parte de este año. Esto debería aliviar la presión para que los rendimientos de los bonos suban y hasta cierto punto proteger a los tenedores.

Es posible que los inversores opten por reducir sus tenencias de bonos en el próximo año, a menos que los mantengan para "cubrir" su exposición a activos de mayor riesgo.

Una cobertura es una posición con la que cuenta un inversor con el objetivo de compensar los riesgos mantenidos en otra parte de la cartera.

 

Con los rendimientos de la deuda pública tan bajos, los inversores han estado utilizando coberturas alternativas, como el dólar estadounidense y el yen japonés, con gran efecto.

Lo vimos en marzo de 2020, cuando el valor de estas dos divisas, percibidas como refugios seguros, subió bruscamente, para luego descender lentamente en el transcurso del año.

Nuestra previsión de base es la de una fuerte recuperación económica en la mayor parte del mundo, por lo que también esperamos que las divisas refugio tengan un rendimiento inferior. No obstante, en caso de que se produzca otra crisis, el dólar y el yen volverían a ser los favoritos.

El rendimiento pasado no es una garantía de rendimiento futuro y puede que no se repita.

 

Uno de los grandes temas de conversación en los mercados es el repentino resurgimiento del Bitcoin y la percepción de que es un activo viable.

Muchos defensores del Bitcoin apuntan a la enorme liquidez desatada por los bancos centrales para ayudar a la economía y advierten que acabará provocando inflación. Por su diseño, la criptomoneda tiene una oferta limitada, por lo que sus defensores la promueven como un activo real que debería prosperar si la inflación aumenta.

En realidad, es difícil precisar exactamente por qué o cuándo las criptomonedas ganan y pierden popularidad. El bitcoin se vendió junto a la mayoría de los activos de riesgo en marzo de 2020 y, en un principio, no reaccionó mucho a los anuncios de los bancos centrales de aumentar la flexibilización cuantitativa.

El repunte repentino no comenzó hasta octubre y el precio subió un 282% entre el 1 de octubre y el 8 de enero. Desde su máximo, ha perdido más del 25% de su valor sin una razón obvia, lo que pone de manifiesto tanto su alto riesgo como su comportamiento errático.

Muchos inversores, incluidas algunas grandes instituciones, están considerando incorporar Bitcoin a sus carteras. Vale la pena preguntarse por qué utilizar una criptomoneda que no tiene presencia física, en lugar de un activo real como las materias primas físicas, o la propiedad. La respuesta para muchos será su rendimiento pasado basado en la especulación.

 

*Esta información no es una oferta, solicitud o recomendación para adoptar ninguna estrategia de inversión. El valor de las inversiones y los ingresos derivados de ellas pueden disminuir o aumentar, y los inversores pueden no recuperar las cantidades originalmente invertidas.